Archivo del mes: junio 2017

Navarra con Campión

Nabarralde

Nabarralde


NABARRALDE FUNDAZIOA. El 3 de junio, diversas asociaciones, personas, partidos y grupos políticos han convocado en Pamplona-Iruñea una manifestación con el lema “En defensa de la bandera de Navarra”, acto que pretende escenificar una gran movilización política para defender los símbolos del país, frente a la supuesta barbarie de quienes los amenazan. Ante el disparate que esto significa, nosotros, un grupo de navarros preocupados por la fractura social que se impulsa, y la manipulación de nuestra simbología,

Declaramos que:
La convocatoria toma como justificación o excusa la derogación de la “Ley de Símbolos de Navarra”, que instauró en 2003 el gobierno de Miguel Sanz. Ha sido una ley nefasta que ha dividido a la población navarra, ha generado crispación, conflictos, condenas de prisión, y en conjunto no ha aportado ningún beneficio a la ciudadanía.
La convocatoria tergiversala historia de Navarra y la memoria de nuestra sociedad. La simbología navarra está vinculada a su pasado de Estado independiente, a su cultura vascona, a su pluralidad lingüística en donde destaca el patrimonio de la lingua navarrorum. La bandera de Navarra está documentadaen 1512 en la defensa de la independencia del reino ante las murallas de Pamplona.

La convocatoria desprecia la voluntad mayoritaria de la sociedad navarra, que no percibe riesgo de suplantaciónde la bandera navarra porla ikurriña, sino en todo caso por la enseña de quienes nos conquistaron: la española.

La convocatoria oculta el origen del diseño actual a comienzos del siglo XX a cargo de destacados patriotas como Arturo Campión, Julio Altadill y Hermilio Olóriz, en unos momentos en que el único símbolo que campaba en Navarra era la bandera española.La convocatoria esconde la persecución histórica contra esta bandera navarra, hasta la aparición de la ikurriña como símbolo vasco. Es cuando menos sospechoso que se pretenda ‘defender’ ahora la bandera navarra para utilizarla como instrumento de rechazo contra la ikurriña.
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Se da la circunstancia de que se adhieren a la convocatoria fuerzas y grupos hispanos, algunos abiertamente de ultraderecha, que nunca han defendido la navarridad de esos símbolos ni han demostrado la menor simpatía por nuestras instituciones actuales, vestigios menores de nuestro pasado independiente pero nuestras, como es el Convenio o el sistema foral en su conjunto.Son grupos que defienden con agresividad la unidad de España, y que nunca han valorado el significado de estos símbolos navarros, hasta encontrar el oportunismo de oponerlos al significado vascónico de nuestra cultura.

En resumen, concluimos que lo que se pretende es una manifestación en CONTRA:
En contra de la bandera de Navarra, que vacían de significado.
En contra de los navarros, a los que engañan.
En contra de la paz y la convivencia.
En contra de la ikurriña.
Sólo está a favor de lo más retrógrado, a favor del monolingüismo, la asimilación y de España.
Por ello, denunciamos:
La voluntad de engaño que expresa dicha convocatoria.
La falacia que supone el llamamiento a la concordia cuando lo que pretenden es dividir a la población, enfrentar la bandera navarra a la ikurriña, marginar el euskera y proscribir la tradición vasca de nuestra tierra.
La nostalgia enfermiza de esa convocatoria que remite a una sociedad cerrada, una sociedad que mira a un pasado de sufrimientos y dominio y no contempla otro marco de convivencia que la indisoluble unión a España.
En consecuencia, reclamamos:
Una Navarra que ejerza en plenitud su libertad.
Una Navarra abierta a todos los hermanos que fueron desprendidos de ella, contra su voluntad, en el proceso de la historia.
Una Navarra abierta, europea y solidaria de modo voluntario con todas las naciones de la Tierra.

* Firman este comunicado: Tasio Agerre, Humberto AstibiaAierra, Marian Pérez, Mikel Sorauren, Jesús Pérez de Viñaspre, Luis Mª Mtz Garate, Angel Rekalde, Xosé Estévez, José Luis Orella Unzué, José María Blanzako, Beñi Agirre, Juan Martin Elexpuru, Carlos Catalán, Jose Mari Esparza, Fermín Balentzia, Julio Urdin


Mil razones para la independencia de Navarra

pedro esarte

pedro esarte


Esarte Muniain. En la actualidad, Navarra carece de facultad alguna para debatir en igualdad de condiciones con el Gobierno español, puesto que la Constitución deja meridianamente claro cuál es el lugar que nos corresponde. Así lo expone Simón Acosta, presidente de la Junta Arbitral Estado-CCAA: “Por encima de la Constitución no hay nada. Todos los poderes derivan de la Constitución, no hay poderes originarios o soberanos (…)”. “Navarra tiene el poder que le da la Constitución y ni un milímetro más”.

El Gobierno del Estado tiene las manos libres para el análisis interpretativo de cualquier Pacto y goza todas las jurisdicciones legislativas, mientras Navarra carece de facultades para ejercer otras posiciones.

Navarra queda sometida, además de a la Constitución, a los partidos de los gobiernos centrales e incluso a los acuerdos entre ellos, sometidos a las necesidades del gobierno de Madrid, por encima de los intereses navarros. Que, por ejemplo, se someta el llamado Pacto a adelantos económicos de la provincia -sí, la provincia- al Estado durante años (como ocurre con el tren y que además acumula obligaciones), es ya vejatorio.

Que los “pactos, convenios, conciertos…” puedan depender de las necesidades del Gobierno central o de la voluntad de los partidos resulta obsceno, cuando Navarra carece de cauces, siquiera, para demandar jurídicamente sus deudas al Estado. Es decir, se alaba una falsa e inexistente relación entre iguales, mientras se posterga el derecho real. ¿Pactos de igual a igual? En absoluto, simplemente una representación, mientras recurren a interpretaciones interesadas en base a la llamada “solidaridad”, y sin que exista una mesa de paridad. Siempre pendientes del cumplimiento del Pacto por el gobierno central en función de las necesidades del momento o a la espera de una reparación posterior.

Aunque las administraciones forales tienen más descentralización administrativa, no hay apenas diferencia con las CCAA, pues basta ver que la Constitución española no concede ninguna facultad ni derecho propio a Navarra, que no esté debajo de ella, como las demás CCAA.

El Estado tiene el monopolio de potestades de la Constitución para emitir las leyes, interpretarlas, hacerlas cumplir y sancionarlas y para organizar los estamentos jurídicos necesarios para la aplicación de la “justicia”. Dar valor jurídico como entre iguales entre una CCAA y el Gobierno es vanagloriar la ignorancia, pues el Pacto carece de la equidad propia del acuerdo jurídico entre iguales. La bilateralidad con el gobierno de Madrid no existe, pues este posee en exclusiva las herramientas, el modo de usarlas y el momento de aplicarlas.

Actualmente, el gobierno central tiene recurridos una veintena de acuerdos parlamentarios de Navarra, manteniéndolos pendientes… Hay una deuda del Estado sobre el tendido ferroviario, que pretenden poner en marcha por el mismo sistema de adelantar Navarra los costes, con el impacto negativo en nuestra economía, especialmente en los servicios sociales… La renovación del Convenio lleva dos años de retraso, sin que ello haya impedido al Estado aplicar diferentes medidas a su conveniencia, incumpliendo su propia normativa, como la reducción de un 25 % de la inversión en Navarra.

Concretamente, la política del Estado sobre la Administración de Navarra se apoya en la Constitución, que otorga la totalidad de potestades al Gobierno español en exclusiva sobre tratados exteriores, prioridades en todos los aspectos, distribución territorial, economía interna y externa, facultades sociales, guerra (con un aumento el presente año de un 35%), objetivos políticos, sociales y culturales entre diferentes naciones y debatibles ante la entidad superior de Europa, llevando la representación de Navarra sin compromiso alguno con esta.

Las diferencias de intereses que se negocian en Europa son tan diversas como la explotación de mares y cupos de pesca de diferentes regiones, la horticultura, industria, ganadería, comercio, etcétera. ¿Cómo contrastar la equidistancia y el equilibrio de intereses diferentes dentro de un Estado donde Navarra ya está prestando un campo de tiro (Bardenas) para una organización militar, Coalición Occidental para sus agresiones actuales (OTAN), de la que solo conocemos datos por la prensa y España colabora con la Defensa en países extranjeros?

Las instituciones innecesarias del Estado español pugnan ante planteamientos lógicos, económicos, políticos y hasta de guerra y paz. Así, la monarquía mantiene la presidencia del Consejo de Estado, el cargo en jefe de general del ejército español, inviolabilidad de actos, raigambre familiar…

Y mientras cualquier militar podría dar un golpe de Estado y ampararse en obediencia al rey, el Gobierno central impone su legislación propia y constitucional, el nombramiento de fiscales, las disposiciones sobre leyes, medallas, amnistías, jueces, delegados del Gobierno en nombramientos, destinos, direcciones, ceses, cambios en todas las CCAA para mantener la lógica del Estado.

El Senado constituye duplicidad institucional, de funciones, de contabilidades, de 2ª Cámara, innecesarias para Navarra en una independencia política. Perjuicios que se repiten y multiplican con la corrupción (más factible en gobiernos mayores y más alejados), responsabilidad en negocios, contrataciones en nuestro nombre y toda clase de apaños en cuestiones económicas, industriales, políticas, Derechos, etcétera.

En suma, una legislación que propugna las encuestas oficiales y prohíbe las consultas ciudadanas. ¿Control jerárquico en nuestro nombre? A ello se añade el dominio territorial, policial de tropas, prevenciones jurídicas, penas, cumplimientos, calificación de víctimas, conmutaciones de sentencias, etcétera. Con la discrecionalidad necesaria según el territorio del Estado del que se trate y la filiación política de los aludidos en cada causa. Pruebas de discriminación más allá de la corrección debida a un Estado de Derecho.

Y la negociación para pactar sobre todo ello ¿para cuándo? El interés de los navarros va mucho más allá del ridículo apócrifo que citaba Ollarra, “Navarra siempre p´adelante”.

*Autor de ‘España y Navarra desde el siglo XIX: la imposición que encubren los Convenios’, Pamiela, 2017