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Zumeta: La generosidad del gesto y el trazo

Mural Zumeta

Mural Zumeta


Nos vamos yendo, camaradas de la vieja guardia. La biología no perdona. Pero lo inesperado ha sido esta encerrona vírica que ha aumentado escalofriantemente el dolor de las pérdidas. También Jose Luis Zumeta Etxeberria (Usurbil, 19 de abril de 1939) decidió romper el confinamiento e irse en plena pandemia. Fiel a sí mismo, “Zume” se marchó, recién cumplidos los 81, discreto, sin molestar. Los grandes no necesitan aspavientos, demuestran su originalidad con hechos.

Humilde deambuló Zume por la vida, sin meter ruido. Pero la discreción de su gesto escondía lo que vimos desde que cogió los pinceles, aún joven: un colorista mundo de abstracción y fantasía, un hipnótico cromatismo de formas, trazos y matices. Un mundo que abrevó de la geografía natural de su entorno y del descubrimiento de lo culto y hasta vanguardista cuando viajó en Vespa por Europa con su colega y convecino Joxean Artze (dos almas gemelas en constante búsqueda de la belleza) y pasó alguna temporada en Londres o Estocolmo.

“Everybody loves you when you are dead” reza la canción rockera y el coro de reconocimientos se escuchó tras su muerte hasta en las altas cumbres de la burocracia fría y calculadora. Pero Zumeta no era artista de salón y moqueta sino de calle y sociedad vivas, con un permanente compromiso con el arte popular por la lucha y la reivindicación. Los tempranos murales cerámicos en su pueblo o Pasaia airearon pronto su arte en público.

Montó sus “Papiroak” en la solemne Abadía donostiarra de San Telmo igual que colgó su obra en el antiguo mercado de San Martín o en el de Zarautz, entre puestos de verduras y frutas. Descifró el “Gernika” en 1999. Laboró la larga e impactante obra para los discos de su colega Mikel Laboa. Hizo pájaros también para los imaginativos libros de Artze. Realizó algún hermoso cartel para el Jazzaldia donostiarra (1983, 1984). Sus biografías oficiales acumulan fechas de exposiciones en galerías, pero olvidan el torrente de compromiso y generosidad que brotó de su mirada. Como cuando protagonizó con Bixente Ameztoy y Karlos Zabala ‘Arrastalu’ el magno mural anti Lemoiz en la jornada de los Comités Antinucleares de 1980 en la antigua Feria de Muestras de Bilbo. O cuando elaboró un cartel contra el AHT-TAV, con Bixente y el fotógrafo José Luis Zabala.

En amical colaboración con Txelo Larretxea, regaló su inventiva a LKI-LCR (cartel para el 20 aniversario de la muerte del Che, serigrafía para el número 500 de “Combate”, portada para el número 50 de “Viento Sur”, serigrafía con motivo del centenario de la Revolución rusa…). Fue solidario con Cuba (“Habanara joan nintzen” “Aitzakirik gabe”, “Orain Che bertan”) y con Komite Internazionalistak. Ayudó en la iniciativa que presentó el nuevo periódico “Gara” tras la eliminación represiva de “Egin”. Estuvo el pasado invierno en la oferta “Artea Gara”, arte para hacer frente al actual expolio del propio “Gara”.

Elaboró una ingente obra que se pudo ver en altos foros de Manhattan o Alemania, pero se mojó con lo popular. Siempre en comandita con Txelo, colaboró con la inquieta promotora Txalupa Kultur Eraginza y con su sucesora Ateri. Pintó la portada del LP “Gipuzkoa Sar 82”, un festival de nuevos valores rockeros. Dibujó el poster para la presentación vasca del revolucionario rasta jamaicano Peter Tosh. También realizó el trabajo gráfico para el comprometido disco de Hertzainak “Mundu berria egingo dugu”. Una inabarcable colección de gestos creativos, marcados por la amistad y el compañerismo.

El documental Izenik gabe 200 x 133, de su hija Monika y Enara Goikoetxea, retrata fielmente su mundo creativo en solitario y el carácter social de su obra cuando pinta en público un mural con sus nietos en el antiguo edificio de los bomberos de Donostia. Como ha recordado su amiga Txitxi desde Arribe, prefería que el epitafio de su tumba rezara “Estoy en el bar”.

Presentó Zume macro muestras que dieron fe de su volcánica capacidad creativa. Pero también objetos tan entrañables como “África oeste. Cuaderno de viaje”, de 1998. Un hermoso “road liburua” de amor por los colores y valores de otras gentes que epilogó con “África, continente madre, ombligo del mundo”. Mentor artístico y humano para las nuevas generaciones, Zume late en el corazón de la vida de Euskal Herria.

begira ari haiz oraindik
begiak irudiz beteta
begira ari haiz oraindik
nahiz begiak itxita
Miraz ea esker onez

https://vientosur.info/spip.php?article15950


 

Joxe Ulibarrena muere a los 96 años y deja una densa labor escultórica y etnográfica. Orreaga homenajea a Ulibarrena

José Ulibarrean

José Ulibarrean



El escultor Joxe Ulibarrena falleció ayer a los 96 años en el domicilio de una de sus hijas en Uterga a causa de una neumonía que, según fuentes de la familia, no era debida al coronavirus. Aun está por determinar dónde y cuándo podrá ser llevada a cabo su incineración, dada la situación de lista de espera en los servicios funerarios de Navarra. La familia valora hacerlo en Estella, pero ayer aun no lo había decidido.

Ulibarrena nació en Peralta el 25 de enero de 1924. Se inició en la escultura en Pamplona con el tudelano Miguel Pérez Torres, uno de sus mejores maestros, según confesó. A los 20 años recibió una beca para estudiar Bellas Artes en París. En la capital francesa mantuvo contactos con Marcel Gimode, Picasso, Juan Gris, Kandisky o Jean Paul Sartre. Posteriormente se trasladó a Venezuela, donde residió durante siete años. A su vuelta a Navarra creó la Fundación Mariscal don Pedro de Navarra, promotora del Museo Etnográfico navarro en 1964, primero en Berrioplano y luego en Arteta.

con la familia El artista pasó el último mes en casa de su hija pequeña en la localidad de Uterga, adonde la familia había decidido trasladarle desde la residencia de Beloso Alto, en Pamplona, donde llevaba un tiempo interno y a la que fueron a recogerle el pasado 20 de marzo. La situación generada en las residencias de la tercera edad a causa de la tremenda incidencia que el COVID-19 estaba teniendo en las personas que viven en ellas y el miedo a que su padre se contagiara y que no les dejaran verle ni pasar sus últimos momentos a su lado, motivó a su mujer y a sus cinco hijos a llevárselo de allí un día que no dejó buen sabor de boca en quienes fueron a recogerle, ya que, según indican, «lo dejaron en la calle como un perro». Los hijos afirman que fue «la mejor decisión que hemos tomado en nuestra vida», satisfechos de haber podido pasar estas últimas semanas arropando al aita y despidiéndose de él «en condiciones».

Asimismo, están convencidos de que no tenía coronavirus. Cuentan que llevaba desde Navidad con neumonía, un mal que le atacaba recurrentemente y del que también fallecieron su hermana y su padre. «Llegó a casa de mi hermana con unas décimas de fiebre, vino la doctora, le dio antibióticos y se ha encontrado fenomenal durante tres semanas y media. Además, hemos estado un mes en casa todos junto a él y ninguno hemos tenido nada», agrega su hija Elur. Además, la hija con la que ha residido es enfermera y cumplía escrupulosamente con todos los protocolos de higiene y seguridad, apunta, y no oculta que les disgusta que su padre vaya a engrosar las listad de los muertos por coronavirus «sin ninguna prueba», e imaginan que habrá pasado lo mismo en casos similares.

Con todo, las hijas y los hijos de Joxe Ulibarrena le despiden sabiendo que tuvo una vida larga, «con 96 años en los que no desperdició ni un minuto». «Ha vivido como ha querido y me siento afortunado de haberle podido disfrutar durante tanto tiempo y de haber podido compartir tantas conversaciones y tantas reflexiones con él», dice Elur Ulibarrena de su padre. Un hombre único.

Diario de Noticias, 21.04.2020



El escultor Joxe Ulibarrena ha muerto a los 96 años

El escultor y etnógrafo Joxe Ulibarrena ha fallecido. Estudioso de la etnia vasca, amante de Nafarroa y artista de enorme talento, nació en Azkoien en el año 1924. El bando fascista ejecutó a su padre cuando tenía once años. Desde hace décadas, su vida estaba vinculada al valle de Ollo, donde creó el Museo Etnográfico en la localidad de Arteta.

Jorge Oteiza solía buscar refugio en casa de Ulibarrena cuando su atormentada mente necesitaba un respiro. Fue en una de estas ocasiones, mientras Oteiza divagaba, cuando el de Azkoien le cortó el discurso diciéndole: «Oye, Jorge, la verdad es que sabes un montón de escultura. El día que consigas hacer una, me la enseñas para que la vea».

Ulibarrena nunca dejó de ser un niño grande y disfrutón, de risa fácil. Y como artesano, siempre le dio mil vueltas a Oteiza. Acostumbraba a reírse mucho tanto de Oteiza como de Chillida. Los conoció en esos encuentros del arte vasco que despuntaba. Solía contar también cómo, en una ocasión, las parejas de Oteiza y de Chillida acabaron por los suelos enredadas en una pelea tirándose de los pelos acusándose la una a la otra que su marido le copiaba al otro.

El de Azkoien –quizá más de Arteta que de Azkoien– no copió a nadie. Y a su vez, a él era harto difícil copiarle. Su obra quizá no perdure tanto como la de los otros dos, porque a él el material le daba muy igual. Lo mismo tallaba en madera que en cartón. No le importaba perdurar. De eso él también se reía.

Lo que sí que se empeñó en que perdurara fue la memoria de lo que fue el reino de Nabarra (así lo solía escribir él). Tenía en su museo de Arteta, entre yugos y antiguos juguetes, copas facsímiles de la «Cuestión Foral» de Hermilio de Oloriz. El museo, formalemente, era de la Fundación Mariscal Don Pedro de Nabarra.

Su lucha por que la cultura navarra perviviera fue titánica. En el museo de Arteta, por ejemplo, está el cristo románico de Eunate. Se lo había comido la polilla y la carcoma, pero el lo salvó untándola con grasa vieja de coche. También tenía un cuadro atribuido a Goya y un pequeño Picasso. Sí, el de Azkoien también conoció a Picasso. El malagueño le cambió ese dibujo por una escultura suya de la que se había encaprichado.

Ulibarrena, además, era un artista de los que le gustaba armarlas gordas. Se presentó con una enorme txapela y una capa a una audición en la que estaba el rey español buscando que fueran a por él los de protocolo y decirles aquello de que un navarro solo se descubre ante Dios y que además Dios no existe.

La montó también en Venezuela cuando le encargaron tallar una virgen y él talló una bien enorme. Pero el problema no fue el tamaño, sino que se empeñó en ponerle rasgos indianos. A quien se la encargó aquello no le gustó nada. Ulibarrena –la mosca para dentro, como le gustaba traducirse– le respondió que si lo habitual era tallar vírgenes blanquísimas a sabiendas de que la virgen no pudo ser así, tan legítimo era tallarla indígena.

El escultor, claro, conoció Venezuela en el exilio. Un exilio que se hizo todavía más largo para su hijo Odón, el mayor, que siguió sus pasos intentando encontrar el sentido de la nación vasca en el concepto de auzolan.

A Ulibarrena, por encima de todo, le interesaba el pueblo llano, la etnia que trató de preservar y dibujar. Encontraba el arte mirando cucharones tallados, adornos geométricos en puertas antiguas, en yugos y en aperos. Como siempre fue un tallista magistral, capacidad que mantuvo hasta muy mayor, se encargó de llevar esos conceptos estéticos a su obra fundamentalmente escultórica.

Una escultura de Ulibarrena es la que corona el parque de la memoria de Sartaguda. Representa tres figuras que se abrazan agujeradas por las balas tras ser fusiladas, como su padre. Ninguna es, exactamente, su padre. Es un recuerdo infantil, de mujeres que se abrazaron después de ser ejecutadas por un pelotón en la Vuelta del Castillo.

También es suya la escultura que conmemora la batalla de Noain, el roble tallado de Garinoain y el nogal de Altsasu, como la obra que tituló Hermandad, en su Azkoien natal.

El que escribe estas líneas con demasiada prisa y el alma rota sabe, porque el escultor se lo confesó, que una vez vendió al Gobierno una virgen románica que había tallado él mismo y a la que puso brazos y piernas de otras figuras para despistar a los expertos. Tenía habilidad sobrada para hacerlo. Ojalá alguien sí le haya arrancado ese secreto y se descubra al fin esa última obra escondida. Esa última travesura.

Naiz, 20/04/2020



Orreaga Fundazioa premió en vida a José Ulibarrena con el distintivo Pedro de Navarra en el acto celebración del Nafarren Eguna – Día de Navarra 2019

En el acto de Orreaga Plaza del Castillo

VISITA AL MUSEO ETNOGRAFICO EN ARTETA

En previsión de que el artista no pudiera acudir a recoger el galardón a la Plaza del Castillo el día 3 de diciembre, representantes de Orreaga se desplazaron hasta Arteta para entregarle dicho galardón. Esto recogía Diario de Noticias: Allí esperaba en una silla de ruedas Joxe Ulibarrena, fundador del museo y escultor de referencia. Lo hacía, además, bien acompañado. A su lado estaban su hija, Elur Ulibarrena, y algunos miembros de la Fundación Orreaga Fundazioa, que se habían trasladado hasta Arteta para otorgar al artista y etnógrafo su Premio Mariscal Pedro de Nabarra en reconocimiento a toda la labor que ha ejercido durante tantos años.

Ulibarrena en Arteta

El acto de entrega fue corto e íntimo, y durante el mismo Koldo Amatria, presidente de la fundación, y Joxe Ulibarrena, compartieron algunas palabras que quedaron entre ellos. “Ahora ya eres un mariscal, solo que sin ejército”, se pudo escuchar. El escultor, ceramista y creador se mostró contento con la pieza recibida, que seguro quedará en su colección interminable de objetos recabados -unos 10.000, según su hija-. Y mientras la miraba, Elur Ulibarrena, quien hace pocos años se hizo cargo de la gestión del Museo Etnológico del Reino de Pamplona, decía: “Aquí hay unas esculturas que hizo mi padre del Mariscal Pedro de Navarra y que rescatan aquellos valores de no venderse, de ser fiel, ser una persona que está dispuesta a dar su vida antes que arrodillarse para servir a otro y que mantiene sus promesas;todos unos valores que él siempre ha querido transmitir”. A lo que Amatria añadió: “Lo que viene a ser el carácter navarro”.

LARGOMETRAJE «ESCULPIENDO LA HISTORIA»

El día 2 de diciembre y organizado por Orreaga Fundazioa, se proyecto en el Condestable el cortometraje de una hora de duración «Esculpiendo las Historia» del director Angel Sánchez Sanz. Al acto acudió el propio escultor, que muy emocionado dedicó unas palabras de agradecimiento a Orreaga Fundazioa y a todos los presentes.
El Cortometraje se puede visualizar en esta dirección web:
https://vimeo.com/152012674