Patrimonio / Ondarea

Valtierra reinicia los trabajos para recuperar los restos del castillo

Restos arqueologicos en Valtierra

Restos arqueologicos en Valtierra


El Ayuntamiento de Valtierra ha promovido una nueva intervención arqueológica para la recuperación de los restos del castillo de origen musulmán de la localidad que comenzó a finales del pasado mes de octubre. La fortaleza se localiza en pleno casco urbano de Valtierra y en su máximo esplendor contó con foso defensivo que hoy se ha convertido en calles y viales urbanas.

El lugar ha estado ocupado desde la protohistoria hasta el siglo XVI. Las fuentes documentales hablan de Valtierra como plaza defensiva desde la época islámica, continuando posteriormente, en época cristiana, con la perduración de un recinto defensivo. Sobre el terreno, con una superficie de entorno a los 3.000 metros cuadrados, parecen apreciarse exiguos indicios de vestigios constructivos que parecen pertenecer al recinto amurallado. Podrían conservarse evidencias del cerco amurallado del Castillo bajo medieval, como lienzos de la muralla, del torreón, de viviendas, calles, accesos al recinto, dependencias, aljibes, bodegas, y otros elementos con los que pudiera contar el emplazamiento medieval, así como restos de otros periodos históricos.

La intervención, dirigida por los arqueólogos Juan José Bienes Calvo y Óscar Sola Torres, forma parte del Plan de excavaciones y prospecciones arqueológica de la comunidad Foral de Navarra.

las excavacionesLa excavación se enmarca en la fase inicial del proyecto, siendo el primer paso el tratar de conocer la dispersión de los restos arqueológicos sobre el terreno, para continuar con la realización de diferentes sondeos arqueológicos que permitan conocer el estado de conservación de los restos así como su cronología.

El año pasado, 2018, se realizó el estudio geofísico mediante georradar que ha permitido obtener una radiografía del subsuelo, mostrando evidencias de diversas estructuras y otros restos arqueológicos que se conservan en el subsuelo. Este estudio de georradar, vino asociado a la realización de los 3 primeros sondeos arqueológicos, que constataron la presencia de restos arqueológicos en buen estado de conservación distribuidos por distintos puntos del terreno.

Por todo ello, el Ayuntamiento de Valtierra promueve la continuidad de los trabajos arqueológicos, al objeto de incrementar el conocimiento histórico del Castillo de Valtierra, así como por su interés en evaluar el estado de conservación y las características constructivas de los restos arqueológicos conservados (potencia estratigráfica, alzado de las ruinas, estado de los materiales constructivos, tipo de fábrica, etc.).

El lugar conserva un gran potencial para su puesta en valor y poder convertirse en un futuro en un reclamo turístico y cultura de la localidad.

Se ha planificado una campaña de excavación que se inició a final de octubre y prevé prolongarse unas cuatro semanas.

Diario de Noticias,  03/11/2019


 

HISTORIA DE LA PELOTA: Un ejercicio antropológico con la pelota como herramienta

2019-10-15, Donostia. "Una historia de la pelota" liburuaren aurkezpena, Jose Antonio Azpiazu egilea.

15-10-2019, San Sebastiá. Presentación del libro "Una historia de la pelota" y el autor Jose Antonio Azpiazu

2019-10-15, Donostia. "Una historia de la pelota" liburuaren aurkezpena, Jose Antonio Azpiazu egilea. 15-10-2019, San Sebastiá. Presentación del libro "Una historia de la pelota" y el autor Jose Antonio Azpiazu


Casi por casualidad, las referencias a una gran apuesta de pelota en Flandes en 1530, con 2.000 ducados en juego, abrió la espita para que José Antonio Azpiazu se sumergiera en los archivos y diera con documentos inéditos, la mayoría de juicios y pleitos que, con la pelota como hilo conductor le sirven para este ameno ejercicio antropológico.

Con el adjetivo «vasca» como apellido, la pelota ha sido, desde siempre, un elemento muy arraigado a nuestra cultura. Sin embargo, fue un episodio sucedido a miles de kilómetros, en la Flandes de 1530, el que prendió la mecha para que José Antonio Azpiazu (Legazpi, 1944) se embarcara en una aventura que ha terminado en «Una historia de la pelota. Del siglo XVI a la revolución de Chiquito de Eibar», un ejercicio antropológico que, con la pelota como hilo conductor, el historiador ha plasmado en un trabajo editado por Txertoa.

«Un tal Diego de Tobalina de- bía a Pedro de Mimenza nada menos que 2.000 ducados, una fortuna para la época. Tobalina, quizá con ánimo de recuperar parte del dinero, apostó, y perdió 1.000 ducados en un solo partido, que disputó con el bergarés Domingo de Irazabal, allí en Flandes».

Tirando del hilo, pleitos y juicios, la mayoría con las apuestas y el juego de por medio, han proporcionado a Azpiazu abundante documentación para un libro que, según el editor, Martín Anso, «trata un tema atractivo, con mucho material inédito que le ha permitido un trabajo de investigación riguroso, pero no solo para especialistas, sino que es muy ameno para el público en general».

Esa documentación ha llevado a Azpiazu a acotar su trabajo a la edad moderna, pero un documento fechado en 1511 invita a sospechar que en Markina, localidad que con el tiempo fuera conocida en todo el mundo como cuna de puntistas, se jugaba a pelota en la Edad Media. La limitación de las apuestas por parte del corregidor en una fecha tan temprana hace que no resulte aventurado afirmar que jugar a pelota, y apostar, fue algo habitual en la Edad Media.

Pasatiempo de nobles

Las referencias más antiguas con el juego de la pelota, de juegos directos, procedentes de algunas de varios lugares de Europa, se han mostrado atentas a las clases altas, lo que lleva a pensar que la práctica de este pasatiempo era casi privativo de la burguesía y la aristocracia en la Edad Moderna.

Sin embargo, en un pleito de Toledo en 1571, la defensa alega que ha visto jugar a «a muchos caballeros, e a otras personas» personas que, si no eran caballeros, cabe pensar que formaban parte del pueblo llano. Además de abrir ese abanico de sospechas, este juicio sirve también para describir otra de las grandes características de este trabajo, en el que abundan anécdotas y personajes peculiares, lo que, al mismo tiempo, permite mostrar «un reflejo de la sociedad, en la que la pelota tuvo una gran importancia».

Aristócrata contra monjas

El caso trata de las monjas de Santo Domingo el Real de Toledo, que solicitaron se prohibiera jugar a pelota en la calle del convento, según la priora porque «se practica el juego de la pelota en las paredes de dicho monasterio que salen al dormitorio y coro, de manera que ni pueden dormir las monjas –140 en aquel entonces–, ni las enfermas tienen reposo». El alcalde y el corregidor terminaron prohibiendo la práctica de la pelota en dicho muro y se ordenó que «los peloteros no den pelotas para ella, so pena de 10.000 maravedis», algo que no fue muy del agrado de algunos nobles.

Pero el clero no siempre ha estado reñido con la práctica de la pelota. De hecho, el apartado de «curas pelotaris» ocupa un capítulo entero del trabajo, con casos tan significativos como el de Pedro de Irigoyen, párroco de Artaxoa en 1635, quien causó «gran escándalo» por jugar en plaza y calle pública, y en una ocasión en la que jugaba a pala, se desembarazó de la sotana para moverse mejor. Fue amonestado y se le requirió que dejara de jugar, algo a lo que se negó, y terminó excomulgado.

Sin embargo, son las apuestas las que más ejemplos de la importancia que la pelota tuvo en la sociedad nos ofrece. Sonado fue el caso de un partido que se jugó en Oiartzun en 1775, cuatro años después de que Carlos III publicara la Real Pragmática, destinada a controlar el abuso del juego. Tras confirmar el corregidor que en partidos anteriores se habían quebrantado «en grande exceso de las cantidades jugadas –el límite estaba en 30 ducados–, apuestas y traviesas, como en juegos de suerte tenidos por posadas y casas particulares», se jugó un partido de gran ambiente, en el que «fusileros y alabarderos encargados por el alcalde a que no solo tuvierasen limpia la plaza, sino también sobre si había o no apuestas y traviesas, para tomar la providencia conveniente».

Canchas «con mejor sitio para el frontón que para la iglesia», el caso de Hernani, donde el Ayuntamiento llegó a prohibir que se trillara en el frontón, porque se estropeaba el enlosado, o el grave conflicto en Lantziego en 1813, a raíz de un vecino que se negaba a devolver las pelotas que se colaban en su casa, son solo algunos ejemplos de los que recogen en un libro que se cierra con la revolución personificada en Chiquito de Eibar.

GARA, 19/010/2019