De joven derechista a preso izquierdista

Ramón Bengaray nació en Garralda el 2 de febrero de 1896, siendo el 4º de los 5 hijos de Justo Bengaray, maestro del pueblo, y una joven de Ustés llamada Juana María Zabalza Balisa. El apellido paterno procedía de Baja Navarra, donde se documenta al menos desde el siglo XVII con la forma Behengaray, y de allí pasó a Ibiltzieta, donde nació Justo. Tras el devastador incendio de Garralda en 1898 el padre fue destinado como maestro a Monreal, donde falleció dos años después, y la familia hubo de emigrar a Pamplona, a donde llega en 1905. Ramón se emplea entonces como oficial de imprenta, oficio que ejercerá toda su vida.

Trabajó como tipógrafo en Diario de Navarra, al tiempo que aparece vinculado a las juventudes del Partido Integrista, una escisión del carlismo caracterizada por su ideología derechista, y que en Pamplona contaba con su propio periódico, “La Tradición Navarra”. Es en este diario donde se recogen probablemente sus primeras apariciones en prensa, cuando Ramón tiene 15 años (22-2-1911), como perteneciente a un grupo de jóvenes actores que interpretan obras cómicas en el Círculo Integrista. Pero su ideología se escora rápidamente hacia la izquierda, y enseguida se verá envuelto en un suceso que marcará su trayectoria. En 1919 publica un artículo de opinión en el diario obrero “La Protesta”, en el que critica duramente a las élites del país, califica la guerra de Marruecos como “infamante” y “comedero de cuervos”, y dice del rey que “solo sabe jugar al tenis y jalearse en las cacerías”. Todo ello le valdrá un juicio por injurias al rey y una condena de 8 años de cárcel. Recibió sin embargo muchas muestras de solidaridad, y hasta Diario de Navarra juzgó excesivo el castigo. Sin duda alguna, Ramón había dejado amigos entre los periodistas del diario donde había trabajado, y ello valió para que, durante cierto tiempo al menos, este periódico le brindara su apoyo. Aunque fue pronto indultado, todavía años después, en un recital que dio en la cárcel de Pamplona, recordará este episodio cantando: “Yo que sé lo que se goza/ al salir de esta mansión/ Os deseo “pa” muy pronto/ tan inefable emoción”. Aquel mismo año 1919, con 23 años, se casa con una joven riojana residente en Pamplona, Ramona Zapatero, con la que tendrá 5 hijos.

Una persona sensible y emprendedora

En 1926 abre una imprenta en la calle Nueva nº 97, que enseguida trasladará a Mayor 86 (actual 44), convirtiéndola en un floreciente negocio, donde durante años se editan todos los impresos municipales y hasta los programas de San Fermín. Paralelamente, Ramón tiene gran presencia social en la ciudad. Es pelotari asiduo al mítico frontón de la Mañueta, futbolista aficionado y hasta directivo de Osasuna entre 1931 y 1935. Es socio fundador de instituciones pamplonesas aún vivas, como la peña “Los Irunshemes” (1917), “Los Amigos del Arte” (1918) bajo cuya presidencia se alcanzaron los 300 socios y se estrenaron locales, y el club Larraina (1932), primera piscina de Iruñea. Fue además un gran filántropo, colaborando en cuestaciones para la Inclusa, las Cantinas Escolares o el Santo Hospital, así como en homenajes a los compositores Larregla y Fermín Irigaray, al aviador Ruiz de Alda, al director del Orfeón Remigio Múgica etc.

Pero una de las facetas más importantes de Ramón Bengaray fue la de cantante. Fue barítono solista del Orfeón Pamplonés, y como tal dio conciertos en Pamplona, San Sebastián, Oviedo, San Juan de Pie de Puerto o Lourdes. Actuó en el último recital del Gayarre antes de su derribo, cuando aún se encontraba en la Plaza del Castillo (1931), y en la Semana Navarra de Barcelona en 1929. Actuó ante la actriz ruso-argentina Berta Singerman en su gira de 1929, y en 1932 ante el mismísimo presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora. Fue también jotero reputado y hasta actor de Zarzuela, destacándose las “facultades portentosas de su flexible voz” (Diario de Navarra, 20-9-1932).

Militante de izquierdas

Con lo hasta ahora relatado, podemos asegurar que Ramón Bengaray hubiera podido pasar a la historia de su ciudad como un personaje reconocido y popular. Pero Bengaray es además un activo militante de izquierdas, y esto en la Pamplona de los años 30 era muy peligroso. Fue miembro de Izquierda Republicana y presidente del Frente Popular en Navarra, obteniendo 33.719 votos en las elecciones de febrero de 1936. Diario de Navarra hace mucho que no ampara ya a su antiguo operario, y por aquel tiempo le acusa de ser “fomentador del paro obrero” por encargar trabajos tipográficos a una empresa donostiarra. El 5 de noviembre de 1935 participa en un mitin de Izquierda Republicana en el frontón Urumea de San Sebastián. El texto de las pancartas, minuciosamente transcrito por Diario de Navarra, lanzaba algunas proclamas cuasi-ilegales como “Viva la URSS”, junto a otras como “contra la rapiña de Italia en Abisinia”, “contra la pena de muerte” o “por la desaparición del fuerte de San Cristóbal”, que definen muy bien el ideario humanista del Frente Popular y del propio Bengaray.

El 9 de febrero de 1936, apenas 5 meses antes del golpe, Diario de Navarra publica un artículo incendiario, en el que se definen los postulados fascistas en Navarra como “gritos de alarma” y “briosos clarinazos” lanzados para “estimular el espíritu patriótico de los indiferentes”. En evidente contraste, afirma que “el que vote a la candidatura del Frente Popular vota por la libertad de los asesinos presidiarios” y por la “dictadura de la alpargata”, y en evidente señalamiento descalifica, uno por uno, a los líderes izquierdistas navarros. De Bengaray, concretamente, se dice que no es sino un “patrono” disfrazado de dirigente de izquierdas. Y es en este contexto cuando llega el golpe fascista. La última noticia sobre Ramón Bengaray es del 12 de mayo, cuando da un recital de jotas benéfico, uno más, a los internos del manicomio. Después de eso ya no hay nada más.

Una muerte anunciada

Diversos testimonios sitúan a Ramón Bengaray el 18 de julio en el Gobierno Civil, en una reunión celebrada para organizar la resistencia democrática, aunque pronto se vio que era inútil. Sabiéndose buscado por los fascistas, Ramón se refugia en casa de unos amigos pero finalmente tiene que huir, y toma el camino de Francia. Es localizado en Ostiz, durmiendo entre unos matorrales, y llevado detenido a Pamplona. Olvidándose de su impecable trayectoria vital, los diarios locales del 22 y 23 de agosto relatan su captura en un tono entre triunfal y jocoso, refiriéndose a Ramón como “destacado y significado extremista” e incluso como “pajarraco”. A partir de ahí todo son especulaciones. Algunos testigos dijeron ver cómo los pistoleros fascistas “paseaban” a Bengaray por la calle Nueva, para asesinarlo cerca del Rincón de la Aduana. Otros sitúan su muerte el 3 de agosto en Lanz o el 24 del mismo mes en Astrain, cerca del Perdón, o en las Bardenas. Y una anciana orfeonista me contó, hace ya algunos años, que Ramón murió cuando los requetés quisieron obligarle a ponerse una boina roja. Ante su negativa, se la metieron por la fuerza en la tráquea hasta matarlo por asfixia. Sea como fuere, su tumba nunca ha sido encontrada.

Ramona, sus cinco hijos y un hermano de la viuda, que también se encontraba en peligro, pasaron a Francia y de allí a Barcelona, donde los dos hijos mayores, de 15 y 16 años, se enrolaron en el ejército republicano. Perdida la guerra pasaron a Narbona, pero en 1939 y con el inicio de la Segunda Guerra Mundial tuvieron que volver a Pamplona donde la familia, con sus antecedentes y ante la nueva legalidad, se encuentra en el mayor desamparo. Para que la imprenta no fuera incautada por los fascistas Ramona la había puesto a nombre de un pariente, y posteriormente padecieron un boicot y el robo de 104 plumas estilográficas y cierta cantidad de dinero. En esta coyuntura, los 5 hijos y Ramona emigran a Argentina y posteriormente a Venezuela, donde vivieron el resto de sus días. Allí será donde uno de sus hijos, Manuel Bengaray Zapatero, escribirá una completa semblanza de su padre, recogiendo muchísimos datos familiares, sin los cuales no hubiera sido posible recuperar la figura injustamente olvidada de este interesante y multifacético personaje pamplonés.

Joseba Asirón en Diario de Noticias