Opinión / Iritzia

130 años de la Gamazada

Xabier Irujo

Hoy domingo se conmemora en Castejón el 130 aniversario de la llegada de los diputados navarros en tren desde Madrid en lo que se dio a conocer como la Gamazada

El 10 de mayo de 1893, Germán Gamazo, ministro de Hacienda del gabinete de notables de Mateo Sagasta, presentó un proyecto de ley de presupuesto. Según el artículo 17 de dicha ley, el gobierno haría “aplicar a la provincia de Navarra los tributos, rentas e impuestos que actualmente se aplican… en las demás provincias”.
El 16 de mayo la Diputación de Navarra convocó a reunión extraordinaria y los diputados acordaron por unanimidad redactar un documento por el que solicitaron a las cortes que, “protegiendo los incuestionables derechos de Navarra”, negasen su aprobación al párrafo primero del artículo 17 del proyecto de ley suscrito por Gamazo que suponía la derogación de las exenciones fiscales que garantizaba la ley de agosto de 1841. Siendo alcalde Alberto Larrondo, el 18 de mayo el ayuntamiento de Iruñea emitió –también por unanimidad– una segunda petición en iguales términos.

En Madrid, los delegados navarros, representados por el diputado conservador Javier Los Arcos, presentaron su posición en representación de la diputación y el pueblo para que el Gobierno retirase el proyecto de ley. Entre el 19 y el 29 de mayo se produjeron sendos debates en torno a la fiscalidad y los derechos históricos de Navarra y, por extensión, de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. El día 23, los representantes navarros se reunieron con Gamazo, pero éste no hizo caso a sus consideraciones. El 29 de mayo, Los Arcos mantuvo un largo debate con Venancio González, ministro de gobernación. El contraste de opiniones de los diputados y el gobierno resultó muy interesante. En opinión del ministro González, en un estado centralizado, una provincia no tenía competencias para cambiar una ley acordada con el Estado, pero, en cambio, el gobierno podía solicitar a las cortes la completa abrogación o alteración de cualquier ley. Según González, las cortes podían modificar, variar e incluso derogar la ley de 1841 “porque de lo contrario establecería una excepción en el régimen constitucional”. Los Arcos, sin embargo, defendió que la ley de 1841, llamada “paccionada”, había sido un acuerdo entre Navarra y el Estado, por lo que solo podía alterarse con el consentimiento y acuerdo de ambas partes.

Los Arcos fue más allá y recordó a González que Navarra había gozado plenamente de su independencia hasta 1841: “No teníamos nada en común con la nación española excepto la dinastía, el mismo monarca para Navarra y para España –aseguró–; nosotros teníamos nuestras cortes, todos los organismos de un estado independiente. Teníamos multitud de niños robustos y, de repente, el 16 de agosto de 1841, descubrimos que a todos esos niños se los había llevado la muerte [en referencia a la Primera Guerra Carlista]. En sustitución, nos dice esa ley, una criatura raquítica y miserable, que no nos dejó conservar más que el último resto y el último vestigio de todo lo que hasta entonces habíamos disfrutado. Y rubricó, en referencia a la ley de 1841 que aquella era una “ley maldita en su origen” porque había quitado a Navarra su independencia política, esto es, su legislación, sus instituciones, su territorio, aduanas, carta de naturaleza y fiscalidad propia, incluida la moneda.

La negación del gabinete de notables de detener el trámite de la ley de presupuestos puso en marcha una insurrección que se dilataría entre finales de mayo de 1893 hasta febrero de 1894. Los diputados navarros, por unanimidad, y la totalidad de los ayuntamientos se comprometieron a negarse ante cualquier solución que no fuera el mantenimiento de un régimen fiscal propio para Navarra: “No habrá poder humano que nos haga comprender otra cosa, sino que de obtenerse en él sentencia favorable será por el imperio de la fuerza de la razón, sobre la razón de la fuerza” declaró el ayuntamiento de Zirauki.

En respuesta al llamamiento de la diputación, el 4 de junio se organizó una multitudinaria manifestación en Iruñea a la que acudieron 20.000 personas en un momento en que Navarra contaba con escasos 300.000 habitantes. Allí se decidió publicar el Libro de Honor de los Navarros, que el 28 de junio habían firmado 120.000 personas y se decidió erigir por suscripción pública un monumento a los fueros que por circunstancias históricas no se terminaría hasta 1903 y que hoy se alza en el Paseo Sarasate. En aquella ocasión habló Estanislao Aranzadi, miembro de la Asociación Euskara, desde el balcón del ayuntamiento: “¡Viva Gamazo! porque nos ha unido… Gamazo ha hecho para Navarra, ya que no por Navarra, más que todos los navarros juntos; más, mucho más, que las incesantes predicaciones nacidas del mejor deseo, y más, mucho más, que la repetición y el constante recuerdo de nuestras desgracias; lección en la que los más rudos de entendimiento aprenden lo que nosotros no habíamos llegado a aprender. ¡Viva Gamazo! Que por él ha amanecido para Navarra el día más grande de su historia. ¡Gracias a él en Navarra no hay hoy más que navarros!”

Protesta en Gernika

Pero los actos no se circunscribieron a Navarra. A principios de agosto hubo una manifestación en Gasteiz, y el 16 de agosto se produjo un movimiento de protesta en Gernika donde se oyeron gritos de “¡Viva Euskaria libre!”. El 27 de agosto, domingo, la banda municipal tocaba en el quiosco del boulevard de Donostia cuando un grupo de oyentes pidió que tocaran el Gernikako arbola. El director de la banda municipal se negó, alegando que estaba fuera de programa. La respuesta generó tensión y la gente reprendió a los músicos y se organizó una manifestación que se dirigió al Hotel Londres, donde se hospedaba Mateo Sagasta; la policía cargó contra los manifestantes causando seis muertos, más de 30 heridos y casi 60 detenciones.

El año se cerró sin más incidentes, y el 30 de enero de 1894, el gobierno de Madrid envió una carta invitando a la diputación a discutir los medios administrativos de aplicación de la ley de presupuestos. La diputación se negó a acudir a la reunión apelando al “pase foral”. El 7 de febrero Gamazo remitió otra real orden firmada por el rey y, en su nombre, el virrey. Esta vez los diputados decidieron viajar a Madrid para explicar su clara intención de no acordar un nuevo acuerdo económico con el Estado. Así lo hicieron, y volvieron a Iruñea en tren, vía Castejón, a donde llegaron el 18 de febrero de 1894, habiendo cumplido con su promesa de no ceder frente a los excesos del gobierno. Allí los esperaban más de 30.000 personas en una amplia llanura cubierta por cientos de banderas. El pueblo levantó en alzas el vagón en el que venían sus diputados. Allí estuvo Teodoro Galartza. Las juventudes republicanas de Tafalla le habían encargado llevar la bandera republicana. Había banderas carlistas por todas partes, pero, a lo lejos, vio una bandera desconocida y se acercó por curiosidad. Preguntó qué bandera era porque que no la conocía. Y el que la portaba le explicó que era un partido nuevo. Le preguntó entonces de dónde venía y quién era, y le contestó que era de Bilbao y que se llamaba Sabino Arana Goiri”. Y le explicaron Estanislao Aranzadi y Daniel Irujo, que acompañaban a Sabino en aquel día, que “no querían rey sin fueros, ni fueros con rey; que querían fueros sin rey”.

130 años más tarde se conmemora aquel acontecimiento histórico en Castejón, pero el monumento a los fueros de Iruñea sigue sin estar oficialmente inaugurado. ¿Qué pensarían nuestros mayores?

Xabier Irujo


Desengaño histórico sobre la Gamazada

pedro esarte

He leído estos días los artículos que vienen resaltando la Gamazada como una victoria política sin precedentes, y a todos les falta dar los datos del triunfo político y/o que no se dio. Lo que se dio y se transforma es una imposición colonial de dominio económico y político que no coincide con las ilusiones que muestran los artículos escritos y leídos como si fuera un triunfo. Desgraciadamente, al menos para mí, lo que realizan es acoplar un fraude histórico, transformando una ilusión de todo un pueblo, refrendada por las firmas prácticamente de toda su población contribuyente en petición de respeto a una situación política, económica y administrativa que ya de por sí era nefasta y totalmente acrisolada y engañosa.

Los escritos publicados constituyen una contra-versión a los hechos, ya que sus resultados fueron totalmente negativos. Más aún, durante la manifestación que se dio en Pamplona, hubo un acuartelamiento de tropas traídas de Burgos para intervenir en caso de que las manifestaciones no se controlaran, teniendo por base la práctica empleada como colonia dominada y obediente a las imposiciones que se venían aplicando desde 1512 y además ya era gobernada por una diputación sin presidente desde el año 1841, pues quien la presidía de facto era el gobernador civil que a su vez ejercía de presidente de la Diputación. Son datos que se han de reseñar puesto que muestran la obediencia a la que estaba sometida Navarra de continuo y siguió haciéndolo.

Los escritos que he leído y sus alabanzas a supuestos beneficios me producen pena pues se basan en aprovechar las ilusiones puestas, las firmas y los anhelos manifestados en los pueblos enteros y sus gentes que acudieron a Pamplona en una época que no existían medios de locomoción, arriesgándose a que las tropas acuarteladas salieran, ya que se habían tomado los llamados anti-parapetos, que administrados como alucinantes pueden adormilar las repulsas al ejercicio violento si llegado el caso hubieran tenido que intervenir.

Unos y otros son datos que no se expresan, y si nos tenemos que plantear los resultados de una situación, hay que estudiar los pros y contras de lo que analizamos y en las manifestaciones, sobre todo la de Pamplona, los asistentes se enfrentaron a dicho riesgo y por tanto tienen más mérito sus manifestaciones y nulo valor el objetivo no conseguido a pesar del riesgo si se hubiera dado la orden de intervenir. Hechos que cuando menos hay que citarlos antes de abrir los aplausos, que por mucho que se den, no obtuvieron nada de lo que pedían, pues la propia dimisión de Gamazo no se dio por causa de imponer las cuentas de Navarra, sino por el contrario de no imponerlas.

Tampoco ha apreciado ninguno de los autores sobre la Gamazada razones por las que se ha mantenido y se mantiene la recreación exitosa de la consecución incierta de favores para los estamentos vascos, se prefijan las alegrías de los manifestantes que se reducen simplemente a una esperanza que no se dio y presupone que los efectos buscados se dieron, cuando ocurrió todo lo contrario. Los Presupuestos del Estado se aprobaron y no se puede vanagloriar de las ilusiones y adhesiones que se dieron, a no ser que conste el relato de que no se obtuvo lo anhelado.

Las alabanzas a la respuesta que Navarra y en el resto vasco del Pirineo no dio y sin embargo se pretende festejar los hechos, son falsos cuando solo se dan por unas pretensiones no obtenidas, lo que resulta una victoria de la parte que no renunció o que obtuvo lo que tenía preparado para imponerlo en los presupuestos. Las manifestaciones escritas y demandas que se presentaron por los delegados navarros en Madrid a los Presupuestos del Estado demandando derechos no fueron atendidos en Madrid, mientras en Navarra el gobernador civil y presidente de la Diputación apañó sus potestades con los diputados ejercientes, imponiendo su potestad de gobernador civil.

Resulta irónico también aportar el monumento levantado en memoria de los citados hechos, cuando después de mostrar Navarra su deseo y sufrir la negativa fue erigido, cuando no he visto nunca hacerlo si no se obtiene lo que se busca o necesita. No vale tampoco como recordatorio de un deseo que no fue conseguido. Caemos así pues en el engaño al pueblo que defendemos como tal. Es un autoengaño que en todos los aspectos supera el refrán que en los años 40 emitieron los ministros de Exteriores de Alemania y posteriormente el de España (en esta, Serrano Suñer) “una mentira repetida mil veces se convierte en realidad”, y eso es lo que estamos construyendo nosotros.

De lo que fue ilusión previa de toda Navarra, los resultados fueron inversos. Al que mejor le vienen estas alabanzas a la ilusión de las manifestaciones sin otros resultados es al colonizador que mantiene la Constitución que se hizo con mayorías franquistas y el calendario de órdenes ministeriales de cada momento. El único margen que me queda para exponer mis argumentos sobre quien trata a la ilusión como realidad cuando el hecho se impone al deseo de quienes se deben sentir engañados sin enterarse.

Todo lo que se realizó en las Cortes de Madrid se cambió en el artículo 35º y textualmente recoge como único trámite obtenido. Lo indica Javier Los Arcos (representante de Navarra), y no le veo ningún mérito ni más valor que el testimonial. Lo que se aportaba desde el ámbito del Presupuesto del Estado se redujo a la defensa que realizó en un libro de 292 páginas, cuyo trámite solo sirve para demostrar que lo único que se atendió para cerrar los presupuestos fue la sujeción de Navarra al Estado colonial, tanto en los trámites como en la ausencia de materias en los Presupuestos del Estado, y solo se realizó el cambio de un artículo a otro.

Lo cito textualmente:

Proyecto de Ley de Presupuestos del Estado para el año económico de 1893 a 1894. El articulo 35º (antes 17º) quedó así: “El gobierno procederá a revisar, ateniéndose a las reglas establecidas en el artículo 14º de la Ley de Presupuestos de 1887-88, los Conciertos que celebrados con las provincias Vascongadas, quedando facultado para comprender en ellas las contribuciones e impuestos que actualmente se recaudan por la Administración, ateniéndose que en ningún caso la cifra de los conciertos ha de ser inferior a la recaudación por estos conceptos obtenida.

El Gobierno podrá también concertar con la Diputación de Navarra sobre los extremos a que se refiere este artículo, cuidando de conciliar las circunstancias especiales de esta provincia con los intereses generales de la nación. Igualmente se autoriza al gobierno para condonar a las provincias aforadas los atrasos de los impuestos de viajeros y mercancías devengados y no cobrados antes del mes de marzo último”.

Si esto fue una victoria de Navarra y/o vascongada, venga Dios y lo vea.

Pedro Esarte Muniain