La Cátedra de Lengua y Cultura Vasca de la un afronta el futuro con una actitud renovada y abierta a la sociedad

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Relanzar el legado de la Cátedra de Lengua y Cultura Vasca, aunando la tradición con una apertura a nuevos ámbitos de estudio y a nuevos espacios, dentro y fuera de la Universidad de Navarra. Este es el gran reto que tiene por delante la junta de la Cátedra, que dirige María del Mar Larraza (Doneztebe, 1962) y que este curso celebra su 50º aniversario. Esta institución, creada en noviembre de 1963 por iniciativa del entonces decano de la Facultad de Filosofía y Letras, Antonio Fontán, y que inició su actividad tres meses después de la mano de José Miguel de Barandiaran, ha tenido años dorados pero también sus altibajos. Sin embargo, tal y como destaca Larraza “existe una renovada conciencia en el Rectorado y en la facultad de la importancia de que esto siga adelante. Queremos retomar la relación estrecha con la sociedad navarra y proyectar la Cátedra más allá del ámbito universitario”.

Los inicios (1963-1980)

Cincuenta años impulsando el euskera y la cultura vasca. La Cátedra asume las clases de euskera y se crea el grupo Etniker

La Cátedra nació de una confluencia de intereses, por un lado del decano de la Facultad de Filosofía y Letras, Antonio Fontán, y por otro, de la Diputación Foral, “de fomentar lo propio desde un punto de vista costumbrista”. Pero fue la amistad que unía a Fontán con el que fuera presidente de Euskaltzaindia, Koldo Mitxelena, la que permitió que José Miguel de Barandiaran, a su vez amigo de este último, se convirtiera en su primer director. “La Cátedra se inició con el prestigio que le aportó Barandiaran. Se quería hacer algo digno y sólido y se pensó que una persona de una valía intelectual y de un reconocimiento consolidado era la mejor persona para encabezar este proyecto. Se quería hacer una cosa de altura”, explica Larraza.

En los años en los que el sacerdote de Ataun, que vino a dar clases a Pamplona hasta los 91 años, estuvo al frente, la Cátedra se centró en dos cuestiones principales: la enseñanza de euskera y la investigación etnológica. “Hasta comienzos de los 80, la Diputación foral, a través de Principe de Viana, financió los cursos de euskera y apoyó los proyectos de investigación. En aquellos años las clases de euskera eran casi inexistentes y se abrió a toda la ciudadanía”, recuerda la directora de la Cátedra. De la docencia se encargaron, entre otros, los profesores José Basterretxea, Oskillaso, Ana Echaide o Pilar Gorostiaga.

Al mismo tiempo, Barandiarán impulsó una labor más universitaria, la investigadora, con la puesta en marcha del Curso Monográfico de Etnología Vasca (1964-1979) y la creación del Grupo Etniker de Navarra, adscrito a la Cátedra.

Luces y sombras (1980-2012)

El euskera se incorpora a los planes de estudios universitarios

En 1980 se situó al frente de la Cátedra la filóloga vasca Ana Echaide, quien se había incorporado a la misma a mediados de los setenta con el inicio de una nueva línea de trabajo para rescatar formas dialectales del euskera. Tras unos años de ausencia regresó y tomó el relevo a Barandiaran y, su propia formación como filóloga, “le permitió completar el ámbito investigador de la Cátedra, hasta ese momento centrado en la etnología, con estudios de lingüística y filología. Recogió mucho material de campo y trabajó para el Atlas lingüístico de Euskal Herria de Euskaltzaindia”. Y es que, tal y como destaca Larraza, “la historia de la Cátedra es la historia de sus directores; cada uno imprime su sello”.

En aquella época desaparecieron los cursos de euskera. “Hablamos de comienzos de los ochenta, y ya hay academias de euskaldunizacion de adultos, ikastolas, luego llegó el modelo D a los centros públicos… Y la universidad abandona la enseñanza de euskera y retoma su cometido más estricto”, expone Larraza, que recuerda que con la llegada de Echaide se introdujeron por primera vez asignaturas en euskera como optativas para los estudiantes de la licenciatura de Filología Hispánica. En el ámbito investigador, la labor de Barandiaran fue continuada por Mª Amor Beguiristiáin, que como su maestro también dirigió la Cátedra entre 2002-2012.

Esta institución vivió su época dorada a mediados de los noventa. “Los nuevos planes de estudios divieron las asignaturas en obligatorias, optativas y de libre configuración. Esta enorme apertura de los planes de estudios, que permitía cursar asignaturas de otras facultades, benefició a las carreras de Letras. Se crearon títulos propios y diplomas en estudios vascos, artísticos, filosóficos o contemporáneos”, explica Larraza. En concreto, el Diploma de Estudios Vascos se implantó en el curso 1994-95 y constaba de 60 créditos. “Aunque no fueron muchos los que lo terminaron hubo muchísimos los que cursaban algunas asignaturas. Por ejemplo recuerdo que en mi asignatura (Historia y Cultura Vasca) llegué a tener 80 alumnos en clase”, destaca. Al mismo tiempo nació Abarrots, un grupo de estudiantes implicados en la difusión del euskera, que organizaron diversas actividades (bertsolarismo, txalaparta…).

Pero llegó el Plan Bolonia y con él los problemas. “Las carreras están mucho más cerradas en su planificación, tienen mucha menos optatividad y están volcadas en la internacionalización. Este cambio ha perjudicado a muchas áreas como la Arqueología, los estudios franceses y por supuesto, los vascos”, reconoce Larraza. Con la desaparición del Diploma de Estudios Vascos, al reducir a 48 créditos la optatividad de los grados de Letras, la Cátedra es consciente de que debe darle una vuelta a la docencia. “El plan Bolonia también supuso un mayor cierre en el trasvase entre facultades de ahí que todo lo que es la cultura vasca debe buscar las rendijas que dejan los planes de estudios”, señala Larraza.

Retos futuros (2013)

Mayor apertura a la sociedad

Sabedores de que su núcleo está en la Facultad de Filosofía y Letras, la Cátedra ha retomado asignaturas tradicionales como Historia, Etnología o la Lengua y Cultura Vasca y su objetivo es incorporar el próximo curso nuevas materias como Didáctica de la Lengua del Eusjera y Arte Contemporáneo Vasco. “Vamos a armar un itinerario de 24 créditos que son paquetes de asignaturas optativas, no tienen categoría de diploma. No es una especialización sino quizá una orientación”, resume Larraza. Este itinerario se convertirá en mención para los grados de Educación, como hay de lengua extranjera o atención a la diversidad. “Este ámbito es minoritario y tendrán que pasar unos años para que coja fuerza. Tenemos alumnado suficiente para que salgan adelante. Ahora solo la pueden cursar alumnos de los la Facultad de Letras y Periodismo, pero nos gustaría que alguna tuviera la categoría de transversal para llegar a otras facultades, en especial al mundo de Ciencias, con muchos alumnos del País Vasco”.

Aparte de reorientar e impulsar la docencia, la Cátedra quiere potenciar su relación con la sociedad navarra y realizar actividades con otras instituciones vinculadas a este mundo. “Las clases se complementarán con charlas, excursiones, cursos… La idea es que suene por varios lados, salir fuera. Tenemos dos alumnos internos euskadunzaharras que están muy implicados y quieren promover grupos de conversación en euskera y tienen ilusión de crear un grupo de teatro”. En cualquier caso, concluye, “no se trata de inventar nada sino de mirar atrás y coger todo lo bueno que se ha hecho”.

Diario de Noticias, 10/11/2013