Visigodos y vascones

Roger Collins insiste en la dificultad de determinar el alcance de la denominada cultura visigótica, que en ningún caso parece superar el carácter de un hecho liviano; un elemento humano, el visigodo, configurado, más por las coyunturas históricas en que hace acto de presencia, que por rasgos específicos que puedan definir una identidad. Con independencia de un origen escandinavo, fuertemente modificado con la aportación de elementos dispares, a pesar de germanos, no deja de responder al esquema predominante en las invasiones de la primera Alta Edad Media, sin rebasar los límites de un grupo dominante que se impone en determinados espacios del Imperio romano, al fallar la autoridad de Roma.

El mismo Collins destaca la artificiosidad de la cultura hispana por constituirlos en los fundadores de España como Estado y Nación, en la medida en que pretendieron implantar su dominio en los más amplios espacios territoriales de la Península. En los tiempos que siguieron a la islamización e implantación de la cultura árabe, el núcleo de poder político originado junto al Cantábrico, que culminaría con la constitución y expansión del Estado castellano, se arrogó la representación de una supuesta legitimidad gótica y cristiana que pretendió convertir en instrumento ideológico justificativo del proyecto nacional español. La referida pretensión imbuyó el imaginario español y ha llegado a tiempos recientes, los mismos del calificado nacional-catolicismo de Franco, hecho puesto de relieve por Collins igualmente.

Resulta fácil entender el sesgo goticista presente históricamente en el imaginario histórico español como componente básico de la cultura alto-medieval peninsular. Llamativamente este factor sigue contando con mayor predicamento que la aportación de la cultura arabo-musulmana, a pesar de su autoctonía y desarrollo cronológico de mayor amplitud y cercanía. Con todo, en el presente las atribuciones culturales hechas a los visigodos en los tiempos gloriosos de la historiografía decimonónica han sido desmontadas, exceptuadas las muy cualificadas de los tesoros de Guarrazar y alguna otra. Los planteamientos de Collins en decenios anteriores -culminación, en definitiva, de estudios abundantes, recientes y anteriores, impulsados por una revisión de la Historia de perspectiva racional- no han sido rebatidos. Los datos y elementos de juicio tienden a descartar la autoría visigótica de construcciones y necrópolis; sin que hasta el momento haya podido determinarse una tipología específica de arte y cultura visigótica. Con tales hechos no deja de sorprender la calificación -en ningún caso caracterización- de visigóticos que se otorga a determinados hallazgos alto-medievales que se producen en el territorio de la Comunidad Foral de Navarra (CFN). La expresión de cronología visigoda para establecer su contexto cultural, es, cuando menos, inadecuada. Equiparable a calificar en un futurible tiempo a hallazgos arqueológicos de nuestra época como de cronología norteamericana… (?).

Es más lamentable tal actitud, cuando las mismas fuentes filológicas evidencian la contundencia de una realidad humana en el referido espacio con idiosincrasia específica, el mundo vascón -aquitano al norte del Garona-. La generalidad de los estudiosos y expertos coincide en este punto. Corrobora esta valoración la realidad de los numerosos hallazgos que vienen sucediéndose desde finales del siglo XIX, correspondientes al ámbito vascón o aquitano, diferenciado del franco y de cualquier adscripción a los godos. Entre estos hallazgos se inscriben la necrópolis de Argaray en Iruña, de la que se pretendió forzar su pertenencia a los visigodos, aunque sus materiales en general, incluidas armas, responden a rasgos autóctonos. Con posterioridad han aparecido sepulturas en el claustro catedralicio -cristianas, dicen-, las encontradas en la plaza del Castillo, último episodio de los siglos oscuros, por no decir nada de la necrópolis bajo el Palacio del Condestable. Todo ello, sin mencionar Buzaga, en Elorz, y tantas otras, en tal abundancia que de haber sido visigodas Iruña contendría más restos de esta cultura que Toledo o Toulousse. Lo cierto es que de haber existido mayor interés por parte de los responsables culturales de las instituciones de la CFN tales hallazgos permitirían disponer de unos recursos de primer orden para determinar lo que sea la historia de nuestra Nación navarra, que para nuestra mala suerte es despreciada y ocultada.

Mikel Sorauren