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Joxe Ulibarrena muere a los 96 años y deja una densa labor escultórica y etnográfica. Orreaga homenajea a Ulibarrena

José Ulibarrean

José Ulibarrean



El escultor Joxe Ulibarrena falleció ayer a los 96 años en el domicilio de una de sus hijas en Uterga a causa de una neumonía que, según fuentes de la familia, no era debida al coronavirus. Aun está por determinar dónde y cuándo podrá ser llevada a cabo su incineración, dada la situación de lista de espera en los servicios funerarios de Navarra. La familia valora hacerlo en Estella, pero ayer aun no lo había decidido.

Ulibarrena nació en Peralta el 25 de enero de 1924. Se inició en la escultura en Pamplona con el tudelano Miguel Pérez Torres, uno de sus mejores maestros, según confesó. A los 20 años recibió una beca para estudiar Bellas Artes en París. En la capital francesa mantuvo contactos con Marcel Gimode, Picasso, Juan Gris, Kandisky o Jean Paul Sartre. Posteriormente se trasladó a Venezuela, donde residió durante siete años. A su vuelta a Navarra creó la Fundación Mariscal don Pedro de Navarra, promotora del Museo Etnográfico navarro en 1964, primero en Berrioplano y luego en Arteta.

con la familia El artista pasó el último mes en casa de su hija pequeña en la localidad de Uterga, adonde la familia había decidido trasladarle desde la residencia de Beloso Alto, en Pamplona, donde llevaba un tiempo interno y a la que fueron a recogerle el pasado 20 de marzo. La situación generada en las residencias de la tercera edad a causa de la tremenda incidencia que el COVID-19 estaba teniendo en las personas que viven en ellas y el miedo a que su padre se contagiara y que no les dejaran verle ni pasar sus últimos momentos a su lado, motivó a su mujer y a sus cinco hijos a llevárselo de allí un día que no dejó buen sabor de boca en quienes fueron a recogerle, ya que, según indican, «lo dejaron en la calle como un perro». Los hijos afirman que fue «la mejor decisión que hemos tomado en nuestra vida», satisfechos de haber podido pasar estas últimas semanas arropando al aita y despidiéndose de él «en condiciones».

Asimismo, están convencidos de que no tenía coronavirus. Cuentan que llevaba desde Navidad con neumonía, un mal que le atacaba recurrentemente y del que también fallecieron su hermana y su padre. «Llegó a casa de mi hermana con unas décimas de fiebre, vino la doctora, le dio antibióticos y se ha encontrado fenomenal durante tres semanas y media. Además, hemos estado un mes en casa todos junto a él y ninguno hemos tenido nada», agrega su hija Elur. Además, la hija con la que ha residido es enfermera y cumplía escrupulosamente con todos los protocolos de higiene y seguridad, apunta, y no oculta que les disgusta que su padre vaya a engrosar las listad de los muertos por coronavirus «sin ninguna prueba», e imaginan que habrá pasado lo mismo en casos similares.

Con todo, las hijas y los hijos de Joxe Ulibarrena le despiden sabiendo que tuvo una vida larga, «con 96 años en los que no desperdició ni un minuto». «Ha vivido como ha querido y me siento afortunado de haberle podido disfrutar durante tanto tiempo y de haber podido compartir tantas conversaciones y tantas reflexiones con él», dice Elur Ulibarrena de su padre. Un hombre único.

Diario de Noticias, 21.04.2020



El escultor Joxe Ulibarrena ha muerto a los 96 años

El escultor y etnógrafo Joxe Ulibarrena ha fallecido. Estudioso de la etnia vasca, amante de Nafarroa y artista de enorme talento, nació en Azkoien en el año 1924. El bando fascista ejecutó a su padre cuando tenía once años. Desde hace décadas, su vida estaba vinculada al valle de Ollo, donde creó el Museo Etnográfico en la localidad de Arteta.

Jorge Oteiza solía buscar refugio en casa de Ulibarrena cuando su atormentada mente necesitaba un respiro. Fue en una de estas ocasiones, mientras Oteiza divagaba, cuando el de Azkoien le cortó el discurso diciéndole: «Oye, Jorge, la verdad es que sabes un montón de escultura. El día que consigas hacer una, me la enseñas para que la vea».

Ulibarrena nunca dejó de ser un niño grande y disfrutón, de risa fácil. Y como artesano, siempre le dio mil vueltas a Oteiza. Acostumbraba a reírse mucho tanto de Oteiza como de Chillida. Los conoció en esos encuentros del arte vasco que despuntaba. Solía contar también cómo, en una ocasión, las parejas de Oteiza y de Chillida acabaron por los suelos enredadas en una pelea tirándose de los pelos acusándose la una a la otra que su marido le copiaba al otro.

El de Azkoien –quizá más de Arteta que de Azkoien– no copió a nadie. Y a su vez, a él era harto difícil copiarle. Su obra quizá no perdure tanto como la de los otros dos, porque a él el material le daba muy igual. Lo mismo tallaba en madera que en cartón. No le importaba perdurar. De eso él también se reía.

Lo que sí que se empeñó en que perdurara fue la memoria de lo que fue el reino de Nabarra (así lo solía escribir él). Tenía en su museo de Arteta, entre yugos y antiguos juguetes, copas facsímiles de la «Cuestión Foral» de Hermilio de Oloriz. El museo, formalemente, era de la Fundación Mariscal Don Pedro de Nabarra.

Su lucha por que la cultura navarra perviviera fue titánica. En el museo de Arteta, por ejemplo, está el cristo románico de Eunate. Se lo había comido la polilla y la carcoma, pero el lo salvó untándola con grasa vieja de coche. También tenía un cuadro atribuido a Goya y un pequeño Picasso. Sí, el de Azkoien también conoció a Picasso. El malagueño le cambió ese dibujo por una escultura suya de la que se había encaprichado.

Ulibarrena, además, era un artista de los que le gustaba armarlas gordas. Se presentó con una enorme txapela y una capa a una audición en la que estaba el rey español buscando que fueran a por él los de protocolo y decirles aquello de que un navarro solo se descubre ante Dios y que además Dios no existe.

La montó también en Venezuela cuando le encargaron tallar una virgen y él talló una bien enorme. Pero el problema no fue el tamaño, sino que se empeñó en ponerle rasgos indianos. A quien se la encargó aquello no le gustó nada. Ulibarrena –la mosca para dentro, como le gustaba traducirse– le respondió que si lo habitual era tallar vírgenes blanquísimas a sabiendas de que la virgen no pudo ser así, tan legítimo era tallarla indígena.

El escultor, claro, conoció Venezuela en el exilio. Un exilio que se hizo todavía más largo para su hijo Odón, el mayor, que siguió sus pasos intentando encontrar el sentido de la nación vasca en el concepto de auzolan.

A Ulibarrena, por encima de todo, le interesaba el pueblo llano, la etnia que trató de preservar y dibujar. Encontraba el arte mirando cucharones tallados, adornos geométricos en puertas antiguas, en yugos y en aperos. Como siempre fue un tallista magistral, capacidad que mantuvo hasta muy mayor, se encargó de llevar esos conceptos estéticos a su obra fundamentalmente escultórica.

Una escultura de Ulibarrena es la que corona el parque de la memoria de Sartaguda. Representa tres figuras que se abrazan agujeradas por las balas tras ser fusiladas, como su padre. Ninguna es, exactamente, su padre. Es un recuerdo infantil, de mujeres que se abrazaron después de ser ejecutadas por un pelotón en la Vuelta del Castillo.

También es suya la escultura que conmemora la batalla de Noain, el roble tallado de Garinoain y el nogal de Altsasu, como la obra que tituló Hermandad, en su Azkoien natal.

El que escribe estas líneas con demasiada prisa y el alma rota sabe, porque el escultor se lo confesó, que una vez vendió al Gobierno una virgen románica que había tallado él mismo y a la que puso brazos y piernas de otras figuras para despistar a los expertos. Tenía habilidad sobrada para hacerlo. Ojalá alguien sí le haya arrancado ese secreto y se descubra al fin esa última obra escondida. Esa última travesura.

Naiz, 20/04/2020



Orreaga Fundazioa premió en vida a José Ulibarrena con el distintivo Pedro de Navarra en el acto celebración del Nafarren Eguna – Día de Navarra 2019

En el acto de Orreaga Plaza del Castillo

VISITA AL MUSEO ETNOGRAFICO EN ARTETA

En previsión de que el artista no pudiera acudir a recoger el galardón a la Plaza del Castillo el día 3 de diciembre, representantes de Orreaga se desplazaron hasta Arteta para entregarle dicho galardón. Esto recogía Diario de Noticias: Allí esperaba en una silla de ruedas Joxe Ulibarrena, fundador del museo y escultor de referencia. Lo hacía, además, bien acompañado. A su lado estaban su hija, Elur Ulibarrena, y algunos miembros de la Fundación Orreaga Fundazioa, que se habían trasladado hasta Arteta para otorgar al artista y etnógrafo su Premio Mariscal Pedro de Nabarra en reconocimiento a toda la labor que ha ejercido durante tantos años.

Ulibarrena en Arteta

El acto de entrega fue corto e íntimo, y durante el mismo Koldo Amatria, presidente de la fundación, y Joxe Ulibarrena, compartieron algunas palabras que quedaron entre ellos. “Ahora ya eres un mariscal, solo que sin ejército”, se pudo escuchar. El escultor, ceramista y creador se mostró contento con la pieza recibida, que seguro quedará en su colección interminable de objetos recabados -unos 10.000, según su hija-. Y mientras la miraba, Elur Ulibarrena, quien hace pocos años se hizo cargo de la gestión del Museo Etnológico del Reino de Pamplona, decía: “Aquí hay unas esculturas que hizo mi padre del Mariscal Pedro de Navarra y que rescatan aquellos valores de no venderse, de ser fiel, ser una persona que está dispuesta a dar su vida antes que arrodillarse para servir a otro y que mantiene sus promesas;todos unos valores que él siempre ha querido transmitir”. A lo que Amatria añadió: “Lo que viene a ser el carácter navarro”.

LARGOMETRAJE «ESCULPIENDO LA HISTORIA»

El día 2 de diciembre y organizado por Orreaga Fundazioa, se proyecto en el Condestable el cortometraje de una hora de duración «Esculpiendo las Historia» del director Angel Sánchez Sanz. Al acto acudió el propio escultor, que muy emocionado dedicó unas palabras de agradecimiento a Orreaga Fundazioa y a todos los presentes.
El Cortometraje se puede visualizar en esta dirección web:
https://vimeo.com/152012674


El escultor Joxe Ulibarrena, reconocido con el Premio Mariscal Pedro de Nabarra (Error)

Joxe Ulibarrena

Joxe Ulibarrena



NOTA DE ORREAGA:
Diario de Noticias se ha equivocado. El galardón que anualmente concede Orreaga a la persona o entidad que se ha destacado a lo largo de su vida por su trabajo en defensa de la identidad navarra, se ha concedido a Joxe Ulibarrena. La nominación Mariscal Pedro de Navarra 2019 ha recaido en la institución Real Academia de la Lengua Vasca, Euskaltzaindia, en el Centenario de su fundación, por su trabajo en velar por el Euskera, investigando y formulando leyes gramaticales, promoviendo su uso y los derechos de la lengua.

Hacer una visita al Museo Etnográfico del Reino de Pamplona siempre es un placer. No solamente por el camino que nos guía hasta él, que por cierto, en esta época del año luce unos colores dignos de ver, sino porque una vez allí todos los sentidos se despiertan. Quizás por la cantidad de objetos que cuelgan de sus paredes, tan llenos de historia, quizás por el olor a madera o, también, quizás, por la amabilidad con la que una persona siente que le tratan. Allí esperaba ayer, ahora ya en una silla de ruedas y más calmado, Joxe Ulibarrena, fundador del museo y escultor de referencia. Lo hacía, además, bien acompañado. A su lado estaban su hija, Elur Ulibarrena, y algunos miembros de la Fundación Orreaga Fundazioa, que se habían trasladado hasta Arteta para otorgar al artista y etnógrafo su Premio Mariscal Pedro de Nabarra en reconocimiento a toda la labor que ha ejercido durante tantos años.

Joxe Ulibarrena, en el centro, acompañado por su hija, Elur Ulibarrena, y algunos miembros de Orreaga Fundazioa, en el Museo Etnológico del Reino de Pamplona.

Joxe Ulibarrena, en el centro, acompañado por su hija, Elur Ulibarrena, y algunos miembros de Orreaga Fundazioa, en el Museo Etnológico del Reino de Pamplona.

El acto de entrega -que concurrió dentro de la programación del Nafarren Biltzarra- fue corto e íntimo, y durante el mismo Koldo Amatria, presidente de la fundación, y Joxe Ulibarrena, compartieron algunas palabras que quedaron entre ellos. “Ahora ya eres un mariscal, solo que sin ejército”, se pudo escuchar. El escultor, ceramista y creador se mostró contento con la pieza recibida, que seguro quedará en su colección interminable de objetos recabados -unos 10.000, según su hija-. Y mientras la miraba, Elur Ulibarrena, quien hace pocos años se hizo cargo de la gestión del Museo Etnológico del Reino de Pamplona, decía: “Aquí hay unas esculturas que hizo mi padre del Mariscal Pedro de Navarra y que rescatan aquellos valores de no venderse, de ser fiel, ser una persona que está dispuesta a dar su vida antes que arrodillarse para servir a otro y que mantiene sus promesas;todos unos valores que él siempre ha querido transmitir”. A lo que Amatria añadió: “Lo que viene a ser el carácter navarro”.

Después de la entrega y tras unos cuantos aplausos dirigidos, todos ellos, al escultor, Ulibarrena atendió a quien escribe estas líneas y le mostró la cantidad de objetos aglutinados en las paredes, colgados del techo o sobre diferentes muebles. Con la ayuda de su hija, el artista de ahora 95 años dijo que “todos los objetos” que alberga el Museo son objetos que “siempre estarán con los navarros y navarras”. “Beti zurekin (siempre contigo)”, repetía. “Aquí estoy yo, sentado, pero vosotros no, así que adelante”, añadía. Su hija completaba algunas de sus frases dirigiéndose a su padre. “Aita, tú has hecho una gran labor aquí, recogiendo todo, hablando con todas las personas que tenían estas cosas en sus casas, en sus pueblos, has recorrido miles de kilómetros, y esa labor está aquí pero tiene todavía mucho recorrido, mucho que hacer, y ese es el trabajo que podemos hacer nosotros que estamos de pie”, le decía.

Pero lo cierto es que, algo que muy bien sabe Elur Ulibarrena y todo aquel que conozca al escultor, este no parece tener ninguna gana de quedarse sentado y mirar. “Tiene la cabeza llena de proyectos”, apuntaba la hija del artista, quien lamentaba que ahora “él ya no es capaz de llevar esas ideas que tiene a la práctica y es muy consciente de ello”. Aún así Ulibarrena, que en 1950 marcó a París para formarse -un viaje del que, por cierto, aún le quedan resquicios, al menos en el lenguaje, con el que pasa indistintamente del castellano al euskera y al francés-, pedía ayer sin parar ir de un lugar a otro, con su silla de ruedas, para mirar, tocar y utilizar alguno de los utensilios que se encontraba a su paso. Incluso hizo varios intentos por levantarse de la silla y ponerse a trastear, pero escuchando las advertencias de su hija -“aita, ten cuidado no te vayas a caer”, le decía- optaba por seguir sentado. Mirando. Y, casi a ciencia cierta, creando nuevos proyectos en su imaginario. “Creo que para él el reconocimiento ha sido algo bonito, pero que su cabeza siempre está, y estará, pensando en hacer, hacer y hacer”, sostuvo Elur.

más de 10.000 piezasElur Ulibarrena cuenta que las más de 10.000 piezas -“si le preguntas a mi padre, él te dirá que hay 17.000”, apuntó- que alberga el museo ubicado en Arteta fueron adquiridas por el artista entre los años 60, 70 y 80. “En esas tres décadas sobre todo él empezó a hacer esta colección o, mejor dicho, a darle una mayor importancia”, destacó, para añadir: “Ahí es cuando le surgió la idea del museo, e intentó por muchos medios que fuera desde el Gobierno de Navarra la iniciativa de crear este museo, pero al no encontrar la manera ni el feeling, acabó haciéndolo él mismo, que primero estuvo en Berrioplano durante seis años y después, en 1986, se trasladó ya a donde está ahora”. Al frente de este proyecto estuvo el escultor durante 30 años y, muy recientemente, pasó el testigo a su hija. “Catalogar las piezas no ha sido tarea fácil;en cinco años se han conseguido catalogar la mitad de las cosas, pero aún nos queda mucho trabajo”, contó.

Ahora, el objetivo de Elur Ulibarrena es “dinamizar el museo con exposiciones temporales con el fin de darle visibilidad” y, sobre todo, potenciar los proyectos didácticos. “Ahora estamos trabajando en uno que lo que pretende es que los niños y niñas lleguen a conocer cómo se vivía antes, qué relación tiene el pasado con el presente y qué relación tiene lo que hagamos en el presente con el futuro”, indicó, y puntualizó: “El hecho de que nuestros antepasados hayan vivido de una manera hace que seamos como somos y estemos donde estamos y, de la misma manera, tenemos que concienciarnos de que lo que hacemos hoy tendrá mucho que ver con lo que pase en el futuro”.

Nafarren Biltzarra

2 de diciembre. Dentro de la programación del Nafarren Biltzarra, este día a las 19.00 horas y en el Palacio del Condestable de Pamplona, se proyectará el documental Esculpiendo la Historia, Joxe Ulibarrena, de Angel Sanchez Garro.

3 de diciembre. A las 11.45 horas, en el Monumento a los Fueros, se bailará un aurresku y se hará una ofrenda floral en homenaje a todas aquellas personas que han dedicado su vida a la defensa de Navarra y su identidad. A continuación, a las 12.00 horas, ihoaldunak, txistularis, dantzaris, trikitilariak, acordeonistas, encabezados por la bandera de Navarra, se dirigirán en kalejira por diversas calles del Casco Viejo, para terminar junto al kiosco de la Plaza del Castillo. Allí, a las 13.00 horas, intervendrán txalapartaris, cantantes, bertsolaris, gaiteros y más, y se escuchará el mensaje que hará llegar el escultor Joxe Ulibarrena, a quien ayer mismo se entregó el Premio Mariscal Pedro de Navarra. Después, se entregará este mismo premio a Euskaltzaindia, en reconocimiento en su centenario a la labor realizada a favor del euskera y el Premio Conde de Lerín, que será para el sindicato UGT por sus “continuos y reiterados posicionamientos políticos en contra de la cultura vasca de Nafarroa, principalmente en temas tan fundamentales para la recuperación de nuestra identidad como es el euskera”. Posteriormente, a las 15.00 horas, se celebrará una comida popular en el Arrano Elkartea. El precio para apuntarse a esta comida es de 20 euros y las entradas ya están a la venta en Herriko Taberna y el Mesón de la Navarrería.

*Programación organizada por la Fundación Orreaga Fundazioa

Diario de Noticias, 29 de Noviembre de 2019