Patrimonio / Ondarea

Las centrales hidroeléctricas de Orotz-Betelu y Olaldea

turbina_oroz-betelu

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Las centrales hidroeléctricas de Orotz-Betelu y Olaldea en el río Irati constituyen dos importantes muestras del Patrimonio Industrial en Navarra. Todavía en funcionamiento, por su antigüedad, más de cien años de actividad, y por su belleza constructiva, interior y exterior, deberían ser objeto de protección

El descubrimiento y desarrollo de la electricidad que se produjo en la segunda mitad del siglo XIX tuvo una influencia decisiva en el desarrollo de la sociedad moderna. La electrificación no solo fue un importantísimo proceso tecnológico, sino que supuso un verdadero cambio social de implicaciones extraordinarias, comenzando por el alumbrado de ciudades y pueblos, siguiendo por grandes cambios y mejoras en los procesos industriales (la aparición del motor eléctrico puede considerarse como el responsable de la llamada segunda revolución industrial) y en las comunicaciones (telegrafía, telefonía, radio etc). Un hecho fundamental fue descubrir que la electricidad podía producirse aprovechando la fuerza del agua para hacer girar una turbina que conectada a una dinamo iba a poder convertir la energía mecánica en eléctrica. De esta forma, muchos de los pequeños saltos hidráulicos de molinos harineros, batanes y ferrerías iban a transformarse y constituirse en productores de energía eléctrica.

A finales del siglo XIX y principios del XX se formaron en Navarra, como en todo el mundo, múltiples sociedades que adquiriendo el derecho de aprovechamiento de las aguas de sus ríos, instalaron centrales para la producción de electricidad en muchos de ellos. El río Irati fue uno de los grandes protagonistas, llegando a poseer hasta una docena de instalaciones, pertenecientes a distintas sociedades. Dos de las más antiguas, las de Orotz-Betelu de 1901 y Olaldea de 1913, aún siguen activas más de un siglo después. Como vamos a ver, ambas centrales se crearon a expensas de dos sociedades diferentes, Electra Irati la primera y Múgica, Arellano y Cía. la segunda. Hemos relatado en otros trabajos que la Papelera Navarra creada en 1847 y con sede principal en Atarrabia poseía, además, desde 1894 una fábrica de pasta de papel en Olaldea, barrio perteneciente al municipio de Orotz-Betelu. Y tanto en la Electra Irati como en la propia Papelera, tenía gran peso como accionista el ingeniero villavés Serapio Huici. Finalmente, tras la creación de Papelera Española SA, que incluía las instalaciones de La Navarra en Villava y Olaldea, éste gran trust papelero terminaría adquiriendo ambas centrales eléctricas en 1917. Setenta años después, en 1988, fueron vendidas a EHN (Energía Hidroeléctrica de Navarra SA) y en la actualidad son explotadas por Acciona.

La historia de la más antigua de las centrales del Irati comienza en julio de 1900 cuando se constituye en Pamplona la sociedad mercantil anónima Electra Irati. Entre sus socios se encontraban, entre otros, el ingeniero Serapio Huici, el médico Joaquín Gortari, el comerciante José Irurzun y el abogado Miguel Uranga. Previamente, en febrero de ese mismo año, la sociedad colectiva Huici y Uranga había adquirido los derechos de explotación de un salto de agua en jurisdicción de Orotz-Betelu. En el mismo acto de su constitución, Electra Irati compró esos derechos a sus accionistas Serapio Huici y Miguel Uranga por 16.000 pesetas. El proyecto inicial, luego ligeramente modificado, constaba de una presa situada en el río Irati en el término de Arrepraiz del barrio de Olaldea y de un canal de 1.888 metros que discurriría por la orilla derecha del río, terminando éste en una pequeña cámara reguladora.

Desde allí, una única tubería de un metro veinte de diámetro interior, que en su final se bifurcaría en dos, alimentaría las dos turbinas Voith de árbol horizontal, con sus correspondientes dinamos de corriente alterna. Como gran novedad, se instalaron tres transformadores Schucker, sumergidos en aceite, los primeros en el estado, capaces de elevar la potencia de dos mil a veinte mil voltios, potencia necesaria para poder llevar la corriente hasta la fábrica de papel de Villava. El cable de 32 kilómetros de longitud, sostenido cada 40 metros por postes de roble y pino, iba por Muniain, Nagore, Zazpe, Ozkaritz, Erredin y siguiendo Eguesibar hasta Atarrabia. Tras alimentar a la papelera continuaba hasta la fábrica de electricidad que la empresa La Electricista tenía en el barrio pamplonés de la Magdalena, junto al Molino de Caparroso y a quien también debía suministrar.

Disponía, además, de un transformador para suministrar corriente para el alumbrado del propio pueblo y de un motor trifásico capaz de poner en movimiento su molino harinero. La instalación se completó con una línea telefónica con 4 estaciones sistema Hunting, la central primaria en Orotz y terminales en la fábrica de pasta de Olaldea, en la de Villava y en La Electricista de Pamplona. Como testimonio escrito del comienzo de la producción de electricidad, el 10 de Noviembre de 1901 el Alcalde D. Francisco Lecumberri y Oroz editó un, cuando menos curioso, bando que decía textualmente: “Hago saber: que desde ayer día nueve del actual se transmite la corriente eléctrica hasta la Fábrica de Villava por el cable que está instalado de la central de esta jurisdicción hasta dicha fábrica de papel; y el que tocase dicho cable quedará instantáneamente carbonizado en el acto a cenizas. Lo que hace saber para que nadie alegue ignorancia de lo que le sucederá si toca el expresado cable”. Apenas un año después, en diciembre de 1902, la recién constituida sociedad Papelera Española que agrupaba a una buena parte de las fábricas de papel del estado, arrendó todas estas instalaciones descritas a la Electra Irati por 80.000 pesetas anuales durante veinte años. Eso implicaba que Papelera Española debía asumir todas las obligaciones adquiridas con el Ayuntamiento de Orotz, con la sociedad del molino y con La Electricista. Como no podía ser de otra forma, el motor de esta operación había sido, una vez más, Serapio Huici, accionista importante de ambas sociedades.

La noche del día nueve de mayo de 1914 una chispa en uno de los transformadores de aceite, ocasionó la explosión del mismo. Las llamas se extendieron por todo el edificio rápidamente, sin que los intentos de sofocar el fuego surtieran efecto. En apenas cuatro horas de la fatídica noche, la sala de máquinas quedó totalmente destruida. El teléfono quedó inutilizable y un mensajero tuvo que bajar, raudo, hasta la central de Artozki para desde allí dar aviso del siniestro al Sr Doria, en aquel momento director de la fábrica de Villava. Al amanecer, éste partió en automóvil hacia Orotz; para entonces las llamas habían cesado.

No se había salvado absolutamente nada, solo quedaban en pie las humeantes paredes. Por suerte no hubo daños personales, pero las cuantiosas pérdidas se calcularon inicialmente en más de cien mil pesetas. Tras la reconstrucción de la instalación y varios años antes de cumplir los veinte del contrato estipulado, en 1917, el arrendamiento a Papelera Española se convirtió en compra por el precio de un millón ciento sesenta mil pesetas. Más de tres décadas después, en 1951, se dotó a la Central de un nuevo motor, cuya potencia superaba a la de los tres iniciales en su conjunto, se colocó un segundo tubo desde el depósito y se amplió el edificio quedando como está en la actualidad.

Corría el año de 1910 cuando Papelera instalaba una novedosa máquina de papel continuo en la factoría de Olaldea y dentro de sus objetivos de expansión y reorganización estaba pensando en una gran planta papelera en Errenteria. Las necesidades de energía eléctrica iban a multiplicarse para lo cual se puso en contacto con la sociedad Múgica, Arellano y Cía que era la concesionaria de los derechos del aprovechamiento de agua del Irati entre Garralda y Olaldea. Esta compañía ya tenía proyectada una central eléctrica en Olaldea, para lo cual, incluso, había comprado ya los terrenos al propietario oroztarra Leopoldo Garmendia.

400.000 pesetas
La compra de la concesión y del proyecto ya casi redactado, le costó a Papelera la nada despreciable cantidad de un millón cuatrocientas mil pesetas. En dicho proyecto, la presa que alimentara el canal debía situarse en el término de Betebi, perteneciente al Ayuntamiento de Garralda justo debajo de Ariztokia, en donde se encontraba el molino propiedad de la Sociedad La Garraldina. Además, una buena parte del canal iba a recorrer terrenos comunales de Garralda por lo que el Ayuntamiento de dicha localidad exigió como contrapartida el suministro de alumbrado público al pueblo, a su escuela, su casa consistorial e iglesia. Por la concesión del aprovechamiento de las aguas, La Garraldina exigió a Papelera la instalación de la maquinaria y la energía eléctrica para la puesta en marcha de un nuevo molino, esta vez situado en pleno núcleo urbano de Garralda. El resto del canal, de una longitud total cercana a los cuatro kilómetros, hasta Beroki en Olaldea debía hacerse por terrenos comunales de Orotz.

La realización de las obras de la presa de Betebi, canal y casa de máquinas se encargó a la empresa constructora Erroz y San Martín constituida en 1911 por Melchor San Martín, su hijo Julio y Secundino Erroz. Melchor San Martín, cantero de Iriberri Deierri instalado en Olaldea desde la construcción de la Fábrica de Pasta en 1894, tenía además comercio de comestibles y panadería. La empresa de construcción fundada por él y su hijo, todavía activa, ha llegado a adquirir gran prestigio. Desde el depósito un gran tubo metálico de un metro de diámetro alimentaba en una caída de 50 metros los tres grupos de turbina y alternador de 500 caballos de potencia cada uno. La casa de máquinas fue construida con todo lujo de materiales y detalles al estilo de la época. Magnificas vidrieras, entarimados, paredes de azulejos decorados, que junto con las turbinas, transformadores e instrumentos de medida forman un fantástico conjunto de gran valor patrimonial que, además, se conserva en magníficas condiciones. Una de las turbinas Voith Heidenheim (la nº 4839) hoy día, cien años después, todavía es puesta en funcionamiento cuando se considera necesario.

La central de Olaldea comenzó a producir el 1 de agosto de 1913 con Bibiano Nicolás Noain Monaut como encargado del cuadro general y sus primos Pedro y Martín Noain Lecumberri como ayudante de la Central el primero y como Guarda del canal el segundo. Sólo un año después, Papelera cerraba su factoría de Olaldea, con la consiguiente pérdida del trabajo de casi doscientas personas. A partir de entonces fue la Central hidroeléctrica el único lugar donde trabajar por cuenta ajena. A lo largo de una buena parte del siglo XX la Central dio trabajo a más de una docena de empleados simultáneamente que, en turnos, mantenían activa la producción las 24 horas del día.

Para el resto de habitantes sólo quedó la emigración o la precaria economía de subsistencia del caserío. A finales de los años cuarenta, Papelera puso en marcha, en unión con la sociedad El Irati, las centrales de Irabia y Betolegi que quedaron interconectadas con las de Olaldea y Orotz Betelu. Desde ésta última se levantó una línea de alta tensión que a lo largo de más de setenta kilómetros, atravesando los valles de Erro, Baztan y la cuenca del Bidasoa, llevaría la corriente hasta la planta papelera de Errentería. También, como la de Orotz, la central de Olaldea fue ampliada en los años sesenta, con la colocación de un segundo tubo y nuevos motores. Todas estas centrales y la citada línea de alta tensión siguen funcionando en la actualidad, siendo propiedad de Acciona. Hoy totalmente automatizadas, un único empleado se encarga del mantenimiento y correcto funcionamiento de todas ellas.

En el año 2000 se creó un Plan Nacional de Patrimonio Industrial, amparado en la Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español. En dicho plan se hizo un listado con las 46 actuaciones que se consideraron prioritarias en vías de su protección, listado que se publicó en 2001. En Navarra figuraron dos propuestas: el Trujal de Cabanillas y las Centrales Eléctricas del Irati, especificándose que quedaba pendiente de completarse la documentación. En la revisión del plan realizada en 2012, se confirman las actuaciones en 26 de los 46 lugares propuestos. Nada se sabe, ni se ha sabido, de las propuestas sobre las centrales del Irati. Es más, durante ese periodo algunas de ellas fueron demolidas antes de proceder al llenado del embalse de Itoitz. Quizás haya llegado el momento de que desde el Gobierno de nuestra comunidad se tomen medidas en aras a la protección, conservación, uso y divulgación de estos importantes lugares de nuestro patrimonio industrial. La Central de Orotz Betelu por ser la más antigua de las existentes en el Irati y la de Olaldea por su extraordinaria belleza constructiva tanto exterior como interior, sin duda se lo merecen.

Bibliografía básica

‘Orotz-Betelu y Olaldea, una historia industrial a orillas del Irati’. V.M. Egia. Editorial Nabarralde. 2011

Víctor Manuel Egia Astibia/Sociedad de Estudios Iturralde Elkartea – Diario de Noticias, 24 de Diciembre de 2016


 

Asiron denuncia el hallazgo de restos arqueológicos abandonados en almacenes municipales

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El Ayuntamiento de Pamplona entregará al Servicio de Patrimonio Histórico del Gobierno de Navarra para su conservación 14 cajas con restos arqueológicos encontrados en almacenes municipales en un armario «sin identificar ni catalogar». Por lo tanto, ha dicho, «no se encontraban guardados en condiciones que garantizaran ni su integridad ni su conservación».

El hallazgo se ha producido durante los trabajos de inventariado del patrimonio material, artístico e histórico que permanece apilado en los almacenes municipales y que comenzó a realizar el Consistorio a principios de este año con la finalidad de «ponerlo en valor», según ha explicado en rueda de prensa el alcalde de Pamplona, Joseba Asiron.

Los materiales encontrados proceden de las excavaciones arqueológicas realizadas en la plaza de San Francisco con motivo de la construcción del aparcamiento subterráneo. Son objetos de épocas romana, medieval y moderna. El listado, elaborado por técnicos de la Sección de Arqueología del Gobierno de Navarra, recoge 163 objetos y fragmentos entre los que hay jarras, ollas, moldes, tazas, cántaros, botellas, cerámicas, escudillas y platos junto a elementos como un candil, una paleta de albañil, una azada o un hacha. «Arqueólogos que nos acompañaron destacan algunas piezas como vistosas y de buena calidad», ha expuesto Asiron.

«INTERESANTE CONJUNTO DE MATERIALES»

Según ha explicado el alcalde mostrando las respectivas fotos, los restos arqueológicos fueron encontrados en cajas de cartón que se almacenaban en un armario de madera sin ningún tipo de señalización, envueltos en papeles de periódico y mezclados con objetos de otras épocas también sin catalogar (la ubicación del almacén se ha omitido por razones de seguridad). «No se trataba de un depósito o un almacén arqueológico sino de un almacén donde se guarda material desechado», ha añadido. Al comprobar el contenido de las cajas, ha relatado, el Ayuntamiento contactó con técnicos de la Sección de Arqueología del Gobierno de Navarra que, tras cursar la preceptiva visita, en el mes de julio, emitieron un informe detallado.

En este trabajo, fechado a finales de agosto, se aclara que los restos encontrados proceden de las excavaciones arqueológicas realizadas por la empresa de Arqueología Trama S.L., previa autorización de la Dirección General de Cultura-Institución Príncipe de Viana, del 17 de febrero al 15 de mayo de 1992 por la construcción del aparcamiento subterráneo de la Plaza de San Francisco. El informe continúa indicando que como resultado de dicha intervención se localizaron diferentes estructuras y ocupaciones del espacio urbano, que arrancando en la época romana tuvieron su máximo apogeo a partir del siglo XVI. Además, ‘al mismo tiempo fueron exhumados un interesante conjunto de materiales arqueológicos’, parte de los cuales se exhibieron en julio de aquel año en la Ciudadela y que son los que han aparecido en las cajas.

HACE 24 AÑOS

El Decreto Foral 218/1986, de 3 de octubre, que regula la concesión de licencias para excavaciones y prospecciones arqueológicas determina que finalizada la intervención, en un plazo máximo de 12 meses, deberán entregarse los materiales arqueológicos aparecidos, acción que llevará a cabo el Consistorio próximamente para que sean custodiados en el almacén de Arqueología de la Dirección General de Cultura «24 años después de aparecer». «Esto no se produjo en su momento», ha dicho.

Durante ese tiempo, Asiron ha indicado que los restos han permanecido guardados «en condiciones que no han garantizado ni su integridad ni su conservación» ya que el almacén no reunía aspectos de temperatura y humedad adecuados. Según el alcalde, «es especialmente lamentable deterioro que presentan los objetos metálicos que, después de décadas de abandono, presentan un aspecto hojaldrado, han tenido pérdida de masa, están semidesmenuzados». «Destacaba una reja de arado medieval que está prácticamente destrozada», ha añadido.

Asiron ha manifestado que «ha habido una clara dejación en el deber de custodia y entrega de los materiales a cargo de los responsables originales», y ha criticado «la profunda desidia, el abandono y el desinterés de los sucesivos gobiernos de UPN han demostrado por este importante patrimonio, actuación que retrata de manera muy clara lo que han sido los ejes fundamentales de UPN en materia de cultura en los 24 años en que han dirigido los destinos municipales de esta ciudad».

LABOR DE INVENTARIADO EN LOCALES MUNICIPALES

El Consistorio cuenta con 77 locales susceptibles de almacenar material propiedad del Ayuntamiento, según los datos recogidos por los servicios técnicos que están trabajando para obtener información sobre lo que existe, conocer su estado de conservación y proceder a su inventariado. Los trabajos comenzaron a principios de año y la localización y puesta en valor de los restos arqueológicos de las excavaciones de la Plaza de San Francisco suponen la segunda de las acciones de calado de esta tarea, tras la localización de cientos de libros que se anunció en marzo (entre ellos los 1.100 ejemplares de ‘Pamplona-Iruña, imágenes y palabras’ que fueron repartidos entre la ciudadanía y centros públicos el pasado mes de abril).

Con esta iniciativa el Ayuntamiento quiere «inventariar esos espacios, labor en la que están involucradas ya todas las áreas, para crear una herramienta de consulta que permita aunar en un registro común todos los bienes de propiedad municipal». Está previsto que estas tareas, dada la magnitud de las cifras, se prolonguen durante toda la legislatura.

Diario de Noticias, 10/09/2016