Xabier Mina, eslabón de la libertad e igualdad

tomás urzainki
Homenaje a Xabier Mina

El próximo sábado 9 de noviembre, en la plaza Xavier Mina de Arrosadia, a las 13 horas -antevíspera del doscientosdos aniversario de su asesinato a los 28 años, el 11 de noviembre de 1817-, tendrá lugar el acto de recuerdo homenaje a él, que fue jefe de los ejércitos independientes populares en Navarra y en México, así como el primer contemporáneo, y euskaldun, que se alzó en su querida Pamplona/Iruña en defensa de los Derechos Humanos, de la Libertad y la Igualdad, frente a los conquistadores y el absolutismo, el 25 de septiembre de 1814. Igualmente, a las 11 horas, en Otano (valle de Elorz).

Nació en Otano en 1789, sus padres fueron Juan José Mina, hijo del mismo pueblo, que fue regidor y diputado del valle de Elorz, y María Andrés Larrea, natural de Ezperun. Tras la escuela del pueblo, continuó sus estudios de Primaria y de la Escuela de Gramática en Pamplona, mientras se alojaba en casa de su tía Simona Espoz, casada con Baltasar Sainz. Esta etapa pamplonesa, de los 10 a los 17 años, fue decisiva para la formación de la personalidad y la consolidación de los valores de Xavier Mina. De sus maestros conoció los principios de la Ilustración, que después defendería toda su vida, como son la libertad y la igualdad de las personas, la lucha por la independencia y contra la tiranía, los derechos humanos, del ciudadano y del bienestar de la humanidad. Lo que puso de manifiesto ya de estudiante universitario en Zaragoza, al encabezar a sus compañeros en 1808 en los disturbios contra Godoy cuyo retrato fue arrojado a la calle.

La sociedad pirenaica venía ejerciendo y defendiendo las libertades y derechos que le pertenecen en su propio Estado soberano, organizada con el respectivo sistema jurídico y constitucional, viéndose seriamente afectada por la injerencia hegemonista, ajena y pertinaz. Xavier Mina dio generosamente su vida por defender el respeto de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, impedidos por la monarquía española, entre los que expresamente se hallan que: los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos;que la finalidad de toda asociación política -empezando por el Estado- es la conservación de los derechos imprescriptibles del hombre -que son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión-. La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás;la ley es expresión de la voluntad de la comunidad, todos los ciudadanos tienen derecho a colaborar en su formación, sea personalmente, sea por medio de sus representantes, debe ser igual para todos, sea para proteger o para castigar;ningún hombre puede ser acusado, arrestado y mantenido en confinamiento, excepto en los casos determinados por la ley, y de acuerdo con las formas por ésta prescritas;ningún hombre debe ser molestado por razón de sus opiniones, ni aún por sus ideas religiosas, siempre que al manifestarlas no se causen trastornos del orden público establecido por la ley;siendo necesaria una fuerza pública para garantizar los derechos del hombre y del ciudadano, se constituirá esta fuerza en beneficio de la comunidad y no para el provecho particular de las personas a las que ha sido confiada;una sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de poderes determinada, no tiene constitución.

Mina simboliza la resistencia continua del pueblo navarro frente a la conquista, que conlleva también, entre otras cosas, la imposición de la ideología dominante, jerárquica y machista, del injusto patriarcado y de su inhumana religión. Se puede observar que al tiempo de la muerte de Xavier Mina comienzan los primeros síntomas de la polarización política interna de la sociedad navarra, que ha durado hasta hoy. La división de la sociedad navarra, a partir de entonces, ha impedido la necesaria unidad “de los navarros en la defensa de sus libertades, libertades aún más dignas de amor que la propia vida”, según difunde el monumento a los Fueros levantado en 1903. Los homicidios de los que fueron víctimas casi todos sus compañeros oficiales, voluntarios como él, y la continuidad de las fratricidas guerras civiles hasta hoy son efectos de ello. Xavier Mina representa en Navarra nuestro eslabón cortado, hasta ahora ocultado, de la defensa -después de tanto tiempo frustrada- de los Derechos Humanos, y lo que a la vez supone el inicio de dos siglos de feroz persecución y de taimada negación de los mismos. Las tareas para seguir recuperando su memoria comenzaron en las conmemoraciones del reciente bicentenario, comprendidas entre los 11 de noviembre de 2017 y 2018, del citado crimen por los serviles de Fernando VII de España. Así, por fin en Navarra -en México ya estaba reconocido- se consiguió en 2017 erigir el monolito en Otano, lugar de su nacimiento, y que el Ayuntamiento de la capital haya bautizado en 2018 con su nombre la plaza construida delante de la Universidad Pública de Navarra, el lugar más idóneo, ya que la guerra napoleónica truncó su vocación universitaria. La vida de Xavier Mina es el necesario ejemplo, y símbolo, que como nadie lo encarna, de la defensa permanente y actual de los Derechos Humanos de la sociedad conquistada, especialmente en Navarra y México, a la vez que en las naciones pirenaicas y americanas, a cuya emancipación se entregó.

Tomás Urzainqui Mina