Opinión / Iritzia

Las motivaciones de nuestros corsarios

tomás urzainki

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Los corsarios actuales de la costa labortana, investidos con sus trajes, y tocados de los peculiares sombreros de la Ordre des Corsaires Basques, en San Juan de Luz, Donibane Lohizun, y Ziburu, pronuncian sus juramentos de investidura anualmente en la Mairie de la primera, tras el homenaje que rinden -en el mar a bordo de tres barcos- a los corsarios y marinos fallecidos, con canciones y coronas de flores, así como la celebración de su solemne Misa de los Corsarios, cantada en euskera, en la iglesia de San Juan, magnífica con sus balconadas interiores de varios pisos de coros de madera, recuerdo patrimonial de la gran carpintería naval y civil de nuestro país, a rebosar de incondicionales al acto. Se conmemora a los corsarios y pescadores, de bacalao y cazadores de ballenas, pues según llegaran las épocas de guerra o de paz practicaban uno u otra profesión, así lo muestran tanto en la ofrenda con los ejemplares recién pescados de atún, anchoa…, como en las espadas exhibidas en los actos que evidencian la memoria de estos heroicos marinos. En los actos del último capítulo, celebrado el domingo 23 de septiembre de 2018, estuvieron acompañados, entre otras delegaciones, por cuatro representantes de la Cofradía del Queso de Roncal con sus trajes roncaleses, como invitados preferentes.

Quiénes eran aquellos corsarios a los que ahora se rememora y reconoce sus méritos, con boato, admiración y respeto. Nos hacen presente la bravura y eficacia con la que en realidad defendieron su libertad y la de los demás, frente a la depredación y tiranía global desarrollada por los conquistadores, beneficiándose eso sí de los apresamientos de los galeones que bajo pabellón de su católica majestad conducían el botín procedente del saqueo de las América a través de los mares hacia Europa. Actuaban, no solo para lucrarse, sino justificados por luchar en defensa de la libertad de tránsito y comercio, frente al monopolio impuesto por los imperios ultramarinos bendecidos por la Iglesia de Roma.

Entre las cuestiones que se pueden plantear, quién estaba detrás de ellos, quién era el gobernante de nuestros corsarios, quién les extendía la patente de corso, con quién repartían el fruto de sus aprehensiones;en la práctica estuvieron tanto al servicio del rey de Navarra al principio, como después del de Francia y Navarra. Los violentos hechos sobre la destrucción el año 1558 de la ciudad de San Juan de Luz y su puerto por los españoles, que según dijeron la ejecutaron para impedir la presencia de “los franceses” en las tierras del Golfo de México y por el abordaje de los barcos cargados de oro, plata y riquezas. También la quisieron presentar, en el colmo del cinismo conquistador, como que fue una lucha de navarros contra “franceses”, aunque, eso sí, mandados los primeros por el virrey español en Navarra, duque de Alburquerque.

La Administración Pública central de los reyes de Navarra desde 1512 hasta 1620 tenía dos ubicaciones: la de los Estados independientes del Reino de Navarra y de la Soberanía de Bearne en Pau, mientras que la de los Señoríos como Labrit-Albret y las Gobernaciones como Labourdi y otras estaban en Nerac. En 1453 los ejércitos de La Corona de Francia conquistaban la Vasconia norpirenaica y su costa contra las tropas británicas-gasconas-vasconas, quedando independientes Navarra y la Soberanía de Bearne con sus respectivos territorios hasta 1621. Mientras que en 1512 el general inglés Dorset, a la cabeza de un ejército británico de más de diez mil soldados, acampaba en Gipuzkoa por invitación de Fernando el Católico para en teoría conquistar juntos la Vasconia norpirenaica. Este monarca felón los utilizó como peones, sin ellos saberlo, en los movimientos estratégicos de la guerra de conquista española de la Alta Navarra. A partir del siglo XIII los barcos y los hombres de la Navarra marítima peninsular están al servicio de Castilla, que la había conquistado en el año 1200, por lo que en los intentos españoles de conquistar toda Navarra dichos barcos están al servicio de los conquistadores y comienzan por enfrentarse a los barcos de Lapurdi. Los pacíficos marinos desde los puertos de las villas costeras de Lapurdi se vieron obligados a practicar el corso como defensa, a la vez que obtenían el reconocimiento de nuevos derechos que se añadían a los conservados durante el dominio inglés de trescientos años, iniciado en 1151.

Aquí la actividad corsaria y la patente de corso surge y coincide en el tiempo con las conquistas de Navarra y de México por Castilla, habiendo constancia ya de antes de la relación pacífica de Navarra con México. Los numerosos corsarios, con nombres como Cabarrus [Caparroso], Larralde, Araneder… El patrocinio de la futura reina Margarita de Navarra en 1522 a la acción corsaria sobre las tres carabelas que conducían en sus bodegas el tesoro de los aztecas, del último emperador Guatimocin para Carlos I, desviado a Normandía. En 1527 una galera de Capbreton ayudada por las de San Juan de Luz y Biarritz apresó dos barcos cargueros españoles. Los ejércitos españoles habían invadido y arrasado pueblos y villas en 1512, 1522 a 1524 y 1527;a pesar de sus reiterados ataques no pudieron acabar con la independencia navarra. Ello generó por la parte navarra la necesidad de un perfeccionamiento de la organización defensiva. Así la construcción de la plaza fuerte de Navarrenx y los muelles de la base naval corsaria de Donibane, terminadas de construir en 1548. El florecimiento literario del euskera alcanzó en este puerto comercial y corsario las más altas cimas, con escritores como Axular, tomando el testigo del inicial surgimiento en el ámbito de los reyes de Navarra con Etxepare o Leizarraga. Hasta no hace mucho los vecinos del puerto corsario de Ziburu acudían al Monasterio de Urdax para sus necesidades religiosas y allí eran enterrados como todavía consta en las lápidas de sus tumbas. Desde 1621 hasta 1789 los reyes de Francia lo son también de Navarra, y nuestros corsarios tienen la patente de corso del rey de Francia y de Navarra, por lo que su bandera es roja con las armas de Navarra y Francia. Al igual que la bandera roja navarra arrebatada al barco que la llevaba por Antonio Oquendo, negrero y almirante de la armada española, actualmente depositada en el museo de San Telmo.

Tomás Urzainqui Mina


 

La oreja nacional

anjel_rekalde

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La existencia del euskera lleva a maltraer a los españoles. Es un sinvivir, un quebranto. Pueden comprender que seamos atávicos, cavernícolas y otras lindezas que nos dedican, pero se les atraganta que, con lo rústicos y primitivos que somos, utilicemos una lengua tan difícil y esotérica. Admirose un portugués de ver que en su tierna infancia todos los niños en Francia supiesen hablar francés… Es posible que, más que luso, el admirador del verso fuera hispano.

Hace una semanas ocurrió en el diarioABC, de arraigada tradición monárquica, que abrió portada con la noticia de que se pretendía imponer el idioma vasco en La Rioja. No importa que haya o no algo de verdad en la información. Basta con que algo suene a hereje y se levanta una hoguera. Por lo visto, alguien del PSOE incluyó en su programa electoral una alusión al valor patrimonial de los documentos de San Millán de la Cogolla, monasterio medieval donde se conservan las Glosas Emilianeses, a las que se considera el primer testimonio escrito del castellano y el euskera. A partir de ahí, según contaba ABC(y se escandalizaba), con ese programa se pretendía normalizar el euskera en el Estatuto y hacerlo obligatorio en La Rioja, como en Navarra (sic). Resulta bochornoso observar cómo la mera alusión a unas notas medievales en euskera ha servido de posta lobera, de munición, de acusación, de anatema. Se ve que el tema da votos;o superioridad moral;o una versión paralela del a por ellosen tierra española. Nuestro idioma les es una peste, una lacra. Terrible el odio y la execración que nuestra identidad les despierta. En cuanto al aprecio o el respeto a otras culturas, llevan el fascismo como traje de gala.

A la par, tampoco el diario El Paísse resiste a esta malquerencia histórica. Esta semana es Antonio Elorza quien ataca el carácter nacional de nuestra lengua (así titula su escrito: La lengua nacional). Más sutil que ABC, se las da de analista y experto en nuestra materia colectiva… sin que ello impida burlarse de nuestra existencia y desacreditar el uso del euskera. Así, con ese humor de sal gorda, de ocho apellidos vacunos, nos explica que “a partir del Neolítico el homo pirenaicus vasco, según contaba alguien en broma, no estuvo solo, acompañándole la vaca pirenaica”. Sentido del humor le llaman. Creo que en El País proponen que nos acompañe la cabra de la legión, más culta, progre, cosmopolita y, desde luego, ibérica.

También, a propósito de la campaña de Euskaraldia, descubre tufillo racista en esta iniciativa, que le viene ya desde Sabino Arana y de Ibarretxe, pues en el rol de belarriprest percibe el eco del discriminatorio belarrimocha(sic). Fácil juego de palabras. Al Elorza se le ve la oreja.

Pero donde quizás más se le ve la patilla es cuando adjudica a Sabino Arana la mala intención de usar el euskera para “crear la diferencia”. No;hemos leído bien;no se trata de que sea tu idioma, de que lo uses en comunidad aunque esté colonizada, que represente tu infancia, emociones, recuerdos y añoranzas, tu mundo interior, y el social, y sea tu vida y memoria, tu cultura, tu modo de interpretar la realidad que nos rodea… Para el homo paranoicus de El País lo esencial(sic) de la lengua vasca es la estratagema del nacionalismo de utilizarla diferencia para marcar el terreno de la soberanía. Parece que para Antonio Elorza España sigue siendo aquello de la unidad de destino en lo universal;y ¡claro!, lo diferente le desmonta la primera condición, la unidad, la premisa unitaria. Joseantoniano. Insisto: ¡se le ve la oreja!

Angel Rekalde (Nabarralde)