Opinión / Iritzia

Hace 99 años nació la -muy vasca- Caja de Ahorros de Navarra

Ramón doria Bajo

Ramón doria Bajo


Decir que La CAN era una institución muy vasca es decir la verdad pura y llanamente. Y decirlo alto y claro no constituye, o mejor dicho, «no debería constituir» ningún pecado histórico. El verdadero pecado es el de intentar borrar u obscurecer la realidad. La basconidad de Navarra era patente desde su nacimiento hasta su madurez así tuviera que contemporizar con gobiernos Estatales y Locales proclives a borrar toda huella de tal condición. Sin más preámbulos les dejo con el primero de los artículos que se refieren al sentimiento de hermandad que anidaba en La Caja de Ahorros de Navarra con respecto a las vascongadas.

La CAN ¡¡REFUNDÉMOSLA!!

Pongámonos en contexto. Tras la primera guerra carlista la Ley de Modificación de Fueros de 1841 había dado un buen palo a la autonomía foral, quintas, jueces, nombramiento de autoridades etc., pasaron a depender del Estado Central y hasta la frontera estatal pasó del Ebro a los Pirineos.

Explica Amín Malouff en su ensayo Identidades asesinas que cuando una identidad se intenta abolir desde el exterior, ésta se refuerza en el interior de la persona por un acto reflejo de rebelión. Así debió de ocurrir por aquel entonces con la basconidad de Navarra, pues en 1893/4, cuando el ministro español Gamazo intentó modificar el régimen fiscal navarro, se armó la marimorena: La Excma. Diputación inició las protestas y Navarra entera se sumó a ellas manifestándose por doquier. Gamazo tuvo que recular y la victoria se plasmó en ese centenario monumento a Los Fueros que se ubica frente al Palacio de Navarra. Gayarre y Sarasate expresaban al mundo su condición euskaldun sin tapujos ni vergüenzas y el Gernikako Arbola sonaba en las fiestas desde La Ribera hasta los Pirineos. La iniciativa de crear La CAN surge en el II congreso de Estudios Vascos celebrado en Pamplona en 1920. Las tres provincias vascas contaban ya con su Caja Provincial respectiva.

Vimos en el artículo de los “Primeros Pasos” que todo movimiento se encaminaba hacia la provincias hermanas de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, allá se iba de continuo a por la experiencia respecto a Cajas de Ahorro; de allí vinieron los sistemas organizativos, los modelos de impresos, las normas laborales,…… y dicha tendencia se mantuvo prácticamente siempre incluso en épocas de marcado centralismo estatal (Según las actas revisadas hasta 1950 y según lo que yo pude apreciar mientras viví en Pamplona hasta 1990).

La relación de Navarra con Las Vascongadas -como no podía ser de otra forma, dadas las similitudes históricas, de lengua común y de tradiciones- era una relación natural de familia bien avenida y así se pone de manifiesto en multitud de Actas, algunas de las cuales entresaco en los párrafos siguientes:

En el acta del Consejo del 7 de diciembre de 1921 leemos:

“- Los comisionados a la Asamblea de Cajas en Vitoria dan cuenta de ella y se aprueban unas mismas bases a fin de que a su vez se aprueben por las respectivas Diputaciones del País Vasco-Navarro a fin de llevar una posición común en la asamblea de Madrid basada en los siguientes puntos:

1º La más amplia autonomía en la administración
2º Recaudación total de las primas o lo más posible
3º Si 2º no total, garantía estatal para lo no recaudado
4º Se reconozca el régimen autonómico de las provincias vascongadas y que las Diputaciones puedan bonificar en cantidad no menor que el Estado las libretas de capitalización.

– Por el momento se acuerda no entregar al Instituto Nacional de Previsión (INP) cantidad alguna a fin de hacer presión de cara a la negociación.” [Jugaban fuerte con Madrid ¡eh!]

En el acta de la reunión de la Comisión Permanente celebrada el 29 de agosto de 1924, podemos leer: “El director da cuenta de la reunión celebrada en San Sebastián para tratar de la Federación de Cajas Vasco-Navarras y en la que se aprobó la Federación con las bases presentadas por La Caja ligeramente modificadas” [La aportación era recíproca]

En el acta de la misma comisión del Consejo celebrada el 19 de febrero de 1926, leemos: “Para la próxima Asamblea de Federación de Cajas de Ahorros Vasco-Navarras a celebrar en Vitoria se comisiona al Sr. Director con el ruego de que insista en la conveniencia de conjuntar la representación de todos nuestros valores en Cartera a fin de acudir a las Juntas Generales y de Sociedades.” [La consabida unión que otorga fuerza de control y de negociación]

Y en el Consejo del 17 de diciembre de 1927 “El Consejero Sr. Huici informa de que la Banca y Cajas de Vizcaya suscriben 7 de los 10 millones emitidos por el ferrocarril Pamplona-Estella-Logroño no puramente como negocio sino como una subvención indirecta al Puerto de Bilbao, se discute si la Caja debe suscribir ½ millón como propone la Comisión Permanente ó 2 millones como propuso el Consejo. Por votación se acaba aceptando suscribir sólo ½ millón.”

He resaltado lo de «subvención indirecta» para hacer ver que la hermandad con el territorio vasco era habitual no sólo en lo cultural (Los donativos o subvenciones a entidades culturales de promoción del euskera y lo vasco eran habituales) sino también en lo económico. Todas esas complicidades y simpatías mutuas estaban mal vistas por la centralizadora dictadura de Primo de Rivera. Igual que ahora los partidos estatalistas miran con disgusto esas especificidades forales, sin pararse a pensar en los históricos porqués de las mismas.

Toda nueva actividad se intentaba ubicarla en el entorno conocido más afín, así el Consejo del 6 de agosto de 1930 acordó: “A la vista de los informes médicos se decide que la Colonia Infantil sea «marítima» y que al efecto de ubicarla adecuadamente se gire visita a las playas de Guipúzcoa y a la Colonia de Pedernales en Vizcaya”

Son tantas y tan variadas las ocasiones en que se observa esa relación de familia con las vascongadas, que no me ha quedado más remedio que poner aquí un CONTINUARÁ.

Ramón Doria Bajo


Los ancianos y La CAN

Ramón DORIA BAJO

Los ancianos, los mayores, la tercera edad… muchos epítetos pero poca consideración, antes y ahora. Menos mal que nos queda el ejemplo de unos tiempos en los que sí se les consideró. La Caja de Ahorros de Navarra se volcó con quienes eran los desamparados de una sociedad tan desigual y tan injusta como la actual, aquellos que aun habiendo dado todo lo mejor de ellos mismos, llegada su senectud, apenas tenían de qué mantenerse.

Los ancianos

Retrocedamos en el tiempo hasta 1919, fecha en la que La Ley del Retiro Obrero obliga a que los patronos aporten unas cantidades para sufragar la pensión que hoy llamamos de jubilación pero que entonces se llamaba de «retiro». Palabra esta última que a todas luces no indica alegría alguna, pues se retiran los trastos, lo que ya no sirve. Hasta esas fechas aquellos trabajadores que, por edad o imposibilidad física, ya no podían desempeñar su oficio, la sociedad no los consideraba y se olvidaba de ellos como de los trastos viejos y, los pobrecillos, habían de confiarse a la familia o a la caridad. Naturalmente, en aquellos tiempos, no se pagaban las bajas por enfermedad o maternidad ni el paro, ni…. En aquellos tiempos justo se iniciaba eso del «retiro obrero».

Así ocurría que multitud de ancianos malvivían pues sus magras soldadas como jornaleros no les habían permitido ahorrar nada para sobrevivir durante su vejez. Las Cajas de Ahorro eran instrumentos públicos de fomento y salvaguarda del ahorro como sistema de previsión para el futuro. Se iniciaba por aquel entonces lo que ahora nosotros conocemos como Seguridad Social. La vida era mucho más dura que ahora pues los logros sociales estaban todavía por conseguir. Fueron nuestros bisabuelos y abuelos quienes los consiguieron para nosotros.

Por todo eso las prioridades de La Caja en el primer año desde su fundación se dedicaron a esas cuestiones. Así podemos leer en el Acta de la sesión del 22 de Noviembre 1921, de la Comisión Permanente del Consejo de Admón. de La Caja lo siguiente: “Se acuerda visitar al Alcalde [De Pamplona] suplicándole que colabore en el cumplimiento de la Ley de Retiro y se pasa a Diputación un proyecto de condiciones de Subasta en la que se incluya la obligación de pagar el Retiro Obrero.”

Y en la de la misma Comisión del día 13 de Diciembre de 1921 lo siguiente:

“Ver en catastro los patronos agrícolas, y circular a todos los alcaldes de Navarra a fin de que afilien el personal de los Ayuntamientos. [No afiliaban a sus obreros ni los patronos ni los Ayuntamientos.]

Estudiar la situación en que están los obreros eventuales del ferro-carril del Norte; todos los del f/c de Plazaola y los que correspondan del Bidasoa.”

Un año más tarde en la sesión del 18-XI-1922, de cara a fomentar el ahorro, leemos: “Se acuerda sortear 1.300 Ptas. Entre las libretas 1er p: 500, 2º p: 200, 3º: 100, 5p de 50 y 10p de 25

Se acuerda conceder dos pensiones vitalicias de 2 Ptas. diarias a un anciano y una anciana nacidos y residentes en Navarra, que siendo pobres y observando buena conducta moral y religiosa sean los de más edad entre los solicitantes.”

En el Acta del Consejo celebrado el 2-VII-1927 leemos: “Reconstitución del Comité de Homenaje a la Vejez [Órgano que establece todo lo relativo a la concesión de pensiones a la vejez] de la siguiente forma: 2 representantes tanto de la Excma. Diputación de Navarra como de La Caja (Presidente y Secretario [A la sazón Uranga y Bajo]; el Alcalde de Pamplona; un representante del Sr. Obispo, del INP, de la prensa [Director del Diario de Navarra] y otro de las Sociedades de recreo de la Capital” Como puede apreciarse: Un comité altamente participativo en lo administrativo, institucional, religioso, social, informativo e incluso deportivo/cultural.

A los ancianos La Caja los consideraba como miembros de pleno derecho de la sociedad humana, como lo hacían y hacen todas esas sociedades qué, indebidamente, denominamos primitivas en las que los ancianos son venerados por su importantísimo caudal de experiencia (El senado, el sanedrín o la tuguna son cámaras de sabiduría por acumulación de experiencia). Sin embargo este mercantil mundo actual ha vuelto a considerarlos como trastos sin ningún valor productivo directo. Sin ir más lejos observamos que el 95% de las víctimas del COVID-19 son mayores de 65 años. La sociedad actual no implementa suficientes medios sanitarios para que los médicos no tengan ese terrible dilema de elegir atender a unos u otros de sus pacientes en función de la edad que tengan. Albert Camus en La Peste, dejo dicho: “cuando no se han dormido más que 4 horas no se es sentimental.» Simplemente la sociedad actual ha retrocedido en el campo sentimental, estamos como hace un siglo, volviendo a tener que reconquistar derechos fundamentales.

¿Pueden ahorrar algo para su vejez quienes apenas sobreviven? ¿Son dignas las pensiones de jubilación? ¿Es bueno que los planes de pensiones estén en manos privadas? Ya casi todo está privatizado (Agua, luz, teléfono, combustible,…) pronto se privatizará también la vida y la muerte, volveremos a la antigua Grecia de la isla de Ceos donde al cumplir los 60 años te entregaban la Cicuta. Parece que todos esos “adelantos” llegarán pero… ¿vamos bien?

No sirve de nada avanzar técnicamente si no se produce un avance paralelo en la universalidad de los derechos. Cada día que pasa se agudizan las diferencias sociales y más ancianos sufren indigencia. ¡Qué sociedad tan arrogante y tan vana hemos re-construido!

Ramón Doria Bajo


El ‘Gernikako’ y la orquesta del Titanic

Jose Mari Esparza Zabalegi

Jose Mari Esparza Zabalegi


El mundo parece hundirse y algunos andamos, como la orquesta del Titanic, tocando el Gernikako Arbola. Y así debe de ser, porque ante la nueva globalización que se anuncia, urge vivir, seguir haciendo país, crear fuertes identidades locales, hacer unidad popular y territorial. Patria es Humanidad, nos dijo José Martí. Salvar el mundo pasa por defender la casa común.

Son ya cientos los músicos, cantantes y agentes culturales que se han adherido al Manifiesto para recuperar el Gernikako Arbola como himno nacional de Euskal Herria. No es casualidad que la iniciativa haya tenido un apoyo especial en Iparralde y Nafarroa, territorios donde los vascos y vascas son mucho más sensibles a la unidad patria. De alguna manera, es un reto a nuestros hermanos vascongados, demasiado acomodados con su mayoría abertzale en su diminuto trozo del país, donde se ha encerrado, quizás ya para siempre, el corónimo Euskadi. Donde en EITB puedes escuchar expresiones como «País Vasco y Navarra» sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza. Donde puedes leer «El himno oficial vasco es el Gora ta Gora», como escribía estos días Anasagasti en la prensa, sin tener en cuenta que el Himno de las Cortes de Navarra es también un himno oficial, tan vasco, o más, que el otro.

La campaña está sirviendo al menos para poner sobre la mesa las ligarzas que disponemos para coser nuestro desvertebrado país. Y poder cantar juntos un himno nacional, como tener un mapa, un nombre o una lengua, es el mínimo para identificarnos, y que nos identifiquen, como pueblo.

Las respuestas habidas muestran la endeblez de los argumentos en contra, tan llenos de tópicos cuan carentes de la menor base histórica. Hay algunos, los menos, que preguntan para qué queremos un himno nacional vasconavarro. «Para cantar» es lo único que se te ocurre contestar, por no decirles qué más quieren nuestros dominadores que no nos pongamos de acuerdo ni para eso.

La pega más habitual que ponen otros, sobre todo en entornos de la izquierda abertzale, es que «es un himno religioso», o bien «que es un himno del PNV», lo cual no se sostiene si se mira la primera estrofa –que es la que siempre se ha cantado– con las gafas de doña Historia. Precisamente la izquierda siempre lo tuvo como un himno liberal, laico, internacionalista y pagano. Cantar al Árbol de la Libertad traía reminiscencias de la Revolución francesa, idea que –dicen– al propio Iparraguirre le inspiraron de las barricadas parisinas de 1848. Por eso no era del total agrado de una parte del PNV.

Es curioso que el periódico bilbaíno La lucha de Clases, órgano de la Federación Socialista y UGT, despreció entre 1900 y 1920 todos los iconos de la identidad vasca. Así, el Árbol de Gernika era «el alcornoque»; los Fueros «antigüallas»; el aurresku, «un ataque de memez»; la pelota, los aizkolaris o la soka-muturra manifestaciones de incultura y el vascuence una lengua inadaptada para la modernidad. Solo el Gernikako se salvó por dos cosas: en primer lugar, su autor, nada representativo de un localismo tradicionalista, era visto con simpatías entre los socialistas y, en general, entre el país progresista. En segundo, la letra; sobre todo la estrofa «Da y extiende tu fruto por el mundo» era interpretada como muestra de un universalismo propio de la izquierda. Y para los demasiado tikis-mikis, siempre se podían cambiar los dos últimos versos, como hacía el republicano Serafín Baroja, padre de Don Pío: «Adoratzen zaitugu, arbola santua» por «Libertate ederren, fruitu sasoitua». Cualquier versión del Gernikako es mucho mejor que el God Save the Queen inglés y que la mayoría de himnos del mundo.

Zugazagoitia, luego fusilado por Franco, decía que «tienen mucho de socialista los versos de Iparraguirre». Para Tomás Meabe, otro padre del socialismo y comunismo vasco y español, «el Guernicaco Arbola y La Internacional son nuestros: son dos eslabones de una cadena. El uno canta el recuerdo del comunismo primitivo; La Internacional representa la pronta llegada del comunismo científico».

Sesenta años más tarde, Txabi Etxebarrieta, prototipo y mártir de una nueva juventud revolucionaria vasca, escribía cosas similares. En la revista Zutik, con la que ETA celebraba el Primero de Mayo de 1967, escribía en euskera: «Arriba parias de la tierra. Con estas palabras comienza La Internacional. Eman ta zabal zazu munduan frutua dice Iparraguirre en el Gernikako Arbola. Muchos piensan que el nacionalismo es reaccionario, que el verdadero internacionalista no puede ser nacionalista€ Nosotros, siendo abertzales, somos internacionalistas».

Las generaciones posteriores de abertzales se centraron en el Eusko Gudariak –maravilloso himno en tono menor– como canto de guerra tribal, pero no llegaron a olvidar el Gernikako. Itziar Aizpurua, en su libro de memorias junto a Jokin Gorostidi, entrambos históricos de la organización desde el Proceso de Burgos, contaba: «Siempre hemos visto, yo al menos, el Gernikako Arbola ligado al PNV, como si fuera suyo, y eso enfadaba mucho a Jokin: Iparragirre lo había hecho para todos los vascos, y por lo tanto antes era nuestro que de nadie, ya que nosotros seguíamos el camino de nuestros antepasados y nuestros padres». Desde una cárcel española, Fernando Alonso lo calificaba como «la composición más internacional, cumbre de la afirmación nacional vasca».

El debate ha propiciado un sartal de nuevas proposiciones: ora el Txoriak, Txori, ora Ikusi Mendizaleak o el Agur Jaunak€ Nos han hecho recordar que García Danborenea, jefe del GAL, llegó a proponer el Desde Santurce a Bilbao. La misma abundancia de propuestas las neutraliza todas. Ninguna alcanza, ni de lejos, la épica, la sangre vertida, la transversalidad territorial, política y temporal; la presencia permanente en toda la literatura mundial; las traducciones e interpretaciones en todas las lenguas€ Además, nadie pretende sustituir los himnos oficiales o tribales existentes, sino recuperar el único himno que ha tenido, y ha unido, todo el Zazpiak bat.

«Es que no me gusta» dice alguno como argumento supremo. Pero a otros tampoco nos gustaba el nor-nori-nork y tuvimos que aprenderlo. Además, digan lo que digan, es bello. Marta Gellhom, novelista y viajera estadounidense, la más grande corresponsal de guerra del siglo XX y compañera de Hemingway, lo aprendió con los pelotaris vascos en Chicago. «Es un canto que va directo hacia lo alto, y que ellos cantan con orgullo y dolor. Escuchándolo sientes ganas de llorar y un temblor te recorre€ y ahí es donde puedes ver cómo debe amar a su patria la gente que ha creado un canto semejante y que lo canta tan bien».

Atención: la orquesta del Titanic toca el Gernikako Arbola, esparciendo la esperanza vasca por el mundo. Pongámonos de pie.

Jose Mari Esparza Zabalegi