Patrimonio / Ondarea

Errozabal, la gran derrota de Carlomagno

Xabier Irujo

Xabier Irujo


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Xabier Irujo presenta ‘778: La batalla de Errozabal en su contexto histórico’, una investigación que retorna a las fuentes originales y desmiente cuestiones de la batalla de Roncesvalles, como el asalto de los vascones a la retaguardia del ejército carolingio.

La derrota del ejército de Carlomagno en Errozabal -conocida como la batalla de Roncesvalles- en el año 778 por parte de los vascones supuso un varapalo psicológico, social y político para el monarca. Tanto es así, que los cronistas francos no contaron lo que allí sucedió hasta 50 años después de la propia contienda y hasta varias décadas después de la muerte de Carlomagno (814). Es más, el investigador Xabier Irujo afirmó ayer que todavía se sigue negando que llegase a haber una batalla, o que esta no fuese más que una “escaramuza”.

Irujo acaba de publicar una nueva investigación al respecto, titulada 778: La batalla de Errozabal en su contexto histórico-se trata de un resumen de un estudio más amplio en inglés que le ha llevado ocho años, y que nombra de forma provisional como de The battle of Roncesvalls-, con nueva información y desmintiendo muchas afirmaciones que han llegado hasta la fecha.

Entre ellas, Irujo rechaza que los vascones emboscasen la retaguardia del ejercito del monarca: “En aquella época Carlomagno no era Carlomagno, ni tampoco era un emperador, era un rey que se llamaba Carlos”, afirmó el investigador y director del Center for Basques Studies de la Universidad de Nevada, Reno (EEUU), en la presentación de su libro en Donostia.

Irujo, hijo del político nacionalista Pello Irujo, así como descendiente del histórico Manuel de Irujo y de Andrés de Irujo -fundador de la editorial argentina Ekin, que es la que ha publicado 778: La batalla de Errozabal en su contexto histórico-, recordó que el objetivo de la campaña del futuro emperador era la de desarrollar la Marca Hispánica. Es decir, crear un “reino tapón” en los Pirineos, adscrito al reino franco, para evitar el avance musulmán. Para ello, negoció con los valíes -reyes musulmanes- del valle del Ebro que querían independizarse del Emirato de Córdoba.

Además, para poder desarrollar ese “tapón” tomó por las armas la Vasconia Peninsular, que no es otra que Navarra, conquistando Pamplona en su campaña. Posteriormente, marchó hasta Zaragoza, pero su valí, Hussain ibn Yahya al-Ansari, no abrió las puertas, y negó haber llegado a ningún acuerdo previo con Carlos.

Esto provocó que las dos legiones que conformaban el ejército de 20.000 combatientes -cada legión estaba conformada por 10.000 hombres, de los cuales 6.000 pertenecían a la infantería, 1.000 a la caballería y 3.000 eran asistentes- tuviesen que retroceder hasta la capital navarra, que fue finalmente destruida bajo las órdenes del rey “para evitar futuros levantamientos”. Tras arrasar Iruñea, se internó en Errozabal, donde fue emboscado por los vascones, tanto peninsulares como continentales, que se suponían subyugados por los francos. “Que se utilice el término vascones en genérico y no vascones navarros nos hace pensar que Lupus Otxoa, rey de la Vasconia Continental, participó en aquella batalla”, asegura.

Volver a las fuentes originales
Irujo ha recurrido para su investigacion a fuentes originales en latín. En este sentido, aseguró que versiones posteriores sobre la batalla habían sido influenciadas por fuentes literarias que habrían, de alguna manera, deformado los hechos. El investigador recordó cómo ya a finales del siglo XVII, el cronista del Reino de Navarra, Josep de Moret, escribió Castigaciones a la historia de Juan de Mariana, en la que rebatió varios hechos que Juan de Mariana afirmó a principios de esa centuria sobre la batalla: “Moret denunció el ilícito uso de varias fuentes literarias por parte de Mariana y la negación de fuentes históricas que sí existían”.

En este sentido, Moret criticó varias afirmaciones de Mariana como que los musulmanes participaron en la batalla, que esta no fuese más que una escaramuza o el hecho de que fuera un ataque sobre la retaguardia. “Incluso varios autores han propuesto varios lugares donde pudo haber ocurrido la batalla lejos de Errozabal”, comentó el historiador.

Precisamente, la referencia a la presencia musulmana en el bando vascón tiene su origen en La Chanson de Roland, pero Irujo desmintió esta presencia dado que no existe ninguna crónica franca ni árabe que afirme dicha cuestión. El investigador, con más detalle, afirmó que las fuentes musulmanas ni siquiera citan la batalla porque “no les concernía, no participaron en ella”.

Tomando las fuentes originales y traduciéndolas del latín, acompañadas por las últimas investigaciones arqueológicas hechas en la zona -de forma determinante el hallazgo de la vía romana que conectaba Luzaide con Auritz, por parte de Aranzadi-, Irujo arroja nueva luz a la batalla de Errozabal. “La principal razón que se argüía para ubicar la batalla en otro lugar es que no había una vía romana”, explicó Irujo.

Se trataba de un camino boscoso de catorce kilómetros de longitud entre los dos citados enclaves y que en su parte más ancha medía cuatro metros y en la más corta dos. Eso provocó que los 20.000 hombres de Carlos tuviesen que ir en hilera por ese angosto camino conformando una fila de entre once y catorce kilómetros. La velocidad media de aquel ejército, además, era de 8,5 kilómetros al día, lo que conllevó que tuviesen que hacer el trayecto en dos jornadas. Los vascones se aprovecharon de esto para “emboscar” a las unidades, pero no en la retaguardia, como se ha solido afirmar, sino que en “todo lo largo de esa extensión”.

La fuentes francas consultadas por Irujo hacen referencia a la batalla que tuvo lugar en el puerto de Zize, entre Ibañeta y Luzaide, y en “eso fueron muy precisas”. Los vascones utilizaron a su favor la desigualdad del terreno, “atacando desde arriba en un paso estrecho de montaña”, y aprovecharon su armamento. Los vascones portaban azconas -lanzas cortas-, que utilizaron como proyectiles, y no piedras, como se pensaba hasta ahora.

Los atacantes provocaron “una batalla campal” y un “ataque cuerpo a cuerpo”, según recogen las fuentes en latín, hecho que desmiente que la contienda fuese una mera “escaramuza”. La ligereza de los movimientos de los vascones, frente a unos carolingios ataviados con ropajes para la lucha en campo abierto, fue lo que, a juicio de Irujo, determinó la batalla.

No se atacó la retaguardia
El historiador insistió en desmentir la versión que dice que los vascones no atacaron la retaguardia y se hicieron con el tesoro del ejército. A partir de tratados militares de aquel tiempo, ha conseguido saber en qué posiciones marchaban los ejércitos cuando debían pasar por caminos angostos y dónde se situaban el tesoro real o las provisiones.

“Siempre y en todo lugar y en todo momento histórico”, detrás de la vanguardia viajaba el rey y detrás de este marchaba la impedimenta. Las fuentes francas indican que el ataque se produjo detrás de la caravana de provisiones, por lo tanto, los vascones arremetieron al “cuello”, aunque “todo el ejército” fue afectado. “El ataque a la retaguardia viene de la leyenda de La Chanson de Roland que coloca a Carlomagno fuera del epicentro de la batalla para poder exonerarlo y hacer ver que no estuvo y, por lo tanto, no fue vencido”, explicó. Pero, según estas investigaciones, Carlomagno sí fue derrotado y “huyó precipitadamente del campo de batalla”. Irujo explicó que si bien la marcha de la tropa fue de 8,5 kilómetros al día, la velocidad de la huida de Carlomagno hasta que llegó a Herstal, en Bélgica, “se ha calculado científicamente” que fue de 27 kilómetros por jornada.

Las consecuencias
La derrota en Errozabal provocó ciertas consecuencias en Carlomagno. La primera, psicológica, dado que creyó que había perdido el favor de dios -fue una de las pocas batallas que perdió en su vida-. Por ello, al llegar a Herstal, su hogar de nacimiento, solicitó la bendición de la Iglesia y también nuevos fondos.

Además de estas consecuencias económicas y psicológicas, la derrota también tuvo consecuencias políticas, dado que hubo ciertos alzamientos en Sajonia, que fueron atajadas con “mucha sangre” y “violencia”, al tiempo que “Vasconia y Aquitania también se liberaron, en cierta manera”.

La cruzada
Irujo también destacó que la de la Marca Hispánica fue la una de las primeras contiendas europeas “vestidas” como Cruzada de la Historia: “No se registra la palabra cruzada pero Carlomagno se preocupa de que el Papa bendiga la campaña”, aseguró. De esta manera, La Chanson de Roland permite que se convierta en una “cruzada contra el Islam, uniendo elementos propios de la reconquista”.

Y es que de acuerdo con la leyenda, es Santiago quien se le aparece a Carlomagno en un sueño para que emprenda esta campaña. “Todo esto se genera a partir de la política, es esta la que forja la leyenda”, expuso.

Carlomagno, genocida
Irujo, a su vez, se mostró receloso con la visión de Carlomagno como “padre de Europa” y trajo a colación investigaciones de Raphael Lemkin, experto en estudios sobre el genocidio, que dejó por terminar antes de morir una Historia del Genocidio en el que dedicaba un capítulo al propio Carlomagno.

Según Lemkin, la “política imperial” de este “fue genocida”, dado que el poder de su reino se basó “en suprimir los patrones culturales de los pueblos subyugados”. Carlomagno dicto Capitulares -leyes- muy estrictas que tenían como objetivo aplicar una política de “tierra quemada” y no solo conquistar las naciones militarmente, sino también “las almas” de los subyugados.

Diario de Noticias, 25 de Julio de 2018


 

Las pruebas documentales de que el euskara es la ‘lingua navarrorum’

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«Las otras gentes creían que no se podía escribir/ahora han comprobado que estaban engañados. Euskara, sal al mundo». Este texto, plasmado por Bernard Etxepare en su libro ‘Linguae Vasconum Primitiae’ (1545), es uno de los escritos que a lo largo de dos mil años han evidenciado los estrechos vínculos entre los navarros y su lengua, el euskara. Una exposición muestra algunos de esos documentos en el Archivo General de Nafarroa.

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Estela de Lerga, en la que aparece el término en euskara ‘ummesahar’ (primogénito).

«Ummesahar, hijo de Narhunges, a su hijo Abisunhar». Estas palabras, grabadas en piedra hacia el año 150 en una estela localizada en la localidad de Lerga, están consideradas, por el momento, como el testimonio escrito más antiguo del euskara. En realidad, se trata de una inscripción en latín, pero el primer término, escrito en la lengua de la tierra, hace referencia al primogénito en la lengua de los vascones.

Con la citada estela y el ara de Uxue, de la misma época y en la que se cita al dios Lacubegi, una deidad vascona, arranca la exposición ‘Navarrorum, dos mil años de documentos navarros sobre el euskera’, una muestra amena y muy exhaustiva que se puede visitar en el Archivo General de Nafarroa hasta el 31 de diciembre en horario de 10 a 14 horas y de 17 a 20 horas.

A lo largo de seis apartados, que se ofrecen en paneles informativos o en vídeo en unas pantallas, la muestra recorre esos dos milenios de historia, realizando en cada fase un resumen del devenir del euskara en el correspondiente periodo del pasado, al que acompañan referencias de diferentes documentos del momento en los que aparece citado el euskara. Incluso es posible ver algunos de ellos físicamente en la exposición.

Como un testimonio especialmente curioso figura un texto árabe del libro Rawd al-Mitar, situado hacia el año 950 y en el que se explica que en la Iruñea de la época «la mayoría hablan vasco, lo cual les hace incomprensibles». El geógrafo denomina a esa lengua como ‘al-baskiya’.

Otro de los hitos por este recorrido documental, probablemente el más conocido, es el pergamino de Aralar, del año 1167 y en el que aparece la expresión «linguae navarrorum», la lengua de los navarros, en referencia al euskara.

Entre los textos citados más habitualmente, se ha hecho un hueco preponderante la carta de Matxin de Zalba, del año 1416 y en la que dos altos funcionarios del rey Carlos III el Noble se intercambian una misiva escrita en parte en euskara.

A partir de esa época, llegó el momento en el que se empezaron a imprimir libros en euskara. El primero es el ya citado de Etxepare, al que se sumarían más adelante el ‘Nuevo Testamento’ de Lizarraga, que vería la luz en 1571 y del que se puede contemplar un ejemplar en la muestra. También se exhibe un ejemplar de ‘Guero’ (1643), de Axular, en el que aparece el término Euskal Herria referido a los territorios que comportan la lengua vasca.

Otro documento que muestra los indisolubles vínculos del euskara y los navarros tiene como protagonista a San Francisco de Xabier, quien señala en una carta que escribió en 1544 que habla la lengua vizcaína (como se conocía entonces al euskara), «la mía».

También aparecen más documentos que recogen cómo los tercios de soldados navarros exigían en 1653 capellanes que supieran euskara y aseguraban que si les asignaban alguno que no dominara esa lengua, «no le ha de pagar su sueldo ni parte alguna de él». En otro caso, el obispo de Iruñea le señalaba al rey español en 1676 que para ser prior de Uxue se necesitaba saber esa lengua.

En el siglo XVIII se iba a incrementar la persecución del euskara, lo que generó su retroceso social y geográfico. A pesar de ello, en la siguiente centuria, concretamente en 1811, el general napoleónico Reille, responsable de Nafarroa durante la ocupación francesa, lanzó un bando en el que ofrecía 6.000 duros por la captura o muerte del guerrillero Espoz y Mina, y esa proclama se tuvo que publicar en euskara para hacerla comprensible a toda la población de la capital. Al siglo XIX también corresponde una carta del tenor Julián Gayarre escrita en 1884 en euskara roncalés.

Con estos documentos va finalizando este repaso de dos mil años, que, como se señala en el folleto de la exposición, pone en evidencia que «el euskera ha sido la esencia cultural de Navarra y Navarra ha sido, a los dos lados de los Pirineos, el eje dinamizador del mundo del euskera».

Gara, 2017/10/10