Opinión / Iritzia

Nuestras 45 rosas y mas

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La historia la escriben los vencedores, y normalmente los hombres, que son quienes hacen las guerras. Y por eso, incluso entre quienes hemos andado enredando con esto de la memoria histórica, nos ha costado tanto visibilizar el papel de las mujeres en el trabajo en pro del recuerdo.

La cantautora sevillana Lucía Socam nos recuerda, en sus últimos conciertos, la trastienda de una de las imágenes icónicas de la transición; la bajada por las escaleras del avión del genial poeta Rafael Alberti. Ahí, en ese preciso instante, en esa atmósfera de liberación, y dentro de ese mismo avión, sentadica, sola y enferma también estaba María Teresa de León…, pero nadie nos lo ha contado.

Habitualmente hemos tratado a las mujeres republicanas como hermanas de, hijas de o viudas de. Nos ha costado mucho rescatar de ese olvido, oficial y masculino, a las mujeres pioneras que construyeron república, resistieron ante la barbarie franquista o, en silencio, ayudaron a reconstruir el antifranquismo más arriesgado.

Es evidente la desigualdad, cerca de 3.400 hombres fueron asesinados en Navarra por 45 mujeres. Pero la aportación de éstas, cualitativamente, fue enorme, y el abanico de medidas represivas que sufrieron también.

Les hemos puesto nombres y afiliación política a la mayoría de las personas asesinadas, les hemos puesto nombre a los asesinos, hemos reconocido lugares, se ha contabilizado (o se está en ello) el robo de tierras y enseres, se ha aclarado la represión hacia los partidos de izquierdas, y se ha hablado del robo de medios de comunicación, sabemos más o menos la dimensión de las redes de evasión que existieron en aquella época, cuantificamos y describimos las pocas acciones que protagonizaron los maquis en tierras navarras…, pero sabemos muy poco sobre las violaciones. Sobre esto último sigue habiendo un tabú especial, porque, desgraciadamente, avergüenza, principalmente a las víctimas sobre todo en los pueblos.

Y sabemos muy poco también de los bebés robados, otra forma de represión de género. Robos basados en la imposición de un único modelo de ser mujer y una única forma de ser madre, la que entraba en el modelo de familia tradicional que imponía aquel franquismo moralista.

En todas las guerras, en todas las épocas, las mujeres han sido doblemente víctimas. Primero por su condición política, o por la elección de bando, y en segundo lugar por el hecho de ser mujer, porque las agresiones sexuales han sido un instrumento de guerra. En Pamplona, por ejemplo, el asesinato, el paseo y las humillaciones a las que sometieron a Camino Oscoz, maestra republicana, un 31 de julio de 1936, se utilizó como acto ejemplarizante. Quisieron enseñar un trofeo y un escarmiento; las mujeres, por serlo, no se iban a salvar de la represión.

Pero además de la represión directa, como los asesinatos, las violaciones y el paseo con el aceite de ricino, el franquismo utilizó la represión económica para hacer más daño. El franquismo fue, en esto del matar, muy creativo. Así, llegó a multar a gente a la que previamente había asesinado. Obvio quién pagaba esas multas impuestas a los hombres que yacían bajo paladas de crueldad.

Así le pasó a la viuda del alcalde de Azagra, Serafina, que tuvo que pagar una multa de 100 pesetas cuatro años después de asesinarlo. También Nieves Garralda tuvo que pagar una multa de 2.000 pesetas después de que asesinaran a su compañero Cesáreo Seminario, republicano de Bera. Veremunda Olasagarre, que se había casado con Juan Arrastia, socialista, sufrió el asesinato de su marido y de propina le embargaron los muebles, una cartilla de la caja y además tuvo que pagar a plazos la multa de 200 pesetas.

Bien, así las cosas ser republicana en aquella época suponía andar sobre un terreno vidrioso lleno de humillaciones. Ya nos lo recuerda Julio Sesma de Sartaguda, uno de los imprescindibles, “la pensión que les quedó a las viudas fue la represión”.

La madre de Maravillas Lamberto anduvo mendigando con sus hijas por las calles de Pamplona, los días con mala suerte tenían que dormir a media noche en las escaleras de algún portal entreabierto. Irene Tercero, de los Dorronsoro, sufría los insultos de algunos curas del burgo de la Navarrería, a la vez que pagaba el alquiler de su casa a los asesinos que se habían quedado con la Casa del Pueblo de la UGT.

Patrocinio Lasa, de la churrería de la calle Eslava de Pamplona, pierde a su marido (el concejal José Roa) y a un hijo, mientras que ella es encarcelada por participar, supuestamente, en las redes de evasión. María Josefa Azpeitia Lasa, de la misma familia, fue una de las mujeres convocadas en la Casa del Pueblo de Pamplona para preparar las elecciones del 33 y ella sí organizó la evasión de unos cuantos republicanos.

Rosaura López, inspectora de Educación; Julia Álvarez, delegada del gobierno (de la que Fermín Pérez Nievas escribió una completa biografía) y la propia Camino Oscoz, organizadora del Socorro Rojo Internacional en nuestra Pamplona, fueron mujeres con coraje que lideraron el cambio de mentalidad de aquella época.

Y hubo una épica menos vistosa, pero práctica también. Las docenas de mujeres que escondieron a los republicanos, las que en la zona caliente de la calle Jarauta y Descalzos lanzaban sobre el silencio de las hayas a los que se fugaban de la represión, utilizando las redes de evasión, quienes en Toulousse organizaron la lucha contra los alemanes y quienes hacían de carteras para pasar información de un lado a otro.

Ese mar de luto, que pudo constreñir, hizo que en la Ribera muchas de estas mujeres apretaran el puño al paso de los asesinos y sacaran el carácter fuerte para mirar al frente y a los ojos a aquellos franquistas que ya en los 60 no chuleaban de sus gestas.

Viudas, rapadas, de negro, con el moño en lo alto, en el exilio o en nuestros pueblos, líderes y mujeres sencillas, maestras y compañeras, mujeres dignas que se revelaron ante una dictadura que las quiso calladas y petrificadas. Casi todas ellas pelearon por la partida de defunción de su marido, otras desde el exilio siguieron hablando de las cosas de mujeres que habían ultrajado los franquistas, y Camino Oscoz nos sigue hablando desde su cuneta perdida.

Estas son nuestras 45 rosas y más, porque la valentía de las que se quedaron sin nada supone un acto de justicia, porque quedarse a solas cuando todo el mundo gritaba en el mismo sentido es un acto revolucionario… que la historia masculinizada no las vuelva a engullir.

Joseba Eceolaza


 

El “Zazpiak Bat” no es Nabarra

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Pernan Lukin Ustaritz. El duro trabajo que supone la tarea de descolonización que afortunadamente, se está viendo acelerado gracias a contemplar, como la idea de Nabarra, vuelve a reconquistar los pensamientos de muchos baskones. Cuando hablamos del termino Nabarra, reforzamos ineludiblemente las ideas históricas y a la vez políticas, puesto que los restos hallados en las ruinas de nuestros castillos, nos descubren las relaciones sociales que a la vez nos cuentan, las relaciones políticas que tenía los nabarros cuando fueron libres.

La palabra Nabarra, recupera el eslabón perdido y ocultado de la historia del pueblo más antiguo de Europa y explica perfectamente nuestra trayectoria posterior a la conquista, de pueblo irreductible. Esa es la razón del sentimiento independentista. Este sentimiento no nace con Sabino Arana y aquí comienza el error del nacionalismo vasco y el movimiento abertzale que se mantiene en nuestros días.

Dibujar el mapa del Reino de Navarra circunscribiéndolo al Zazpiak Bat, es un error brutal de perspectiva histórica y esta teoría tristemente, la mantienen los libros de texto en nuestros centros educativos, la mantiene la izquierda abertzale y también y sirva esta critica para solucionarlo, muchos que en sus conferencias hablan de Nabarra.

Hablar de Nabarra y solo reducir lo que fue el Reino, es decir el estado baskon, a solo siete provincias, es un error imperdonable y que mucho mal esta haciendo, a la memoria histórica que pretendemos recuperar y rehabilitar.

Olvidarse de que la Rioja fue siempre territorio baskon y eje del Reino cuando su capital fue Nàjera (Naiara), olvidarse de Aragón (Haragoi) tierra llena de topónimos eùskaros, olvidarse de Pau, la última capital que tuvimos los nabarros y donde se mantuvieron nuestras leyes y nuestras cortes, demuestra el flaco favor que le estamos haciendo a nuestra historia.

La bandera de Nabarra, gracias a nuestro investigadores esta claramente bien definida, también tenemos perfectamente atado nuestro himno, y es urgente e imprescindible, si queremos recuperar nuestro estado de Nabarra, fijar claramente nuestra territorialidad y levantar las voces cuando un español nos niegue nuestro derecho como pueblo y también hay que empezar a recordarle a nuestros hermanos, que Nabarra no son Araba, Bizkaia, Guipúzcoa, Nafarroa, Behenafarroa, Lapudi y Zuberoa. Este concepto es puramente Aranista y es a todas luces falso puesto que faltan, Errioxa, Bureba, Aragoi, Foix, y Gaskuina. Esto si es Nabarra.

El concepto Nabarra une a todos los nabarros por su historia y por el derecho irrenunciable y legítimo que tenemos a recuperar nuestro estado. El termino Euskadi o Euskal Herria, deja fuera de facto, a nuestros hermanos nabarros de Rioja, Bureba etc. El concepto Nabarra, saca las vergüenzas a esos españoles disfrazados de nabarros, que en sus discursos de partido y para obtener beneficio personal, juegan con los sacrosantos derechos históricos y forales que dicen defender, pero que pisotean a diario sin escrúpulos. Han basado su ideario político en la mentira de llamarse nabarros y lo peor es que han jugado con los sentimientos de ciudadanos, que verdaderamente se sienten nabarros pero que han caído en su trampa.
Nuestro nabarrismo, desmonta todas estas mentiras y les coloca en la historia como lo que son, colaboracionistas y traidores hacia la patria Nabarra, a cambio de prebendas y beneficios económicos en la corte española y francesa.

Es por ello necesario en la Comunidad ” Foral ” de Navarra, extender el discurso de la recuperación de Nabarra como estado, para hacer llegar a los corazones de esos nabarros engañados, el verdadero sentir de lo que son nuestras viejas leyes. En ese momento, dispondremos de las mayoria necesarias que nos acercaría al objetivo soberano de recuperar nuestra libertad.

La frase ” Nafarroa Euskadi da ” y La Ikurriña (tristemente defenestrada y utilizada por el poder español) han cambiado de significado. Estos dos conceptos no describen nada más que a la bandera de una comunidad autónoma española y a un deseo de libertad e integración que tuvimos los vascos y que por culpa de los colaboracionistas vascos y los navarros españoles ha sido desfenestrado.

El Zazpiak Bat como territorialidad, no representa ni se acerca a los sentimientos de tod@s los navarr@s. Euskal Herria no es una palabra que haya unido o una a los baskones y se ha demostrado en los resultados obtenidos bajo este ideario durante estos últimos 35 años. El tiempo ha vaciado de contenido este concepto. En solitario y como anhelo de creación de un estado ya nace huerfano , puesto que olvida y arrincona como hizo Arana el verdadero estado que sí tuvimos los vascos y que perdimos por las conquistas extrajeras.

Si los proyectos de crear el Estado de Euskal Herria ( la tierra del euskara ) opta por aplicar el significado estricto del vocablo, solo estaría conformada por un territorio inferior a la extensión del Zazpiak Bat y al territorio de la Nabarra Plena. Por lo tanto no es históricamente ni políticamente apropiado para aspirar a conseguir la independencia.

Las mayorias que aglutinaría el concepto Nabarra, si nos podrían dar la fuerza necesaria, para recuperar nuestra soberanía. En la pasada Fiesta de la Vendimia celebrada en La Guardia de Navarra, cuando se efectuó la izada de la bandera de Nabarra, escuchamos a varias personas definiéndose como nabarros, eran de Miranda de Ebro, Logroño, Izarra, Gasteiz, Riojanos etc. eso demuestra que el sentimiento de Nabarra sigue vivo en los corazones de estos patriotas. Lo mismo que en Nabarra, en la Comunidad Autónoma de La Rioja y en la provincia de Alava, el discurso de Nabarra Estado tambien daría las mayorias necesarias para conseguir nuestra independencia.

Por lo tanto, es un error estratégico reiterado, pretender construir el Estado de Euskal Herria siendo un concepto cultural, cuando el concepto verdaderamente politico asumible por la mayoria del pueblo y que movilizaría la fuerzas necesarias es, Nabarra.

Comencemos por reconocer la historia para conocernos mejor y poder exigir con toda la documentación posible, la reinstauración del Estado de Nabarra, la Nabarra Plena y total.

Los conquistadores ya desmembraron nuestro estado en mil pedazos, no seamos tan ignorantes e incautos, renunciado precisamente nosotros mismos, a la reinstauración plena de nuestro estado en todos nuestros Territorios Históricos, desde Atapuerca hasta Foiz y desde Burdeos hasta el Moncayo. Un estado moderno basado en nuestro Derecho Pirenaico Nabarro conformado por 7,5 millones de habitantes.

Nuestro pueblo en libertad y nuestra democracia en libertad, conformarán nuestro recuperado estado. No más imaginarias fronteras diseñadas por unos y por otros.

Cuando seamos libres el pueblo decidirá que nombre tendra nuestro estado, Baskonia, Nabarra, Euskal Herria, Nueva Fenicia, Sonsierra o el que sea. Mientras tanto hay que situarse en el punto de partida 1054 Atapuerca comienzo de la conquistas y en el punto final de 1620 última conquista del Reino, como referentes para poder reclamar a nivel internacional, que nos devuelvan lo que nos robaron, todos los territorios que pertenecieron al Reino o Estado de Navarra”.