Historia / Historia

Las fronteras del euskera hace 2000 años

Bandera Navarra - Euskera

¿Se habló algún tipo de lengua vasca en Soria hace 2000 años? ¿Y en Aquitania o cerca de Andorra? Investigadores analizarán en un curso de verano la UPV el área de extensión lingüística en la antigüedad

Julio César, en sus comentarios a la Guerra de las Galias, en el año 50 antes de Cristo, ya hacía una distinción principal al hablar de los pueblos del norte de los Pirineos: «Toda la Galia se encuentra dividida en tres partes: una de estas la habitan los belgas, otra los aquitanos, la tercera los que se llaman celtas en su lengua y, en la nuestra, galos. Todos estos se diferencian entre sí por la lengua, costumbres y leyes. El río Garona separa a los galos de los aquitanos». El historiador griego Estrabon también incidía en esta diferencia: «Los aquitanos son completamente diferentes no solo lingüística sino corporalmente».

Parece claro que en el primer siglo de nuestra era había un pueblo diferenciado, con una lengua propia, en Aquitania. Una zona en la que se han encontrado numerosas inscripciones, en muchas de las cuales hay nombres perfectamente reconocibles en euskera antiguo.

«En Aquitania se hablaban unas lenguas de tipo vasco, protoeuskericas, que los especialistas lo llaman el aquitano, en las que aparecen claramente nombres que hoy en día nosotros, desde el euskera, los entendemos. Se han encontrado palabras como cis(s)on (gizon), andere, nescato, sahar (zahar)… Todo nos indica que en aquella época había algunos pueblos que hablaban una lengua que tenía ciertas características del euskera actual», explica Anton Erkoreka, director del Museo Vasco de Historia de la Medicina de la UPV/EHU. Erkoreka tiene también otra gran pasión: la etnografía. Ha participado desde su fundación por Joxemiel Barandiaran en 1973, en los grupos Etniker Euskalerria y es miembro del Comité Interregional del Atlas Etnográfico de Vasconia desde su creación en 1987.

Junto a Angel Bidaurrazaga, Aitor Anduaga y Mikel Erkoreka han organizado un Curso de Verano de la UPV que hoy y mañana reunirá a diversos investigadores que, desde los campos de la arqueología, la historia y la lingüística, han realizado notables descubrimientos en el ámbito de la extensión geográfica y cultural del euskera. «Últimamente se han hecho bastantes avances, y nos pareció interesante ver qué pasaba hace 2.000 y 1.000 años en el entorno de lo que ha sido la Vasconia histórica, la parte norte de los Pirineos y la sur, llegando incluso a La Rioja y el norte de Burgos. Ese es el objetivo de este curso, en el que participará un grupo de nueve investigadores», explica Erkoreka.

«La aparición de palabras vasconas en estelas romanas en áreas extensas de la antigua Vasconia, su relación con el latín y las lenguas celtibéricas, la toponimia, la etnografía, la cultura y la mitología vasca, son todos ellos temas que queremos exponer al público interesado en nuestros orígenes. Han sido motivo de controversia en estos últimos años distintas interpretaciones de restos arqueológicos, pero han ayudado a profundizar más en el conocimiento de las raíces de nuestro idioma«, expone. Entre los ponentes estará Joaquín Gorrochategui, catedrático de Lingüística de UPV, que formó parte también en la comisión foral que concluyó que las inscripciones en euskera de Iruña Veleia eran falsas. En las jornadas también participará Juan Karlos Lopez-Mugartza, profesor titular de Filología Vasca de la UPNA-NUP, que abordará el tema del euskera en la vertiente sur del Pirineo: de Ansó a Andorra.

Tierras altas de Soria
Eduardo Alfaro, doctor en Arqueología, especialista en pequeñas urbes romanas en el norte de Soria, también participará en estos encuentros, donde explicará todas las novedades de las estelas funerarias que se han encontrado en las Tierras Altas de Soria del siglo I y II después de Cristo con onomástica vascona. En tierras sorianas han aparecido 39 estelas con inscripciones de la época romana, algunas de las cuales son de una cronología más avanzada. «Las que son de onomástica vascona son del siglo I y II. De momento, tenemos una docena de nombres que apuntan al mundo vascón», explica a este periódico este arqueólogo soriano, que ha invertido años de investigación en el yacimiento arqueológico de Los Casares y otros ubicados en Tierras Altas.

«Lo verdaderamente singular es que estos documentos pétreos ya de época romana vinculan a las personas por los que fueron erigidos con nombres de origen vascón. Hace dos décadas, el lingüista Joaquín Gorrochategui nos comentó en Salamanca que una de las lápidas tenía un nombre indígena que no era céltico como era de esperar. Era la que hacía referencia a un Antestius Sesenco que debió vivir entre los siglos I o II después de Cristo. Sesenco es una voz que remite al vocablo zezenko que, en euskera, significa torito. Un vocablo transparente en vasco, un nombre que, en su sonoridad, tiene poco que ver con lo celtíbero», mantiene el arqueólogo.

Además de Sesenco, en otras estelas aparecen nombres como Oandissen, derivado posiblemente de oihandi (selva), Oandissen, Onse y su masculino Onso, Buganson, Haurce, Belscon, Agirsen, Arancis, Lesuridantar, Arancis, donde se puede reconocer el componente aran (ciruelo silvestre, espino)… que trabajos sucesivos han vinculado cada vez con más firmeza al valle del Ebro, incidiendo en su más clara relación con un vasco antiguo, protovasco o vasco-aquitano.

Sacados a la luz estos vestigios, la pregunta es: ¿qué hacían estos vascos a orillas del Ebro? «Desde un punto de vista arqueológico es evidente que es un grupo humano que vivía allí; hay estelas de hombres y mujeres de todas las edades y condiciones. Una de las hipótesis más plausibles en este sentido viene de pensar en la riqueza básica de la sierra, un territorio de alta montaña cuyo potencial económico son los pastos de verano», precisa el arqueólogo soriano.

 

Toponimias
También se van a abordar las toponimias vascas que hay desde Huesca, incluso en el norte de Lérida, que llega hasta Andorra y que también remiten a un euskera antiguo. El profesor de la UPV Julen Manterola hablará, asimismo, sobre las características lingüísticas de la toponimia vasca de Araba, Burgos y Rioja y de qué nos dicen sobre su antigüedad.

Los Cursos de Verano culminarán con una mesa redonda sobre Cultura y sociedad en Vasconia, Pirineos y Aquitania: euskera, etnografía y mitologia, en la que participarán el profesor y miembro de Euskaltzaindia Xarles Videgain, la profesora Naiara Ardanaz-Iñarga, del Atlas etnográfico de Vasconia, y Anton Erkoreka.

«Hemos conseguido unos ponentes muy interesantes que analizarán las lenguas que se hablaban de tipo vasco fuera de los territorios que consideramos como Vasconia, que son los que hoy en día se habla en euskera, que es la Comunidad foral de Navarra, País Vasco e Iparralde. Pero fuera de este territorio, hace 2.000 o 1.000 años se ha hablado también un tipo de lengua que tiene que ver con el euskera actual. El euskera no es la misma lengua que hablaban estos pueblos, por supuesto, sería muy distinto, pero tiene elementos comunes que hoy en día identificamos. Pero aquellos pueblos de Aquitania o Vasconia que hablaban aquellas lenguas de tipo vasco son las que podríamos considerar algunos de nuestros antepasados», finaliza Anton Erkoreka.

Diario de Noticias, 15.06.2021


 

En el 600 aniversario del nacimiento del Príncipe de Viana

Príncipe de Viana

Príncipe de Viana


A la muerte de Carlos III de Navarra, le sucedieron en el trono su hija Blanca y su marido Juan, uno de los Infantes de Aragón a los que hace referencia Jorge Manrique.

Habían contraído matrimonio en la catedral de Pamplona el 10 de julio de 1420, y en 1421 nació su primer hijo Carlos, el Príncipe de Viana. Doña Blanca falleció en 1441, año en que se puede dar por iniciado el conflicto entre Juan II de Aragón y su hijo don Carlos.

El Príncipe de Viana: Lugartenencia

La muerte de la reina no dejó abierta la sucesión al trono navarro al Príncipe de Viana. En 1439 doña Blanca dictó testamento, en el que nombraba heredero del reino y del ducado de Nemours a Don Carlos. Sin embargo, establecía que éste no podría tomar posesión de estos títulos sin “la benevolencia et bendiçión de su padre o despues de su fallecimiento”. Esta cláusula debió ser el principal tema de discusión en la reunión celebrada entre el Príncipe de Viana y su padre en Santo Domingo de la Calzada, en la que desde luego se definió la nueva situación del reino. Don Juan conservó el trono, mientra Don Carlos quedó al mando efectivo del reino como lugarteniente de Juan II.

Juan II
Juan II

El príncipe dispuso del reino a su libre albedrío como lugarteniente durante un periodo de nueve años, en los que la presencia del rey Juan II en el reino fue nula. En los actos de gobierno del príncipe estuvo muy presente la figura de Jean de Beaumont, prior de la orden de San Juan de Jerusalén y descendiente de la rama ilegítima del infante Luis, hermano de Carlos II el Malo. En los Beaumont se apoyó el príncipe como medio de consolidación de su propia figura a cargo del gobierno del reino. Mientras, Juan II encontró un claro apoyo en la figura de Pierres de Peralta, consejero a su vez de la difunta reina Blanca I.El Príncipe de Viana

Los problemas surgirían cuando, a partir de 1444, don Juan necesitó recurrir a las Cortes navarras en busca de financiación para suscampañas castellanas. A partir de ese momento, los cuarteles otorgados por las cortes navarras al príncipe irán descendiendo en favor de su padre. Ello, unido a la presencia en Navarra de la segunda esposa del rey, Juana Enríquez, en Navarra (que en apariencia hacía decaer los derechos de Juan II sobre el trono navarro), llevarían al príncipe y a sus partidarios a iniciar toda una serie de movimientos que terminarían derivando en el inicio de la guerra civil entre agramonteses, partidarios de Juan II, y Beaumonteses, partidarios del príncipe.

El Príncipe de Viana, guerra civil
El Príncipe de Viana, guerra civil

El Príncipe de Viana: Guerra Civil y prisión

En julio de 1450, Don Carlos y parte de sus partidarios se trasladaron a Guipúzcoa, buscando el apoyo castellano contra las pretensiones de Juan II. Al mismo tiempo Jean de Beaumont y Juan de Luxa se alzaron en San Juan de Pie de Puerto contra el rey, contando inicialmente con el apoyo de Álvaro de Luna y Juan II de Castilla.

La guerra se caracterizó por el empleo de la táctica de asedio de plazas enemigas. La más destacada batalla del conflicto en este momento fue la de Aibar, en el otoño de 1451. Don Carlos, al que Aibar le era enemiga como plaza agramontesa, intentó evitar la batalla enviando una embajada en la que solicitaba, como condiciones, la amnistía completa para todos sus partidarios, el reconocimiento de los pactado con los castellanos en Puente la Reina, la devolución de todo lo confiscado desde el inicio del conflicto y la capacidad plena de gobernar sin intromisiones del rey cuando éste estuviera ausente. Aunque Juan II se mostró conforme con la mayor parte de las condiciones impuestas por el príncipe, las negociaciones se rompieron repentinamente al 23 de octubre. El bando beaumontés sufrió una grave derrota, que terminó con la rendición del príncipe.

Así comenzó su primer periodo de prisión, al tiempo que la guerra civil se extendía por el reino. Desde prisión conoció también el nacimiento de su nuevo hermano, el infante Fernando, el 10 de marzo de 1452. Precisamente durante este periodo se habría planteado la idea de escribir la historia del reino, resaltando su propio linaje, como forma de justificar su derecho a reinar. En los últimos momentos de presidio, escribió también un testamento ológrafo en el que nombra a su hija ilegítima, Ana (nacida de sus amores con María de Armendáriz) heredera legítima del reino y de sus bienes.

“(…)Yo, el Príncipe Charles, temiendo morir, mientríe tengo logar, ordeno y fago este mi testamento, de mi propia mano scripto, (…) ordeno e mando, e así á D. Luys de Beaumont, mi primo e governador general por mi en el dicho Reyno, como á Don Jhohan de Beaumont mi tio, a todos los otros deudos, criados e subditos mios, (…) alcen por Reyna del dicho mi Rey no de Navarra e por Señora suya á Doña Anna de Navarra, fija mía, como á persona que por virtud de la fé que por cyerta manera tengo dada á su madre, le pertenesce después de mis días legítimamente la succesión del dicho Reyno y no á otra persona alguna (…)”

El presidio del príncipe terminó en 1453, cuando las Cortes de Aragón intervinieron a favor de Don Carlos. El príncipe seguía reconociendo la dignidad regia de Juan II, al tiempo que se encomendaba a su tío, Alfonso V el Magnánimo de Aragón. A partir de ese momento, el príncipe se instaló en Pamplona, lo que supuso el desarrollo de una administración paralela a la oficial. Así, terminarán por desarrollarse unas cortes Agramontesas y unas Cortes Beaumontesas, que dictarán leyes y órdenes contrarias entre sí, y que funcionarán de forma paralela.

El Príncipe de Viana: Exilio

Mientras, el desarrollo del conflicto entre agramonteses y beaumonteses se agravó con la libertad del príncipe. Como consecuencia, Juan II tomó una drástica decisión: desheredar al príncipe y a su hermana Blanca en favor de su otra hija, Leonor, y del marido de ésta, Gastón de Foix.

La muerte de El Príncipe de Viana
La muerte de El Príncipe de Viana
Este cambio en la línea sucesoria fue aceptado y ratificado por las Cortes agramontesas en la primavera de 1456. Por su parte, Castilla no intervino en favor del príncipe ante estos cambios.

Ante esta nueva situación, el Príncipe de Viana decidió exiliarse, nombrando antes de su partida a Jean de Beaumont gobernador del reino. La reacción de Juan II fue de legitimar definitivamente a Gastónde Foix como heredero, a través de las cortes reunidas en Estella en enero de 1457.

Revista de Historia