Opinión / Iritzia

Los vascones y la humana estulticia

joseba asiron

joseba asiron


Los vascones no son un pueblo tan misterioso ni enigmático como a veces suele decirse, y son muchas y muy significativas las noticias que de ellos tenemos desde época antigua, por desgracia referidas casi siempre a aspectos guerreros.

Sabemos que vivían en un territorio más amplio que la actual Navarra, que sus «augures» o adivinos eran famosos, y que de entre sus ciudades la principal era Pamplona. Sabemos también que mercenarios vascones participaron en las Guerras Púnicas entre Roma y Cartago, y que muchos de ellos acompañaron a Aníbal y sus elefantes hasta Italia, participando en las batallas de Lago Trasimeno o Cannas, antes incluso de que Pompeyo fundara Pamplona sobre un poblado vascón anterior. Posteriormente se integrarían en el ejército regular romano, y se sabe que existieron unidades militares completas compuestas por vascones, como por ejemplo la Cohors II Vasconum civium Romanorum, que estuvo destinada en Britannia y en el norte de África.

Se conocen algunas de las andanzas de estos vascones. Así, por ejemplo, cuando en el año 69 d.n.e. una sublevación en la frontera de Germania puso en peligro al general Caius Dillius Vocula, el legado romano salvó la vida gracias a la llegada inesperada de las cohortes vasconas de refuerzo. Y sabemos también que el mismísimo Octavio Augusto incorporó una guardia personal compuesta por vascones tras vencer a Marco Antonio en Egipto.

En el tránsito de la Edad Antigua a la Edad Media los vascones no dejaron de montar jaleo. Ya Rufo Festo Avieno se refiere a ellos como los «inquietos vascones» hacia el año 380 y, como queriéndole dar la razón, sus correrías sobre las tierras vecinas fueron una constante en los años siguientes. Asolaron con frecuencia el valle del Ebro, por ejemplo en 441 y 454, y con ocasión de la sublevación del noble godo Froya, en 653, los vascones llegaron incluso a asediar Zaragoza. Y qué decir de los célebres reyes godos que se jactaban de vencer a los vascones, desde el suevo Rekhiario a Wamba, pasando por los Eurico, Leovigildo, Recaredo, Gundemaro y Suintila. Todos presumieron en sus crónicas de haberles sujetado, denunciando, en realidad, que ninguno lo consiguió. De hecho, cuando se produce la invasión árabe de la Península en 711, el rey visigodo Rodrigo no consigue atajarla a tiempo porque, según las crónicas árabes, se encontraba en campaña contra los vascones, «dominándolos» por enésima vez. Y en 778 conseguirán derrotar a la flor y nata del ejército de Carlomagno en Roncesvalles, iniciando la recta final de un sprint histórico que culminará con la coronación de Iñigo Arista hacia 824, momento en el que nace a la historia el reino de Pamplona-Navarra.

A la derecha no le gustan nada los vascones. Vete tú a saber por qué. Tal vez sea porque fueron ellos quienes dieron el gentilicio genérico vasco a un conjunto de pueblos que en la antigüedad fue más heterogéneo, quién sabe, pero lo cierto es que no les gustan ni un pelo. Por eso le faltó tiempo al señor Enrique Maya para arrancar del zaguán municipal la primera cita histórica referida a Pamplona, la cita del geógrafo griego Estabón, que decía aquello de que «? pasada la Jacetania, hacia el Norte, se encuentra la tribu de los vascones, donde hay una ciudad llamada Pompelon, que es como decir la ciudad de Pompeyo?».

Ahora el señor Fernando Sesma, responsable de Educación del Ayuntamiento de Pamplona por Navarra Suma, el mismo concejal que justificó rechazar una ordenanza porque contenía 4 palabras en euskara, quiere reescribir esta historia. Y para ello ha anunciado una revisión del programa escolar Conozcamos Pamplona. Dice que asegurar que los vascones resistieron durante siglos la presión de los pueblos vecinos es «nacionalista», y que no está atestiguado que hablaran en euskara. No está claro, según él, que los vascones hablaran vasco. No le bastan las pistas que le dan los testimonios más antiguos de la literatura escrita. Ni las de la toponimia, ni las crónicas medievales, ni el Codex Calixtinus, ni siquiera la lógica. Como no ha sobrevivido ningún vascón para venir a contarlo… asegura que no está probado que hablasen euskara. Y está siendo moderado porque, con el mismo rigor científico, podría incluso haber afirmado que no está probado que los vascones hablasen idioma alguno…

La cuestión es que, con la llegada del tripartito de derechas al Ayuntamiento de Pamplona, los vascones van a ser de nuevo silenciados, vuelven a las catacumbas de la Historia, víctimas de los complejos y de el más cateto auto odio regionalista. Y en estos momentos de zozobra histórica, a uno le vienen a la cabeza los Annales del Reyno de Navarra, obra magna del padre Moret, que comienzan diciendo así: «Los navarros en lo antiguo se llamaron con el nombre de vascones…».

Y es que los senderos de la humana estulticia, como los del Señor, son insondables…

Joseba Asiron (historiador y concejal de Pamplona por EH Bildu)


 

La huella del Reino de Nabarra en Burgos

Bittor Arbizu

euskara


Desde años como interesado en el tema te sorprenden los abundantes nombres de localidades de Burgos que se mantienen en euskera (Zalduendo, Galarde, Zumel, Arraya, Arreba, Aranda, Ura, Urrez, Uzkiza?). La sorpresa aumenta, en cierta medida, cuando buscas datos en cartularios de siglos anteriores, s. XI por ejemplo (L. Ledesma), donde la proporción de nombres crece (Larrahederra, Ezkerra, Massoa < Basoa, Zaballa, Zaballazu, Mendiko Zorroza…). Muchos permanecen en el habla popular y en cartografía agraria (Sagastia, Landa, Arana, Balza, Garraiz, Troka?)

Al buscar las razones de la permanencia del euskera, ves que a través de los tiempos ha habido varias teorías, que entiendo que son tres. La más difundida sería la de la repoblación que comenzó en el s. IX por el retroceso de las huestes árabes hacia el sur, lo que permitía el desplazamiento de gentes de tierras vascas con su idioma.

La segunda se razona en base a la influencia del Reino de Nabarra, el más poderoso de la península en la época, que con Sancho El Mayor (1004-1035), alcanzó su máxima extensión, pues su reino llegaba al oeste de Palencia.

La que indico como tercera teoría es la de que el euskera estuviese antes de las citadas, es la que veo más probable, pero teniendo en cuenta que teorías y dataciones no son fáciles de precisar y pueden entrecruzarse.

Caro Baroja y Menéndez Pidal sitúan en el siglo I. el límite del euskera en torno a Burgos capital. En esa época los autores greco-romanos citan tribus prerromanas, situando a los autrigones al norte de Burgos, costa cantábrica y parte de Bizkaia, hasta el río Nervión concretamente, y a los vascones en la actual Nabarra.

Al ir situando a estos últimos en base a los nombres de los pueblos, he encontrado una interesante paradoja, vascones situados en la zona teórica de los autrigones. En el norte de Burgos tenemos Villabáscones (Bezana), Villabáscones (Sotoscueva) y Báscones (Zamanzas). Los de Zamanzas tienen de gentilicio bascón y bascona respectivamente.

A esta zona norte habría que añadir los que cité en Las mugas del Reino de Nabarra en Palencia, es decir Báscones de Ebro, también citado como báscones, báscones de Valdivia y báscones de Ojeda. Hay otro Báscones al oeste de Oviedo, en Grado.

En torno a Amaia tenemos Basconcillos del Tozo, con topónimos cercanos como San Mames de Abar, Urbel?

En Pancorbo, que como Miranda en 1463 era villa de Álava, hay un Vascones en el s. XI.

En el Arlanza tenemos Basconcillos y Báscones (del agua), este último con pueblos cercanos como Ura el agua, Puentedura?, al que habría que añadir la ermita y término de Báscones, que según me indicaron los vecinos debía el nombre a la repoblación.

En Demanda hay alguna calle denominada Villabáscones, pero no podemos precisar si hace alusión a los que allí vivieron.

El pueblo Vizcaínos se fundó por gentes venidas de Sangüesa (Nabarra), haciendo referencia el nombre al idioma, el euskera. Hay dos Salazar, que mencionaran a la poderosa familia que, como otras, expandieron su poder desde Bizkaia.

Cerca de la Ribera del Duero, pero ya Soria, está Zayas de Báscones.

La abundancia de la referencia a Bascónes, y la permanencia del apellido Báscones en las zonas citadas, lleva a interesantes reflexiones. La principal es la constatación de la presencia de estos habitantes y su lengua, quienes debían constituir núcleos y zonas de población que pudieron ser importantes y que mantendrían el euskera. Cerca de las mismas quedan topónimos en euskera. Esto da fuerza a lo que cité en el artículo sobre Palencia donde recojo: «Regresaba el rey godo Recescinto de haber derrotado al caudillo de los vascones? (año 661)».

Es curioso que la referencia a Castellanos como pueblo sólo la haya visto en una o dos ocasiones. Todo lo anterior y lo señalado en el artículo Los de Agés (Atapuerca, Burgos) somos nabarros, te lleva a la conclusión que el euskera ha permanecido hasta siglos posteriores al citado, con al menos zonas de bilingüismo. Según he visto posteriormente, algún otro autor mantiene esta misma hipótesis.

Esta recopilación la considero un testimonio importante porque además ves que mantienen el acento y la grafía que le corresponde en euskera: báscones.

Rufino Gómez Villar, que ha hecho una importante recogida de toponimia vasca en la Bureba, Reino de Nabarra hasta el s. XII, sugiere que la zona fue bilingüe hasta el s. XIV, y se apoya en un testimonio que ya citamos, que los vecinos de Ojacastro en el siglo XIII tenían fuero para utilizar el euskera ante la justicia. Señala que en la zona se encontró alguna ceca, moneda, pamplonesa del siglo I. a. C. que refleja Barskunes.

Esta denominación, conocida anteriormente, con los siglos daría lugar a báscones, gascones (Wasconia), vascos? En latín se cita loco qui dicitur de vasconica lingua musiturria. Vasconia, escrito por Oihenart en 1638 sobre ambas partes del Pirineo, es lo que en euskera denominamos Euskal Herria, y que en Vitoria su equipo de baloncesto escribe Baskonia.

En Burgos defienden Valpuesta como cuna del castellano, por ser dicho cartulario anterior al de San Millán de la Cogolla. Lo evidente es que el castellano nació en contacto con el euskera, e influido por éste, para ser un romance evolucionado, que no se diferenciase la b/v, que tenga cinco vocales? Incluso Castilla es escrito por primera vez en contacto con el euskera (Taranco, año 800).

Gonzalo Martínez, en un exhaustivo trabajo cita topónimos de hipotético origen vasco y otros anteriores a la repoblación, entre los últimos Amaia, Oca, Oña, Turzo, Ubierna, Urbel? Estos últimos los veo unidos al euskera. Oña es el pie de una montaña, lo mismo que Garoña es base o pie de una altura. En Álava hay Oñate, Oñarrate, Oñabizkarra? (Gereñu). Turzo vendría de Iturritxo. Iturritxa fuentecilla > Iturriza > Iturza > Turza.

Hay formas del euskera oriental Baltza, Arreba, quizá anteriores a las del occidental Urbeltz agua negra, Turzo.

Una vecina de Vivar citó lo de Minaya, lugarteniente del Cid, es decir mi anaia, mi hermano. La transmisión oral e historia de los cercanos límites de la Nabarra de antaño, así como términos en euskera, permanecen vivos entre vecinos de las zonas citadas. Un detalle emotivo es que los de Agés pusieron el artículo en la cantina. Mi agradecimiento a su hospitalidad.

Bittor Arbizu