Opinión / Iritzia

Tesoro inmaterial

patxi aranguren

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Patxi Aranguren Martiarena. En la web The Culture Trip, la norteamericana Lani Seelinger publicó un informe en el que hace un estudio de las 10 lenguas más antiguas del mundo. La autora ha escogido diez de esas lenguas que han conservado su carácter propio a lo largo de un larguísimo intervalo de tiempo, y entre las diez seleccionadas está, cómo no, el euskera. No es fácil saber cuáles son las lenguas vivas más antiguas que pueden llevar esa etiqueta. Quizás existan otros idiomas en el mundo que pueden pugnar por llevar ese calificativo y no han sido incluidos en ese ranking de antigüedad, pero casi con total seguridad se puede afirmar que el euskera siempre figurará entre los idiomas más antiguos del planeta.

Es una evidencia que algunos idiomas se han perpetuado a lo largo de los siglos como una realidad autónoma, por lo que pueden ser considerados el mismo idioma aunque hayan sufrido algunos cambios inevitables. Pero también es cierto que las interrelaciones entre los idiomas han hecho que estos evolucionen de tal manera que aun siendo el mismo idioma es difícil, e incluso imposible, que alguien que lo hablase hace, por ejemplo, 2.000 años pudiera entenderse con alguien que lo hable hoy.

El euskera ha sido ratificado por la mayor parte de los lingüistas, expertos e investigadores de todo el mundo, como la lengua viva más antigua de Europa y su origen es un auténtico misterio porque no existe otra lengua emparentada con él. Su antigüedad se remonta al menos a los tiempos neolíticos, aunque hay evidencias que llevan a pensar que su origen puede remontarse aún mucho tiempo atrás. Importantes lingüistas e historiadores defienden la creencia de que el euskera puede ser heredero directo de la lengua que hablaban, hace 15.000 años, los habitantes de las cuevas de Altamira, Ekain o Lascaux. Y es que, casualmente, es en el sudoeste de Francia y norte de la Península Ibérica donde se encuentra la mayoría de los yacimientos paleolíticos más relevantes y la mayor parte del arte rupestre del continente. Además coincide con el área geográfica de mayor concentración humana de Europa Occidental durante el periodo glaciar, lo que sería significativo a la hora de remontarse a las raíces lingüísticas europeas.

Theo Venneman, un reconocido lingüista de la Universidad Ludwig-Maximilian de Munich, afirma que todas las lenguas tienen su origen en algún sitio, muchas veces no sabemos dónde. Pero en la época que tratamos aquí, el euskera no parece haber venido de ninguna parte, ya que estaba aquí cuando llegaron las demás lenguas. Bajo este concepto, el euskera es la lengua más antigua de Europa. Todas las otras lenguas son idiomas foráneos que vinieron del Este y que fueron lo suficientemente influyentes como para imponerse a la población autóctona. El euskera es la única lengua superviviente de toda una familia idiomática europea. La pregunta es ¿por qué solo ella ha sobrevivido? El verdadero enigma del euskera no es su origen, sino cómo ha conseguido perdurar hasta nuestros días, aunque tal vez haya subsistido por su capacidad de integrar palabras de otros idiomas vasconizándolas.

Solo por su interés filológico sería motivo suficiente para valorarlo y más si se considera su perfil diferenciado, al no estar inserto en ninguno de los grandes troncos lingüísticos. Al no tener el euskera parentesco con las demás que la rodeaban, este carácter diferencial fue percibido, desde siempre, por los ajenos al país, en términos de extrañeza, lejanía e ininteligibilidad, que se traducía en dos visiones distintas: o bien se consideraba una jerga bárbara, propia de campesinos no cultivados o bien, por el contrario, un idioma antiguo, misterioso y milagrosamente conservado.

La portavoz del Partido Popular en Navarra ha sostenido de forma reiterativa que la mayoría de los navarros no quiere que el euskera sea oficial en toda Navarra. Y lo argumenta diciendo que los navarros han tenido la posibilidad de aprender el euskera durante 30 años y no lo han querido aprender. No lo han querido utilizar para su vida ordinaria ni para su trabajo. En esta declaración se nota que su autora quiere resaltar la prevalencia del idioma castellano sobre una lengua marginal que hay que arrinconar en los valles del norte de Navarra, pero además en sus palabras subyace un desprecio hacia esta lengua nuestra que tiene el mérito de haber sobrevivido, casi milagrosamente, a los avatares del tiempo, sorteando mil peligros, motivo más que suficiente para ser mimada y protegida por los poderes públicos.

El español o castellano es una de las lenguas más importantes del mundo, ya que ocupa el segundo lugar del planeta, tras el chino, en número de hablantes, según datos del Instituto Cervantes. En Internet, el español ocupa ya el tercer puesto como idioma más utilizado, tras el inglés y el chino. Su presencia en la red registra un crecimiento sostenido de más del 800% en los últimos 10 años. El español es una lengua de gran difusión que le está comiendo el terreno al inglés y al chino, por eso no se entiende de ninguna manera los intentos de frenar la vasconización de toda Navarra, el solar de los vascones: un territorio de 10.420 kilómetros cuadrados en el que viven poco más de 600.000 personas. ¿Qué son 600.000 vascoparlantes si los comparamos con los 600 millones de hispanoparlantes de todo el mundo?

¿A quién perjudica la extensión del euskera por todo el territorio foral? Si ya es difícil de entender la apatía del Estado hacia ese tesoro que pervive en una parte de su territorio y que, según los más prestigiosos lingüistas del mundo, tiene un valor incalculable, todavía resulta más difícil de asumir que haya políticos navarros que desprecien nuestra vieja lengua. Y es que los enemigos del euskera los tenemos dentro de casa.

Y para despejar dudas ahí tenemos a quienes el pasado 2 de junio, según sus convocantes, se atrevieron a manifestarse en contra de la imposición del euskera en Navarra y en defensa del español, como si esta lengua internacional necesitase el apoyo de unos pocos miles de navarros que no son capaces ni de defender su propia lengua vasca.

*El autor es economista de la Universidad Pública de Navarra


 

Iruña-Veleia. Cisne blanco, cisne negro

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Gontzal Mendibil. Ante las opiniones discrepantes, es bueno saber dónde estamos, de dónde venimos y a donde se quiere ir; para esto nos vale la cláusula de «la verdad nos hará libres», porque cerrar las heridas en falso es lo que no conviene, y verdad y justicia es lo que se pide ante un hecho tan grave como podría ser la supuesta manipulación, y o ocultación y desolación del patrimonio de la humanidad.

Hace tiempo me comentaba un sabio investigador euskaltzale que nuestra historia y sobre todo nuestra prehistoria no está del todo escrita y argumentada, que a lo que hay le falta por escribir mucho de lo que aún queda por descubrir.

He ahí la naturaleza extraordinaria de los supuestos hallazgos de los grafitos de Iruña-Veleia, hoy en día en poder de la diputación de Araba, que cuestionando su veracidad restan importancia y validez a lo hallado. Y en esta sombra de dudas se discute si lo que pudo ser, fue o no fue, o no le dejaron ser, y es esto último lo que sería imperdonable.

En consecuencia, ante la acusación penal de años de cárcel al que fuera director del yacimiento arqueológico de Iruña-Veleia junto a dos compañeros de su equipo, por la presunta falsificación de grafitos históricos y los daños causados en el patrimonio cultural e inhabilitación para ejercer cualquier tipo de trabajo en yacimientos arqueológicos, lo que se reclama es, si esa misteriosa naturaleza ha sido manipulada o por el contrario hay una verdad de fondo que se quiere ocultar por no se sabe qué razonamientos.

La finalidad de la evidencia científica es precisamente conseguir que se despejen las dudas; es la ciencia la que nos habrá de dictaminar cual es la verdad de las cosas antes de precipitarnos a dar conclusiones prematuras. Y si ha existido algún tipo de manipulación, que se investigue a fondo, mas allá de toda suposición. Se pide por ello que los hallazgos de Iruña-Veleia, se contrasten con análisis periciales totalmente independientes y con datos fehacientes, porque el silencio, el olvido y la evidente supresión científica de cerrar heridas en falso, no aclaran la supuesta verdad o falsedad de los hechos.

La significación de los grafitos está en función de las interpretaciones, y la evaluación de los datos precisos permitiría establecer una relación de causa-efecto, de la que se podrá disentir con argumentos convincentes, pero ¿cual es el verdadero motivo de la negativa de no llegar al fondo de las cosas y de negarse a datar los grafitos en laboratorios de arqueometría que piden los defensores de su veracidad, y qué razones hay para ello?

Porque ante las dudas, se abre todo tipo de conjeturas, desde la burda manipulación, hasta actuaciones un tanto oscurantistas de no dar ninguna opción para que se esclarezca la verdad, temerosos del cambio que nos pudieran abrir nuevos paradigmas y traernos nuevos valores. Es obvio que en este caso se sigue al refrán de «más vale lo malo conocido que lo buenos por conocer», porque a pesar de las peticiones de la fiscalía y la Diputación foral de Araba, aun no está probada la falsedad y es lo que se pide, pruebas fehacientes con investigadores divergentes.

Movernos por puras suposiciones o meras intuiciones, es obvio que no aclara nada, pero tampoco el prisma dogmático y ortodoxo sometido a una única razón sin contrastar otras opiniones de reputados investigadores en la materia que nos permitirán llegar al fondo de las investigaciones. En la ciencia, antes de llegar a la unión de diferentes, se aplica la ley de Newton, en la validez de sus predicciones, cada acción tiene un efecto de reacción.

Y en esta controversia, más allá de la visión administrativa, hay científicos que argumentan que las pruebas presentadas en contra de la veracidad de los grafitos hallados, no tienen bases científicas. Y es sospechoso que nadie de los que han presentado los análisis de veracidad haya sido llamado a declarar; es aquí que las sospechas aumentan cuando, al parecer, una excavadora fuera fulminando durante días el terreno donde habían aparecido varios de los hipotéticos grafitos.

Demasiadas sombras, demasiado limbo que nos recuerda a los infiernos y paraísos de Dante de sutil fascinación, donde los reinos aparecen perfectamente estructurados y emergen las virtudes y los egos de cada uno de ellos. «¡Qué inútiles son las palabras para expresar el concepto y qué pálido el concepto para expresar lo que vi!».

Ante descubrimientos que pueden cambiar ciertos paradigmas por siglos establecidos hay quien paga también por ese gran pecado. He aquí Eliseo Gil perdido en «una selva oscura» por haberse «apartado del camino recto, y como Virgilio en su constante búsqueda (guía de Dante durante ese viaje), tendrá que purgar sus penas.

Sinceramente, no creo que Eliseo Gil y su equipo tuvieran tal capacidad de ensoñación y manipulación, ni la suficiente destreza para el rigor que exige su presentación a la luz y promover tal despropósito. Es por ello que los claro-oscuros existentes nos despierten dudas y nos muevan a la reflexión y que la autoridad jerárquica pueda sentir desasosiego, pero, desde la ortodoxia y el dogmatismo no podemos analizar nada, y tomar como herejía la supuesta verdad que no conviene, siempre tiene efectos perversos.

La comparaciones antropológicas, con la historia y con la genética se tendrán que estudiar a fondo pero, aunque el geógrafo e historiador griego Estrabón (63 a.C.) ya nos hablaba de la Calahorra vascona, no muy lejos de Iruña-Veleia, seguimos sin apenas avanzar en la duda metódica de siempre y en lo que ya afirmaba J.C. Baroja en 1942): «Se puede concluir que, sin miedo a cometer error, el desconocimiento de la lengua prerromana de Hispania es el problema mas trascendental que tiene planteado hoy en día nuestra arqueología, nuestra historia y, por supuesto, nuestra lingüística».

Ante las opiniones discrepantes, es bueno saber dónde estamos, de dónde venimos y a donde se quiere ir; para esto nos vale la cláusula de «la verdad nos hará libres», porque cerrar las heridas en falso es lo que no conviene, y verdad y justicia es lo que se pide ante un hecho tan grave como podría ser la supuesta manipulación, y o ocultación y desolación del patrimonio de la humanidad.

La ciencia, sean cuales sean las circunstancias, habrá de estar fuera de toda cuestión egocéntrica y por supuesto fuera de toda sospecha aplicando un metodología veraz y contrastada. Habrá de tomar indiferencia por una cosa o la contraria, abogar por la independencia y no al apego de lo que hay. Tenemos un claro ejemplo de lo que pasó en las pinturas de Altamira, tomadas como falsas hasta 23 años después de su aparición, no se sabe si por errores de método, ocultación interesada o nepotismo científico.

El los hallazgos de Iruña-Veleia, «La metodología utilizada es la correcta», dicen los investigadores del hallazgo. «No puede ser verdad» y es evidente que hay defectos de forma, argumentan los opositores. El problema crucial estriba en ver si existe o no este método. En definitiva, ni opino, ni enjuicio, no soy quien para ello; solo recojo una inquietud cultural y lo que se plasma a nivel sicosocial en el entorno que a todos nos incumbe.

Pienso que el debate habrá de ser puramente científico, sin que intervengan otras fuerzas. Y con un enfoque exclusivo de conocimientos arqueológicos e histórico-culturales. Y ante la deslegitimación del trabajo presentado tildándolo de falso, difundir la verdad es lo que se precia, sabiendo que el ser humano se libera por el conocimiento. Conocemos la teoría de falsación de Karl Popper: «todos los cismes son blancos… hasta que aparece un cisne negro».