Opinión / Iritzia

La otra inmatriculación: Universidad de Navarra

Mnuel Millera

Mnuel Millera


Manuel Millera. La Plataforma de Defensa del Patrimonio Navarro presentó en el Ayto. de Pamplona/Iruña el 3 de Mayo una moción en la que denuncia el inmenso expolio de miles de bienes inmuebles puestos a su nombre por la Iglesia católica con el simple certificado del arzobispo, sin necesidad de acreditar ningún título de propiedad. Moción aprobada por todos los grupos, excepto UPN con el argumento básico de que la iglesia también forma parte del pueblo. Fernando Giménez, vicesecretario de la Conferencia Episcopal, reconoció la existencia de 30 a 40 mil inmatriculaciones, incluidas Catedral Pamplona, Mezquita Córdoba, Giralda Sevilla, etc… Les invito a entrar en su página web para conocer y apoyar si lo desean..

Pero la historia de la apropiación de bienes públicos por la Iglesia en el Estado español, NO empezó en 1998 con la aprobación del Decreto Aznar. En Navarra tenemos otro ejemplo sangrante con la Universidad privada. Durante la dictadura Escrivá de Balaguer funda el Opus Dei. Como consejero espiritual de Franco, Balaguer se da como misión seleccionar y formar las élites de la dictadura franquista hasta llegar a controlar lo esencial del poder. Cosa que consiguió ya en la época de los López (de Letona, Bravo y Rodó). Más tarde Balaguer fue enviado al Vaticano. Desde allí trabajó para extender su poder en América Latina y amortiguar el creciente peso de los seguidores de la Teología de la Liberación.

El 25 de Octubre de 1960 y en nuestro Ayto., monseñor afirmó: “Señor Alcalde: Al recibir de vuestras manos el honroso título de hijo adoptivo de esta noble ciudad de Pamplona, no voy a caer en la falsa humildad de decir que no merezco tan alta distinción. Si lo hiciera, faltaría a la verdad y causaría agravio a vuestra justicia. No cabe mayor prueba de cariño que ésta que yo he dado a Pamplona, al elegirla, entre todas las ciudades de España, como sede de la Primera Universidad del Opus Dei…” “… tengo una debilidad, y esa debilidad es Navarra, porque esta tierra jugosa, de hayedos y rastrojeras, con su fe inquebrantable, su apego a la tradición, su laboriosidad callada y su moral sin tacha…” Me pregunto si este señor sigue siendo hijo adoptivo de Pamplona…

Aquel día nos convertimos en sede de una cumbre del nacional catolicismo español, con asistencia multitudinaria de cardenales, ministros, obispos, capitanes generales, subsecretarios, abades, rectores, gobernadores, magistrados, catedráticos, fiscales, jerarquías y autoridades del glorioso Movimiento nacional. Lo digo en masculino, porque entre todas aquellas personas, no había una sola mujer. Y con el aplauso fervoroso de Diario de Navarra y Arriba España, el diario falangista.

Así pues entre 1963 y 67, el Ayto. de Pamplona cedió gratuitamente a las inmobiliarias del Opus (Ingemenesa, Ciunsa, Inunsa, ó Inmudensa) unos 300.000 m2 y promovió el expediente de expropiación de otros 900.000 m2. Para ello tuvo que pagar unos 500 millones de pesetas de 1974. Más otros 1.600 millones que pagó la Diputación de Navarra tan sólo entre 1960 y 1980 (20 años). A esta cantidad habría que añadir lo pagado de una manera u otra en estos últimos 38 años. Y añadirle que el Opus no ha pagado impuestos hasta esta legislatura, cosa que desconozco si ha comenzado a hacer. Hacienda eximió al Opus de abonar contribución, impuesto industrial, el de transmisiones y sucesiones, el de sociedades, y lo que es más sangrante, el IRPF “ podrá concertarse cada año globalmente ”… Es decir, Navarra no retiene los rendimientos económicos de los miles de trabajadores del Opus (del libro “El corralito foral” ). Y aparte la aportación del Estado, que en 1979 se cifraba en 120 millones, más lo abonado en los siguientes 40 años (del libro de M. A. Muez: Universidad del Opus: historia de un expolio).

¿Quiénes estaban en los consejos de Administración de aquellas sociedades creadas para camuflar todos estos bienes regalados al Opus? Quizá les suenen de algo: Huarte, Uranga, Aizpún, Gortari… los prohombres de Navarra, Diario de Navarra, fundador y primer presidente de UPN, junto con el inefable Ismael Sánchez Bella, auténtico artífice de este tinglado. Carrero firmó la expropiación de su puño y letra y J.I. del Burgo fue testigo providencial desde su atalaya como Director de Planificación de la Diputación.

Una de las condiciones (la base 8ª) que puso entonces el Ayto. para la donación fue: “Los terrenos del Campus cedidos a la Universidad (…) permanecerán abiertos al público, sin que puedan ser cerrados por tapias, setos o separaciones análogas”. No la han cumplido, ni tampoco esta otra; el Concordato español de 1953 con el Vaticano dice: “Las universidades erigidas por la Santa Sede en España se llamarán universidades de la Iglesia”. Y así lo cumplen las de Ávila, Murcia, Valencia, Comillas, Salamanca o París, pero no ésta, que se autodenomina Universidad de Navarra, y que obligó al crear la pública, a denominarla Universidad Pública de Navarra, cosa que no ocurre en otras comunidades autónomas.

El Ayto. durante el mandato de Velasco (abril 78- abril 79) solicitó al gobierno de Madrid la derogación del Decreto de Carrero del 73, que aprobaba el proyecto de la universidad del Opus y declaraba estas obras de Interés Social (el mismo camino que ha servido para iniciar el expediente de Salesianos), pero Balduz la dejó sin efecto hasta el día de hoy. ¿Podrá revertir Navarra algún día la propiedad de los terrenos de la Universidad privada y el resto de inmatriculaciones a lo público, que es de donde han venido? El tiempo lo dirá, y tan sólo depende de todxs nosotrxs… entre tanto, si todavía lo ostenta, retiremos el título de ‘hijo adoptivo’ de Pamplona a este gran expoliador.


 

‘Locus memoriae’

anjel_rekalde

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Angel Rekalde. Dicen que Napoleón, en la campaña de 1798 contra el ejército turco, arengó a sus soldados en Egipto: “Desde lo alto de estas pirámides, 40 siglos nos contemplan”. Sin entrar en los delirios de grandeza de algunos personajes histriónicos o controvertidos, resulta curioso descubrir cómo los escenarios del pasado nos interpelan. A veces sobrecogen, desolados, emotivos. En ocasiones se nos hacen misteriosos, subyugantes o cargantes, grandiosos… Pero siempre su silencio es profundamente expresivo.

Quizás para nosotros, vascos y vascas, no lo sea tanto, porque hasta tal punto nos han inculcado la vergüenza de ser quienes somos, que nos corroe un sarpullido ante cualquier manifestación de la historia o de carácter identitario. Tenemos el pudor nacional a flor de piel, abochornado y al borde del ataque de nervios. Pero al resto del mundo le ocurre como a Napoleón, que los lugares significados por hechos históricos le transmiten una sensación, un relato de lo que hubo en ellos. ¿Quién no se ha sentido impresionado por la grandeza de la Alhambra de Granada, o la belleza de un templo antiguo, sea griego o románico navarro?

El historiador Pierre Nora dedicó su vida académica al estudio de estos lugares que contaban la historia de su país, Francia. Como historiador oficial, lo hizo desde la perspectiva de su Estado, y no tanto desde la posición de las gentes o el sufrimiento de los pueblos. Sea como fuere, en esa investigación acuñó el término de Lugares de la memoria, y le dotó de un utillaje científico. Para Nora lugar de memoria es “cualquier entidad significativa, de naturaleza material o no material, que por la voluntad humana o la obra del tiempo se haya convertido en un elemento simbólico del patrimonio memorial de cualquier comunidad”. Nora explica que este recurso proviene de la retórica antigua, de la tradición de Cicerón y de Quintiliano, quienes aconsejaban asociar, para fijar el mensaje del discurso, una idea a un lugar. Es decir, en latín, establecer un locus memoriae. La batalla de Salamina. La ruta de las Indias…

En lenguaje coloquial, lo que viene a decir Nora es que los escenarios de la historia transmiten con fuerza su significado a las personas que los visitan, que los reconocen y rememoran;en ese sentido, son artefactos del recuerdo, mecanismos que ayudan a revivir lo sucedido.

En nuestra realidad de nación sin Estado, ello no obsta para que reconozcamos el recuerdo de aquellos sitios que nos han marcado: Roncesvalles, Amaiur, Gernika, Pamplona, Sartaguda, Montejurra, el mar, la montaña, las minas de hierro vizcaíno, los altos hornos…

Estos lugares de la memoria describen nuestra existencia. Como explicaba Nora, son los arcos de bóveda del relato que identifica a nuestro pueblo. Estos sitios transmiten a quien los visita, o simplemente a quien los menciona, el recuerdo de lo que ocurrió. El pueblo vasco ha tenido en el mar su modo de vida;su experiencia, su aventura y una ventana abierta a todos los puertos y ciudades del mundo. Este pueblo construyó en Navarra su convivencia durante siglos;su Estado, castillos, reyes, su capital, Iruñea, su defensa. En la montaña apacentó sus rebaños, levantó caseríos, libró batallas como las de Orreaga. En Gernika encontró sus libertades, y luego su tragedia…

Cada lugar es un hecho, un significado, un valor. Su recuerdo no sólo es evocación;también un acto performativo;promueve la identificación, el paso a la acción o la reivindicación que asociamos a ese sitio. Pensemos en Amaiur, en Gernika bombardeada… Pero no sólo ocurre con los lugares físicos;también los inmateriales funcionan según este canon. El euskara transmite emoción, identidad, sentimientos… El Gernikako Arbola ha sido un lugar de memoria durante generaciones, asociado al olor a pólvora, guerras, fueros, creencias, pueblo… La música, pongamos la de Zuberoa, nos conmueve;ya no somos esas baladas de amores trágicos, de Matalaz o de añoranzas profundas, de destierro, de otros tiempos;pero esa músicade la otra parteestá en nosotros;somos ese pueblo que canta y baila al pie de los Pirineos.

Del 20 al 26 de mayo un congreso en la Universidad de Oñati tratará sobre estos lugares de la memoria que hoy por hoy apenas hemos transitado. No hemos conocido el trabajo de Nora, aunque es un instrumento fértil para profundizar en nuestro pasado;para revisarlo a la luz de recursos y metodologías que nos recuerdan, que nos emocionan, que nos dicen quiénes somos.